miércoles, 27 de junio de 2018

Fiebre de bandola

La vida de casada ha traído sus retos, pues no podría tratar de negar que, como trabajo por horas dando clases de música, la mayor parte del tiempo soy ama de casa, y distribuyo mi tiempo entre el oficio de la casa y mis proyectos personales como músico que soy de profesión. Antes de casarme me trasnochaba chateando con mi prometido y me levantaba tarde todos los días, porque las clases que doy son en la tarde. Ahora que vivimos juntos, no tenemos que trasnochar chateando, y nos vamos a dormir a la hora precisa para que él madrugue a trabajar. Me levanto entonces a preparar el desayuno y a acompañarlo mientras se alista, y me queda un día bastante más largo que de costumbre en mi vida de soltera. 

Pensé que ese tiempo extra me lo gastaría en las labores domésticas, pero lo cierto es que aún así me sigue sobrando. Ayer, en el colmo de la pereza y el despilfarro, estuve clavada más de dos horas al YouTube, viendo uno tras otro videos de 20 minutos, 40 minutos, etc., como quien antaño canaleaba frente al televisor. Almorcé y tuve que salir un momento, y cuando volví todavía faltaban dos horas para que mi esposo llegara a la casa. Me dije que ese tiempo sí tenía que ser bien aprovechado como fuera, y recordé que hace tiempo tenía pendiente leer un artículo de un musicólogo sobre el instrumento que aquí en Colombia llamamos "bandola", o "bandola andina", para diferenciarla de la "bandola llanera".



Hace más de 10 años tocaba la bandola en la Estudiantina de mi colegio, en la que no sólo era yo de las únicas dos mujeres en un grupo de alrededor de 20, sino que era la peor bandolista. Sin embargo, el instrumento me causaba una especie de fascinación romántica por su forma de laúd pequeño, y en mi cumpleaños de 16 pedí que me regalaran una. Supongo que la última vez que la toqué fue hace 10 años, porque la abandoné por completo cuando llegaron otros intereses, y la tenía arrinconada acumulando polvo.

Hace dos años, haciendo un trabajo para la maestría, encontré este artículo que mostraba a través de imágenes la evolución del instrumento hasta lo que es hoy, pero como no era relevante para mí en ese momento, lo puse en mi lista de lectura libre, porque sí me interesaba. En fin... Ayer se me presentaron las dos horas perfectas para leerme el artículo en una sentada y salir de eso después de dos años de tenerlo ahí. Y sí... Como me pasa siempre que leo algo de historia de mi país, me embargaron los sentimientos románticos de nostalgia patriótica de pensar que este pequeño instrumentito melódico me conecta con otras generaciones y reafirma en mi identidad como colombiana. 

Siempre me ha inquietado el pasado de mi familia, porque de antes de mis bisabuelos no sé nada, porque nadie sabe nada. Con la madurez me he ido adaptando a la idea de que debo descender de humildes y honestos peoncillos donnadies, no obstante y según el artículo, de algo puedo estar segura, y es de que bailaron al compás de música acompañada por bandolas. No es descabellado imaginar que varios de mis parientes tocaron el instrumento también, y hasta con gran virtuosismo, o con gran sentimiento... Si son antepasados míos es más probable que tocaran con pasión que con virtuosismo. 

Leí las últimas páginas del artículo de afán, porque me estaba muriendo por abrir el empolvado estuche de mi bandolita para contemplarla y tocarla. La negligencia era tal que no había primeras cuerdas, pero bueno, la medio afiné, intenté tocar escalas y lo logré. Llegó mi esposo, me apresuré a saludarlo y a comer con él, y volví a mi bandola. Una hora estuve dándole anoche, otra hora esta mañana que no fue más porque mis dedos no están acostumbrados y se resienten, y probablemente esta noche me engome otro rato. La situación ha cambiado mucho desde que tenía 14 años: Ya sé leer partituras, y he cogido técnica y callo por tocar tiple, un instrumento con el que me obsesioné a los 21 años. Por estas razones he podido tocar la bandola fácilmente y con cierta fluidez. 

Pero bueno... ¿Qué rayos significa esto? ¿De qué me sirve tocar bandola hoy en día, que no tengo ensamble al cual unirme como bandolista? ¿Si yo soy cantante? Si últimamente me dedico a la música sacra y a mi propio repertorio... ¿Dónde encajaré esta maravilla? Ya veremos qué me ingenio. 

jueves, 3 de mayo de 2018

Tiempo

He estado haciendo públicas cada una de las canciones que ya están registradas en el asunto de Derechos de Autor, y aprovecho este blog para presentarlas una por una. La única que me falta que, al igual que "De la vida en la arena" y "Un paso más", fue compuesta para un concurso al que no pasé tampoco, se titula "Tiempo". 


La convocatoria obligaba a que implementara algún aire de la música andina colombiana, y escogí los principios rítmicos del bambuco. Sin embargo, no pude evitar que quedara marcadamente de mi estilo, a pesar del recurso rítmico inusual. Utilicé progresiones que se repiten una y otra vez como en el pop, que es lo que acostumbro y me fluye, y en el estilo de cantar fui también fiel a mi misma, porque se habría notado si quisiera haber pretendido otra cosa. 

La letra si es algo curiosa... En esos días andaba muy filosófica y con el usual tedio del estanco financiero y profesional del que habla "Un paso más". En el caso de "Tiempo", reflexiono alrededor del hecho de que los valores y convicciones tan fuertes que tengo me han cerrado puertas en gran medida a lo largo de mi vida, y que a pesar de los golpes que me he dado hasta ahora, sigo persiguiendo un ideal que está muy arraigado y siempre presente; en contra de viento y marea. 

No es que no negocie porque no quiero, o por terquedad... No es que no lo haya considerado... Supongo que en mi pesa mucho la lealtad, y es también una cuestión de llamado. A lo que es llamado uno es en lo que uno se va a sentir más feliz. 

Espero que disfruten la canción. 

martes, 17 de abril de 2018

De la vida en la arena


"De la vida en la arena" es el primer verso de un himno que se encuentra en las Vísperas o Completas de un día que no recuerdo, y de hecho no decía quien es su autor. Yo solo sé que cuando vivía sola en otro país, lejos de todo lo que me era familiar y me daba seguridad, este himno me consoló enormemente. 

Cuando llegué a Inglaterra a estudiar la maestría me agobiaban pesadillas la mayoría de las noches, y me acostaba a dormir con miedo, como un niño pequeño. Sabía que un remedio infalible era orar, pero no sabiendo muy bien cómo hacerlo para obtener los resultados que necesitaba, me confié en el vasto tesoro milenario de la espiritualidad de la Iglesia Católica, y resolví empezar a hacer la Liturgia de las Horas: Laudes y Vísperas y a veces Completas. 

No sólo me sentí mucho mejor, trabajé mi intimidad con Dios, y las pesadillas se detuvieron, sino que quedé fascinada por el nivel de calidad poética de los himnos. Los himnos no son los mismos salmos que encuentra uno en la Biblia, son por lo general textos de doctores de la Iglesia o santos. Quien esté más enterado me corregirá. Como me encanta la poesía, me dediqué a coleccionar los himnos que más me gustaban en un cuadernito. Luego, recordando al piano composiciones que ya tenía, me di cuenta de que a esta música le iba perfecta este himno, porque la música se mece como el mar. 

Hace año y medio participé con esta canción en un concurso, en el que tampoco gané nada. Pero incluso mis contendientes me dijeron que nunca habían escuchado nada igual. Es una canción que apacigua y tranquiliza, casi como una canción de cuna para el alma, y así me funciona. Espero que la canción siembre la inquietud de revisar y rezar la Liturgia de las Horas, que pertenece a la espiritualidad de los monasterios, pero que muchos laicos de todo el mundo encontramos como nuestra forma de orar favorita. 

miércoles, 4 de abril de 2018

El reto del youtuber

Mis hermanas, que son menores que yo, se extrañan de que a mi prometido y a mí nos guste tanto YouTube. Ambos abrimos canal propio sólo para poder apoyar a nuestros youtubers favoritos, y la verdad es que siempre que nos vemos, tenemos que actualizarnos juntos en lo que las personas que seguimos han hecho. No sé explicarlo, pero preferimos ver las ocurrencias de las personas en YouTube, que seguir una serie de Netflix. 

En los canales que sigo yo hay desde historia, maquillaje, manualidades, tejido, hasta por supuesto, música: canales de personas que se dedican a hacer reflexiones y explicaciones sobre diversos aspectos de la música. 

Hace más de un mes dos de los canales de música que seguimos, hicieron una colaboración. Hablaron de porqué no es posible inventarse algo completamente nuevo en el mundo de la música, y uno de ellos, Jaime Altozano, lanzó un reto al final del video. El reto consistía en hacer una nueva pieza musical tomando elementos de otras canciones de forma muy sutil, y el ejemplo que él había puesto era simple y hasta cómico, así que decidí hacer algo así también, completamente libre de pretensiones. 



Precisamente había visto por esos días Moana, la película de Disney, y las canciones me habían fascinado, acepto que me obsesioné como si fuera una niña de 10 años. Entonces, en un arrebato de euforia loca y amor por la música, respondí al reto. Tomé elementos musicales de las canciones de Moana, y las letras del doblaje latino de otras tres películas de Disney, para acomodarlas sobre una base estilo Dido, aquella artista de cuando yo era adolescente. La composición, la grabación y el video los hice bajo tal frenesí que me tomé solo dos días para todo, y lo envié sin pensarlo a Altozano. La semana siguiente recibí la respuesta de que le había gustado lo que hice. 


Pasaron otras dos semanas y entramos en Semana Santa, en la cual tuve que cantar dos celebraciones del Triduo. Me fui a ensayo el martes, y cuando volví tenía más de 30 notificaciones de YouTube. Altozano había subido la compilación de los mejores resultados de su reto, y ahí estaba el mío. A la gente le había gustado especialmente, y sin darme cuenta, pasé de tener 4 suscriptores a tener 70 para el final de ese día. 



Es algo que no esperaba para nada. No respondí al reto buscando la fama internacional, y sin tener planeado nada, cientos de extraños me han pedido que suba más cosas. Si todas esas personas supieran lo baja que ha sido mi confianza, y que por eso nunca habría subido nada si no fuera por el estado de euforia y pasión por la música en que me encontraba... Espero vivir en ese estado desde hoy y para siempre. 

lunes, 26 de marzo de 2018

Un paso más

El año pasado compuse muy pocas canciones, es más, llevo un par de años reciclando melodías y composiciones de cuando estaba en la universidad, puliéndolas y dándoles letras más afines a mi estilo de vida ahora. Ese no es el caso con esta canción que he decidido lanzar bajo el nombre de "Un paso más". 


"Un paso más" la compuse hace poco menos de un año, y la construí comenzando por las texturas del piano y la armonía, luego escribí la letra y finalmente hice la melodía. Mis canciones casi siempre salen de jugar con el piano hasta que algo toma forma y evoluciona, o cuando dos juegos se pueden unir para hacer algo interesante, como sucedió con esta canción, en la que la estrofa es una cosa y el coro otra. Los arreglos los hice sobre el proceso de grabación.  

Para la letra es distinto. Cuando era más joven escribía bastante poesía, por supuesto mala, como expresé en esta entrada: 
Y por lo tanto, tenía cuadernos llenos de material para escoger que le cuadrara a esta nueva música. Sin embargo, hace mucho que no escribo, y lo que ya está escrito pero sin usar no me gusta. Mis más recientes canciones tienen textos no escritos por mí. 

Dado lo dinámico y desenfadado de la música recién compuesta en "Un paso más", no podía ponerle un texto grave de poesía académica, tenía que ser un texto fresco y honesto. Decidí escribir sobre lo que me había pasado recientemente: Había pasado medio año desde que mi prometido y yo habíamos vuelto de Inglaterra, y no había perspectiva de casarnos. Eso me dolía en extremo y pasaba una que otra noche llorando sola, o llorándole a él por teléfono. Además de no haber pasado a ninguna convocatoria de empleo, el clima en el coro en el que estaba ya se había corrompido por alguna pelea grave que habíamos tenido. En general estaba sintiendo que todo lo que intentaba emprender fracasaba, y ya me empezaba a creer que jamás iba a salir adelante. 

Definí en mi mente estos sentimientos para poder escribir la letra cuando se me presentara la oportunidad, y cuando se presentó, me sentía bien y tranquila. Cuánto tiempo cultivando aquella pesadumbre, para sentarme a escribir con la esperanza refrescada. Es por eso que la canción tiene un giro optimista al final, y las estrofas comienzan conmigo sorprendida de que esté de buenas ese día. 

Me gustó tanto el resultado general, que mandé esta canción a un concurso del distrito a mediados del año pasado, pero no pasé ni a las finales. Seguramente es muy simple para lo que se espera en esas ocasiones. Nunca he pretendido deslumbrar técnicamente a la gente con mi música, lo que quiero es hacer música bella, pues tal vez alguien encuentre consuelo o paz en las creaciones que Dios me inspira. Es por esto que ya era hora de compartirla con el mundo. 

Dedico esta canción a todas las personas que se sienten estancadas o ante un obstáculo y sienten que no pueden más. 

miércoles, 31 de enero de 2018

La técnica vocal del cantor litúrgico: Introducción

A continuación he reproducido el artículo que escribí para la página Philokalia.co, con el ánimo de continuar esta serie en mi blog de Impresiones.

Quien vive del canto se asemeja mucho a un deportista: Su oficio depende de su cuerpo en gran medida, por lo que el cuidado de la salud y el entrenamiento en la técnica deben estar insertados en los hábitos y en la vida cotidiana, aún cuando durante un tiempo no vaya uno a cantar en público. Sin embargo, hay un aspecto más que el canto y el deporte comparten que se parece más a un vicio que a una virtud, y es la tendencia a buscar llegar al límite. Podríamos comparar a un atleta exageradamente musculoso, con una soprano que no puede dejar de vibrar ampliamente y cuyo volumen es siempre altísimo.
Una persona cuyo trabajo es cargar cajas pesadas, muebles, o mover contenedores, es prácticamente un levantador de pesas, pues el deporte muy probablemente se derivó del oficio. De esta forma, el concierto se derivó de ocasiones en las que la música era natural e indispensable, como lo era en la Liturgia. Si quien carga muebles y mercancía pesada tiene músculos sanamente desarrollados, es porque estos han crecido según se ha necesitado, y tanto como pueden crecer de manera natural. Es probable que alguna vez se haya instruido a esta persona en las posturas adecuadas para levantar el peso y para sostenerlo, técnica que debe compartir con el deporte de levantamiento de pesas. Estas posturas se basan también en lo que es orgánico según la conformación y el funcionamiento del cuerpo.
No obstante, en el deporte, el levantador de pesas realiza la acción para entretener a un público, así como la soprano de concierto entretiene y ameniza a un público. Para divertir y asombrar puede justificarse el buscar el virtuosismo y llevar a lo “imposible” las habilidades. El cantor litúrgico en cambio está realizando un oficio, desempeñando una labor que lejos está de entretener. ¿Cuál es la forma correcta de cantar en la liturgia entonces? No puede ser la misma que para un concierto o una ópera. Tendría que ser de forma natural, pero con la técnica que permita una mayor calidad de la voz, porque la claridad del texto y de la intención de la música priman sobre la habilidad y la grandiosidad del instrumento del individuo.
Si el levantador de mercancía levanta peso para transportarlo de un lugar a otro, el cantor litúrgico canta para comunicar y realzar lo que está sucediendo en la liturgia, por lo tanto su voz tendría que ser clara, limpia y resonante, lo suficiente para asegurarse que es escuchada y el texto comprendido.
En lo que se refiere a la técnica vocal como tal:
  • La claridad se traduce en una dicción impecable y en la correcta afinación de la música,
  • la limpieza en la ausencia de vibratto, melismas o golpes de glotis innecesarios (entre otras mañas también muy comunes),
  • y la resonancia en el entrenamiento de la proyección, es decir en lograr un brillo adecuado y un sonido redondo que rebote adecuadamente en el templo.
Estas tres caracterísiticas trabajan con cualquier tipo de voz y con cualquier calidad, sea una persona dotada de un bello timbre que con frecuencia hace solos, o una persona que afina y canta en un coro. Así como un cantante profesional o experimentado ha de limpiar y buscar la modestia con su don, un cantante aficionado no puede menos que dominar los aspectos mencionados, de lo contrario estaría haciendo un trabajo mediocre.
En esta serie de artículos profundizaré más sobre las tres caracterísiticas desde mi experiencia como cantante profesional y cantora litúrgica, y ayudaré a quien quiera mejorar su técnica vocal con algunos consejos prácticos y propuestas de hábitos sencillos. Para Dios siempre lo mejor y lo más digno, incluso a la hora de cantar.

martes, 28 de noviembre de 2017

Frodo, Sam, el anillo y las rupturas

El mes pasado fue especialmente difícil para mi prometido y yo, no por algún problema entre nosotros, sino por un desencuentro y una decisión complicada de tomar respecto a un proyecto al que ambos pertenecíamos. Al final tuvimos que romper con el proyecto, porque era más mal que bien el que le estaba trayendo a nuestras almas, y todo este tiempo desde que aquello pasó, se ha sentido como si de verdad hubieramos terminado una relación de pareja.

Hemos entonces pasado por las distintas etapas del duelo: Tranquilidad de que terminó, tristeza, negación, ira, rencor, duda, resignación y finalente aceptación. Para cada etapa tuvimos que buscar medios para hacerla más llevadera: salimos con amigos, fuimos a cine los dos, comimos helado, lo cuál es decir mucho por la situación económica en la que nos encontramos. Retomamos también otros proyectos que habíamos hecho un poco de lado debido al tiempo que consumía el otro, y avanzamos muchísimo en un par de semanas buscando distraernos del dolor. 

Cuando se nos había acabado el dinero para los consuelos externos, le dije a mi prometido que había algo que siempre me ayudaba a pasar las transiciones cuando había cambios fuertes en mi vida, o procesos y momentos difíciles: ver las películas de El Señor de los Anillos. Esta saga salió cuando ambos éramos niños, y toda la vida nos ha encantado, es un gusto que compartimos. Gracias a estas películas conocimos a Tolkien como autor y como persona, y a pesar de que leímos los libros después, seguimos teniéndole especial cariño a las películas de Peter Jackson.

Hay tanto contenido, tantos personajes, tanta profundidad moral y espiritual en la fantasía y la construcción de ese mundo, que siempre le encuentro un nuevo  sentido, me identifico con alguien nuevo, siempre hay algo que descubrir, y siempre me alienta para seguir con mi vida ver como los seres más humildes de la Tierra Media destruyen el más grande mal que hay en ella. 

Esta vez vi en Frodo a mi prometido, pues desde que estoy con él, he visto que por amor a la verdad a veces sufre más de lo que recoge frutos. Sin embargo, sé que sólo él podría hacer lo que hace, que es defender la Iglesia Católica y la moral en el campo del periodismo. Sólo él puede, gracias a esa riqueza interior que es su mayor fortaleza, así sea invisible a los ojos de las gente en general, tal como le pasa al Frodo Bolsón. Curiosamente él me vio a mí en Sam, el fiel apoyo y heroico compañero de Frodo. Nunca pensé que me parecería a Sam, siempre me vi como un Pippin, torpe e ingenua, sin embargo mi prometido me explicó que a pesar de que Sam no entendía muy bien todo lo que sucedía y por lo tanto la complejidad del asunto, simplemente cumplía el compromiso que le había hecho a Gandalf al salir de La Comarca, implicase lo que implicase. Y sí, es cierto que la mayoría del tiempo no sé qué sucede ni me afana tomar posturas o construir una opinión, lo que realmente me mueve es que si acepté el llamado de Cristo, tengo que atenderlo y cumplirlo a cabalidad dentro de lo que soy, en mi medio, con mi oficio y en la vida cotidiana. 

Una vez terminamos de ver El Retorno del Rey, estábamos refrescados y animados a seguir batallando, a seguir con nuestras vidas luchando por salir adelante. Eso sí, no pudimos evitar preguntarnos cuando será que destruiremos el anillo: ¿cuándo acabará el desempleo y podremos casarnos?


lunes, 30 de octubre de 2017

Cantar por la calle

Hace poco más de dos años estaba preparando todo para irme a estudiar la maestría en Inglaterra, y el estrés me bajó las defensas y perdí la voz unas tres semanas antes de viajar. Incluso presenté la entrevista para la visa en plena disfonía, y tardé en recuperar la voz para hablar como 15 días. Ni se diga la voz para cantar... Cuando llegué a las frías islas británicas no podía cantar, no sólo porque no tenía voz, sino porque no me nacía, no me sentía cómoda del todo, y eso que yo era de esas personas que se la pasaba cantando todo el tiempo, sobretodo cuando iba caminando por la calle. 

Todo aquel año en el extranjero me privé de cantar en la calle, a pesar de que fui recuperando la voz e hice parte de coros, y también canté bastante en la ducha y en la cocina. Cuando volví a Colombia hace un año, fui víctima de dos robos a mano armada, y perdí por completo la soltura y la confianza en "el afuera": así le llamo ahora a doquiera que es fuera de una casa, así sea dentro de un local o centro comercial.

Sin embargo, el otro día salí de mi casa y en seguida comencé a cantar cualquier canción, como si no tuviera ningún control sobre la acción, y me sorprendí mucho. Me sorprendí sobretodo porque me dí cuenta de que mi voz "pop" ha mejorado, a fuerza del trabajo como cantante lírica. Desde entonces me ha pasado más seguido que me pillo a mí misma cantando por ahí mientras voy caminando, y es increíble el efecto que tiene, es como comenzar el día con el pie derecho (izquierdo en mi caso, porque soy zurda). 

Pensando en eso recordé una frase que había leído de R. L. Stevenson, que dice:


"Todo el que es feliz tiene el impulso de cantar, sepa hacerlo o no."


Una frase muy simple, pero que sólo comprendí hasta ahora. Cuando uno es tan joven como yo lo he sido toda mi vida, pues apenas estoy en la mitad de mis 20, no se percata mucho de que es feliz, y eso que siempre tuve reputación de ser alegre, pero con un toque melancólico. Es cuando la vida se torna un poco más compleja que uno empieza a hacer conciencia de ello, no obstante, yo estoy en un momento difícil de mi vida: No tengo un empleo ni una situación económica estable, mi prometido tampoco y no hemos podido casarnos; la relación que llevo con mi familia es apenas cordial, debido a nuestras abismales diferencias políticas; no estoy en buenos términos con la familia de mi novio; con el coro no estamos en el estado más óptimo entre nosotros; etc. 

Procedo a preguntarme entonces ¿Soy feliz? La respuesta yace en un consejo que le daba a una amiga el otro día: hay que vivir las batallas del día, porque cada día trae su afán. De este modo he estado viviendo y en ello encuentro tranquilidad y felicidad. Tengo planes a largo plazo y acciones que siempre van pensadas a algo mayor, pero me concentro en sacar cada día un grupo de tareas que me he puesto y en ser fiel a mi rutina humana y espiritual. En resumen, en aprovechar cada una de las 24 horas, aún las de sueño, porque me gusta darle al sueño la importancia y las horas que garantizan una buena salud. 

Hace unos meses la incertidumbre me consumía. El no saber cómo iba a salir adelante, cómo íbamos a poder casarnos con mi prometido y la lentitud del progreso de mis iniciativas personales como este blog, casi me hacen caer en un estado de desesperación. Sin embargo, en la vida de oración vi claramente que mi vida no me pertenece, y que si es poco lo que puedo hacer, eso poco haré mientras espero en Dios. Luego me consagré a María, para que ella saque el mayor provecho de mi pequeña vida, y por eso estoy tan satisfecha.


viernes, 15 de septiembre de 2017

Acerca de qué escuchar por la calle

El mes pasado escribí acerca de lo que ha sido para mí redescubrir la posibilidad de escuchar música con audífonos cuando voy por la calle, y me comprometí a contarles un poco acerca de cómo era el asunto cuando era adolescente y cómo ha sido últimamente. 

Pues bien, he escuchado bastante uno de los álbumes que más escuchaba hace diez años: El MTV Unplugged del cantante Diego Torres, que fue un hit en la época y tuvo varios sencillos que fueron explotados por los medios y por la gente hasta la saciedad. Curiosamente, esos sencillos son las canciones que menos me gustan del CD, que aún ahora me parece buenísimo, y de altísimo nivel técnico musical; siendo sólo las versiones del Unplugged la única música de Diego Torres que me gusta. 



He disfrutado mucho este CD para andar por la calle, tal como en esa época. La música y las letras son optimistas, las melodías son muy cantables para mí, y están en español. Es un estilo dinámico y energizante que no es tanto para escuchar sentado, tanto en la casa como en la calle. Ya mencioné que la calidad ha pasado mi filtro de músico profesional, porque los arreglos son extremadamente bien hechos, ricos en texturas y moderados con la armonía, y recordé que este álbum inspiró el sueño que yo tenía al entrar a la carrera y que más o menos he cumplido de ser corista de estudio, porque los coros en este álbum son amenos, característicos e imprescindibles. 

Para los que no están familiarizados, en el mundo de la música existe un oficio poco reconocido por el público general que es el de "músico de estudio". Lo explicaré con un ejemplo: Diego Torres canta sus canciones, y a lo mejor también toca en algunas la guitarra o el piano (honestamente no tengo ni idea), pero él necesita músicos que toquen la batería, el bajo y demás instrumentos. Estos instrumentistas, que permanecen más o menos anónimos, son los músicos de estudio, y es posible que también le hayan grabado la batería y el bajo a Shakira y muchos famosos más. Bueno, pues yo soñaba con ser la cantante "anónima" que les grababa las voces adicionales a los cantantes o músicos famosos. Increíble el recuerdo tan importante que me trajo escuchar música que hace tiempo no escuchaba. 

En contraste, he escuchado otro álbum "hit de mi infancia": Gente, de Presuntos Implicados, y aunque la música ha correspondido a mis expectativas, no me matan las letras. Ir por la calle significa que uno va a tener concentración de sobra para escuchar la letra y querer cantarla. Pero yo tengo un conflicto con cantar "Tú eres mi única razón para vivir" pensando en mi prometido, porque no es así (yo lo amo con todo mi corazón, pero él no es mi razón para vivir, él lo entenderá). Este conflicto se me ha presentado mucho últimamente, sobretodo con la música en español, que es la que entiendo en su totalidad. 




No es que la letras de Presuntos sean tan graves ni nada, pero a raíz de esto me puse a reflexionar que la música lo puede ir programando a uno, tal vez sin darse uno cuenta. La música puede hacernos admitir barbaridades que en plena conciencia rechazaríamos si nos las plantearan (Sí, señor reggaetón, estoy hablando de ti). Por eso sería bueno que todos hiciéramos el ejercicio conciente de revisar qué estamos escuchando, qué ideas estamos admitiendo en nuestras mentes a través de la música. 

Habiendo echado una mirada al pasado, buscaré qué más puedo escuchar cuando salgo de la casa.

sábado, 19 de agosto de 2017

Escuchar música en la calle


Hubo un tiempo en el que se me habría hecho impensable salir a cualquier parte sin mi iPod, porque el auge de estos bellos aparaticos me tocó en plena adolescencia, cuando lo más "cool" que podías tener era en principio un Discman, y luego un iPod, el rey de los reproductores mp3. Yo no tuve un iPod original sino hasta que salí del colegio y entré a la universidad, antes solo tuve reproductores de música de otras marcas, con una playlist que no excedía las 60 canciones.

Desafortunadamente, cuando entré a la universidad corroboré que vivo en una ciudad con un alto índice de crimen, y a pesar de que hasta entonces sólo me habían robado sin que me diera cuenta (no de aquella forma humillante que es verse confrontado por el ladrón), empecé a ser más cuidadosa y a no escuchar música en plena calle, o en contextos en los que me podía ver vulnerable.

Viviendo en el extranjero, el reproductor de música se convirtió en mi compañía fiel e inmensa alegría en los viajes en tren y en avión. Un viaje cambia muchísimo cuando uno le pone banda sonora, porque los paisajes se aprecian diferente, y el significado de la situación toma peso y se potencia, no sé... Así lo describiría yo. Pero ya cuando regresé a mi país, no tuve más ocasión ni más forma de escuchar música afuera, porque no me trasladé en mucho tiempo y además mi aparato se dañó.

Hace dos meses que fui al Valle del Cauca, sí que me hizo falta escuchar mi música en los viajes, porque es más: sin la música se me hicieron un poco tediosos, o no los pude saborear como hubiera querido. Entonces decidí comprarle a mi humilde celular (porque lo compré por ser el menos costoso que pude encontrar) una memoria microSD, y le metí unos cuantos álbumes al celular. Desde entonces he salido dos veces a caminar escuchando música, a pesar de que por la experiencia de los atracos que mi prometido y yo vivimos desde que volvimos al país, no he podido disfrutar por completo la experiencia. 

Si es verdad que la realidad queda adornada de lo que sea que la música que a uno le gusta le ponga, en mi caso, de entusiasmo y optimismo, pero me queda un sinsabor extraño. No sé distinguir lo que me pasa, si es que la calidad de las grabaciones no se escucha bien afuera... Es como si escuchar música en paseando por la ciudad ya no me consolara o fuera un refugio, como si lo era en mi adolescencia, y menos si no puedo escucharla con todos sus elementos y texturas a menos que me quiera reventar el oído subiéndole al máximo el volumen.

He descubierto que hay géneros y álbumes que funcionan mejor, y la verdad es que U2 y John Mayer siempre me van a poder acompañar y ofrecer lo que busco, pero la música clásica que a mí me encanta, no queda para nada en este contexto. Tengo que seguir mirando qué me funciona, porque sería interesante devolver esto a mi rutina. Más adelante hablaré un poco más del matiz que le daba a mi realidad la música que escuchaba cuando tenía iPod, y lo que resulte ahora.


sábado, 15 de julio de 2017

Impresiones acerca de la poesía

Siempre me ha gustado la música y leer, y no hay expresión artística que combine mejor ritmo y significado que la poesía. Desde niña me fascinó la poesía, conquistada por la rima y lo que ingeniosamente podía ir contenido allí, y muy pequeña comencé a escribirla yo misma. Participé en varios concursos de poesía infantil cuando estaba en el colegio e incluso gané un primer puesto con un poema en inglés, nisiquiera en español...

Sin embargo el esfuerzo intelectual de aumentar mi vocabulario para rimar, y de entender las matemáticas del asunto me desanimó pronto, y encontré en el verso libre de Neruda y otros poetas posmodernos una excusa para llamar a cualquier cosa poema. La adolescencia no fue un momento muy brillante para "mi arte"; no volví a ganar ningún concurso y cuando me topo con mis poemas de esa época me avergüenzo profundamente. Fue cuando comencé a estudiar técnica vocal y piano que me di cuenta de que la baja calidad de mis escritos se podía disimular poniéndoles música.

Mis letras eran simples y superficiales, llenas de imágenes cursis, y así fue hasta hace poco. Tuve una época en la que utilicé la crudeza como recurso para darle más dimensión a mis poemas, pero seguía alimentándome del verso libre, sobretodo de Pablo Neruda, y alcancé a coleccionar casi todos sus libros. En alguna feria del libro me compré una antología de poesía colombiana, la cual está organizada por poetas en orden cronológico de nacimiento. Los primeros poetas se me hacían pesados y aburridos, entonces siempre consultaba los poemas de los más recientes. Luego tuve mi etapa de Gabriela Mistral, a la cual conocí a través de la autobiografía de Neruda.

Estaba en esta etapa de Mistral cuando empecé a rezar diariamente las Laudes y Vísperas. La Liturgia de las Horas es básicamente orar con los salmos, y los salmos no son más que poemas, cánticos, himnos, música. Olvidé por completo a mi par de chilenos preferidos y de vez en cuando copiaba himnos de la liturgia en cuyos versos me derretía de placer estético. No era por el contenido sino por la forma que yo consideraba salmos y oraciones piezas de pura genialidad. En el viaje que comencé hacia Dios, un camino impensable para muchos, pero el más adecuado para mí, se abrió ante mis ojos: el camino de la belleza. La verdadera belleza lleva a Dios, en una experiencia estética que va más allá de nuestra naturaleza humana e imperfecta, para elevar nuestra alma a más altas aspiraciones.  A través de la poesía y la música he visto que la belleza se encuentra grandemente en el orden, en organizar para lograr cierta armonía.

He seguido leyendo bastante poetas españoles y latinoamericanos, pero por más bellos que sean los poemas (y muchos los he transcrito en este blog), no me extasían como algunos de la liturgia de la horas. Hace poco tomé mi abandonada antología de poesía colombiana y decidí leer los poemas del principio. Ya no me parecían densos ni incomprensibles como antes, sino que me encantaron. Se trata de poesía romántica decimonónica y de principios del siglo XX, llena de lugares y referencias, impecable en su forma y ritmo. A lo largo de la semana compartiré algunos de estos poemas. 

Por mi parte como autora, hace mucho que no intento escribir poesía, y para mis canciones he musicalizado himnos de la liturgia de las horas y oraciones de santos. He escrito una que otra canción de amor, pero sin pretensiones, y no considero que haya poesía ahí. Me he dado cuenta de que como con cualquier arte, la poesía es una técnica que se debe conocer a profundidad y perfeccionar con la práctica, para que realmente dé un resultado ordenado, bello y digno, con los parámetros que expliqué hace un momento. Creo que estoy lista para estudiarla desde su esplendor, es decir en el Siglo de Oro español y en los sonetos de Shakespeare, porque no puedo negar que mi poesía tiene dos hogares: el español y el inglés. Por supuesto que también la seguiré admirando en el vasto patrimonio literario de la Iglesia.




El último mes

Mi querido y maltrecho Mac de segunda mano, que alegría me da estar acariciando tus suaves teclas, en comparación con las del enorme y profe...