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lunes, 19 de julio de 2021

La vocación, entre otros

 Estos días han sido muy buenos: he podido ver por fin a mi familia, me han salido trabajos, tengo mi misa, mis pocos amigos, estoy muy contenta cantando en donde canto, y mi esposo y yo nos hacemos felices. Estoy tranquila, serena por dentro. No obstante, ayer le contaba a mi esposo que me cuesta creer que este momento de sosiego y consuelo sea genuino y me da una especie de sentimiento de culpa, una sensación que viene del mismo lugar que mi maña de pedir perdón excesivamente y no considerar buenas la mayoría de cosas que hago. 

Una conversación que tuve hace poco con mi mamá me dio una pista al respecto, y nuevos alientos para empezar a rectificar la percepción que tengo de mi misma. 

Hablábamos acerca de la vida religiosa (volverse monja o monje), y yo le decía que a pesar de que me parece un estado de vida superior, bellísimo y admirable, sabía con certeza que no era para mí. Ella me dijo que tal vez si me hubiera fomentado más esas características mías que se inclinan a la vida religiosa, yo habría tomado ese camino. Supongo que para algunos no hay en esta frase nada que resaltar, y aún así, a mí me golpeó y me abrió los ojos súbitamente a una verdad: Si yo hubiera sido religiosa no habría sido yo, porque estoy muy segura de que mi vocación es al matrimonio, por eso me casé, y me siento profundamente realizada y feliz. Le dije con un poco de brusquedad que, así hubiésemos contemplado con más cuidado la vida religiosa para mí, yo habría llegado al mismo resultado, que lo mío es el matrimonio. Ella me respondió con un "eso no lo podemos saber". 

Sí lo podemos saber. Dios nos creó tan distintivamente a cada quien, con propósitos y personalidad tan específicos, que no creo que seamos capaces de negar nuestro temperamento, carácter, inclinaciones o talentos tan fácilmente, en especial quienes lo amamos y buscamos complacerlo. Lo que quiero decir es que, si yo fuera para religiosa, la Providencia se habría empeñado en hacérmelo sentir, ver, y dejarme sin descanso hasta lograrlo. 

Eso sí, aclaro que mi mamá ha sido una excelente madre, de verdad considero que hizo un gran trabajo, ahora que soy mayor y he podido mirar mi crianza desde otra perspectiva. Pero como todas las personas que existen o han existido, no es perfecta. Tengo impresas en mi mente muchas frases de ella que son por el estilo:

"yo te veía más como pianista, pero tú quisiste entrar a canto."

"no nos asesoramos antes de que te fueras para Inglaterra, pero tú tampoco quisiste nuestro consejo e hiciste todo sola" (lamentándose de que, no sólo fue una experiencia difícil, sino que ahora estoy endeudada por eso).

Ella siempre fue muy exigente conmigo, y a la vez que gracias a eso soy disciplinada y eficiente, soy terriblemente insegura. Tiendo a asumir inconscientemente que, o no estoy haciendo lo suficiente, o estoy haciendo las cosas mal. Por eso sospecho de estar tranquila... Pero ya que me he dado cuenta, quiero cambiar...

Si fui cantante, si me endeudé para estudiar, si me casé, si no tengo empleo estable ahorita, todo es absolutamente providencial. Dios me dio buena voz y oído; me concedió un esposo con el que mi forma de ser se aprovecha, realiza y complementa de modo que cada día estamos más cerca del Cielo; me honró con la cruz de no poder pagar mis deudas porque sabe que puedo con ella y que de ella mi alma saca beneficio; y podría seguir así con cada aspecto de mi vida. Ya tengo 30, y no me encuentro en un periodo de transición de nada, esta soy yo, tal como debía ser, todo es tal y como Nuestro Señor quiere que sea. 




domingo, 15 de noviembre de 2020

Experiencias recientes

Hace 4 años recibí mi diploma de la maestría y me concentré en la tarea de buscar cómo ganarme la vida. No digo que me concentré en buscar un trabajo estable, porque no es así: todo el tiempo estoy en esa búsqueda, pero también he explorado formas de procurarme yo misma mis ganancias, como con mis clases particulares, haciendo conciertos por ahí, con trabajos de edición de música, o vendiendo mis tejidos. Ha habido meses en que me ha ido muy bien, otros meses lucho muchísimo por hacerme algo, y voy a muchas entrevistas tras las cuales no me vuelven a llamar.

Hay días en que me invade una tremenda zozobra porque tengo una deuda con el gobierno muy grande por la maestría, y casi que me ha sido imposible pagar las cuotas. Otros días me dedico a vivir normalmente y ni recuerdo. Pero es verdad que siempre que hago oración, u oramos con mi esposo, pedimos a Dios que nos conceda quedar libres de nuestras deudas, y yo adiciono en mi mente: que pueda asumir mis deudas y pagarlas con dinero ganado honestamente. Sé que mi mamá, mi abuelita, y otras personas también hacen esta petición. Ya desde hace 4 años...

El gobierno nos concedió una prórroga de mi deuda por la contingencia, y como tengo Octubre, Noviembre y Diciembre sin recordatorios agobiantes al respecto, he podido respirar. Tuve una entrevista hace tres semanas para trabajar en un colegio, pero desde entonces no me han contactado. Al mismo tiempo, me pidieron que cantara en un coro litúrgico pequeño, y como tengo el tiempo accedí. Es en una comunidad de Misa Tridentina, el rito extraordinario, que a mi esposo y a mí nos gusta mucho. Sabíamos que en la comunidad son muy unidos y siempre nos habíamos sentido por fuera, no en un mal sentido, simplemente no conocíamos a nadie. No obstante, les doy clases de música a niñas de algunas familias de allá, y así fuimos a dar en el coro. Llevamos tres semanas, hemos cantado cuatro misas, y yo ya siento un cambio fuertísimo en mí. 

Como sigo siendo dueña de mi tiempo, he podido conocer mejor a varias familias que me han abierto las puertas de sus casas, ya sea para que les enseñe música, o a tejer. También he podido conocer personalmente a cada miembro del coro porque ellos mismos se han ocupado de dedicarme momentos para charlar, con amabilidad y soltura. 

Desde hace un tiempo me he sentido cada vez más alejada de mi familia, excepto de mi mamá. No tengo nada en común con mis hermanas, tíos y primos en general, y  siento una ruptura desde hace mucho. Tal vez fui yo, tal vez yo me cerré, no estoy segura... Pero tampoco siento mucho interés en mí de parte de nadie. La recepción de parte de estas nuevas personas me hizo recordar lo que es la familia otra vez, la genuina generosidad, el interés gratuito en uno. La caridad se desparrama en estas familias, y no me salpica, me emparama. 

Recientemente me he sentido plena y tranquila, como si no hubiera nada más en el mundo que la Santa Misa y esta comunidad... Nada más que el deseo de despreciar lo que ofrece esta época maluca y vivir como si sólo se tuviera el Cielo en la mira, sin necesidad de girar en torno a una deuda o a ideales terrenales que nunca voy cumplir. Parece una locura que Dios en su infinita sabiduría disponga de mi tiempo libre para que visite familias fieles y virtuosas, ofreciéndole mi voz gratis en la Santa Misa; cuando lo que le he pedido es un trabajo formal, al que dedicar todo el día para ganar lo correspondiente a lo que debo, en el que no me quede tiempo de pensar en cosas santas. Bueno... Cuando uno lo dice es muy lógico.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Porqué creo

Como uno podría deducir del nombre de este blog, soy altamente impresionable. Desde siempre he sido muy sensible, y por eso me encanta el arte y elegí la música como profesión. Una pieza musical, una imagen o una idea son capaces de dejar en mi marcas profundas, para bien o para mal. 

Comencemos con las impresiones negativas, las que me ha motivado a escribir hoy. Debido a que no encuentro nada más que ver en la televisión, últimamente le cogí afición a "CSI", en las distintas ciudades en que funciona el show. Pues bien, me vi capítulo tras capítulo un par de días, hasta que llegué a lo inevitable: una imagen tan horrible y retorcida que imprimió huella profunda en mi mente. El estómago se me revolvió, y después mi mente comenzó a rondar el "¿cómo es posible que alguien sea capaz de hacer algo así?" durante todo el día, lo cual me ensombreció y me puso de mal humor. Me he propuesto dejar la televisión por un tiempo, lo que me ha llevado a ver videos en YouTube de los temas que me gustan a mí: música, danza, manualidades e historia. Dentro de esa última categoría, me llamó la atención un video sobre la mitología sumeria, y lo he visto... Para saber que es misteriosa y malvada, con la existencia de posibles aliens que piden sacrificios humanos (según este video), y asuntos afines a este. 

Otra vez tengo revuelto el sensible estómago de retrato literario de señorita del siglo XIX. Pues sí, no me avergüenzo, porque más que frágil, lo que tengo es que soy muy idealista. 

Fui criada en la Iglesia Católica desde niña, como millones de personas hispanoamericanas, porque nuestra cultura es arraigadamente católica. Mi parroquia de la infancia se llamaba Santa Teresita del Niño Jesús, y además de las estatuas de Cristo, la Virgen, los Santos y los cuadros de escenas religiosas, crecí viendo la fotos que existen de esta santa, colgadas para ornamentar el templo. Es como si todo lo bueno que puede ser el ser humano fuera evidente en esta foto: 





A medida que fui creciendo en edad, me fue evidente que emular la bondad de esa foto era difícil, pero también me era difícil comportarme mal. Lo hacía, porque soy un ser humano como todos, pero nunca me supo bien. Mi conciencia siempre me dijo que no debía conformarme, y esto fue tanto en el estudio y en mi arte, como en mi crecimiento personal. Y entre más honesta ha sido mi búsqueda, más vuelvo siempre a la Iglesia. 

Ahora las impresiones positivas, y la explicación del título de esta entrada. Hay dos escenas de películas musicales que siempre me llevan al llanto de la fascinación: la canción en el Central Park de la película "Encantada", y "Put on your Sunday clothes" de "Hello Dolly!" con Barbra Streisand, y sí, porque son alegres y optimistas, alguien dirá que cursis, pero también porque me conmueve que tanta gente se pueda organizar y trabajar para dar un resultado tan hermoso. Otra impresión muy fuerte que me quedó fue ver el Brompton Oratory en Londres, pues todo era impecable técnicamente e imponente, y cada capilla exquisita, sin escatimar en detalles. Estas impresiones tienen en común una gran magnitud, son cosas grandes; mientras que las impresiones malas son a lo mucho, complicidad de 5 personas, que afecta y resuena en otras pocas. 

Me es fácil creer en un Dios que es Padre y la pura Bondad a la vez que es todopoderoso, porque veo con claridad que el Bien y la Belleza siempre superan exponencialmente al Mal y la Fealdad, así nuestra naturaleza esté rota, y tengamos esa innegable inclinación al mal. Esa inclinación la cura Jesucristo con sus enseñanzas, su sacrificio y la gracia que derraman los sacramentos. Cuando leo las vidas de los santos, o medito sobre la vida de la Virgen María, no veo el absurdo por ninguna parte, se me hace tan posible como normal porque he visto como el mundo está envuelto en una lucha entre el bien y el mal que no es equitativa, desde sus dinámicas físicas y biológicas hasta en la humanidad que lo puebla. 

Bueno, esto puede ser cursi para algunos, y no ser suficiente para otros. Desde luego, estas son mis impresiones, algo muy personal. 

lunes, 27 de mayo de 2019

Las nuevas generaciones

Supongo que esta será la primera de muchas entradas acerca de mis estudiantes. Doy clases de música a niños y jóvenes, y trabajo de forma individual o en grupos pequeños, lo que me permite tener un conocimiento más profundo de cada uno. Mi corta edad de adulto joven también propicia que los niños me tengan confianza, y procuro ser cercana a su mundo actualizándome en dibujos animados y en referencias de la cultura pop, todo porque me gusta poder hablarles en su idioma una que otra vez. 

Recientemente empecé a preparar a una chica de 17 años que ha elegido la música como profesión. Como las clases con ella son individuales, hemos construido una amistad bonita, y ya nos conocemos bastante bien.





Veo en ella muchas cosas de mí cuando tenía su edad, siendo yo 10 años mayor que ella. Una de las cosas que tenemos en común es el gusto por la lectura. Alguna vez hablamos de nuestros gustos literarios, y desde entonces nos mantenemos al tanto de nuestras lecturas. Hace un tiempo ella  empezó a leer "Satanás", de Mario Mendoza, una novela que jamás me ha llamado la atención, tanto así que no protesté alguna vez que una amiga me la resumió, así confirmé que nunca la iba a leer. Incluso en otra ocasión vi escenas de la película que le hicieron, y quedé muy perturbada. En fin, no quise llegarle a mi alumna con prejuicios morales y aburrirla con advertencias o sermones, le dije que ese autor y ese género no me gustaban para nada, pero que me fuera contando qué le parecía. Le aconsejé que lo terminara como quien asume el compromiso de terminar lo que empieza. 

Un día llegó a clase realmente alterada porque no se sentía capaz de terminar el libro, la trama se había vuelto demasiado cruda y malvada. La escuché desahogarse, un desahogo que incluyó escenas de la novela asquerosamente violentas y llenas de maldad, y luego le aconsejé que no lo terminara, y traté de convencerla de que no es de débiles escuchar a la conciencia y alejarse de algo que le está haciendo daño al cuerpo, la mente o el alma. 

No sé qué tan bien me haya salido el discurso... La verdad es que  después de escucharla me había dado dolor de cabeza, me había impresionado demasiado lo morboso y malintencionado de la novela. Todo el viaje vuelta a mi casa yo me sentía asqueada, luego el asco se convirtió en indignación, y luego en un ardiente celo, coraje de que haya material al alcance de "mis niños" pensado para quitarles la inocencia y la ilusión por la vida, casi que diseñado para causarles desesperanza, porque el argumento en "Satanás" es que el hombre es malvado, y esa maldad es la que siempre triunfa, sin importar nada. Llegué al apartamento a buscar en internet algún artículo que analizara y advirtiera los peligros de aquella novela, pero no encontré nada, al contrario, muchas alabanzas. 

Han pasado unas semanas, ella terminó el libro porque ese día solo le faltaban 4 páginas, y corroboró que acaba mal. Ahora está leyendo un libro que le presté. A mí se me pasó el asco, el tiempo borró las imágenes que me hice, y la vida diaria me distrajo. Sin embargo una cosa me ha quedado, y es el acto de mi alumna, que tuvo el valor de pedir consejo al respecto. 

A veces los mayores piensan que las nuevas generaciones son una masa que no piensa por sí misma, que acoge sin reflexión lo que los medios le ofrecen. He visto que pasa ahora, pero también lo viví referente a mi propia generación. Sé que pasa desde el siglo XX, cuando a través de los medios de comunicación una cultura pop se impuso, y se puso en un pedestal el mercado adolescente. Estoy en desacuerdo con ese juicio porque todos los días veo lo complejos y profundos que pueden ser los niños, y cómo hay una ley natural inscrita en sus corazones, solo hay que escucharlos para saber que ellos buscan la solidez, la guía, la Verdad. 








lunes, 22 de abril de 2019

La Pascua y los anhelos

Las personas que, más que solo creer, vivimos una fe, sabemos que no la tenemos fácil. Si en general la vida está llena de obstáculos, para nosotros no sólo se trata de vencerlos, sino de que nuestra fe se vea probada y al final sigamos siendo fieles. Y Dios nos prueba por el bien de nuestra alma, porque así crecemos y nos fortalecemos, profundizamos en el conocimiento de Él y su Creación, y de paso mostramos al mundo que sí hay recompensa, porque así es. 

Esta última parte me costaba creerla el año pasado. El desempleo había socavado todas mis relaciones: mi familia ya no tenía paciencia para mi "vagancia", y no nos podíamos casar aún con mi actual esposo porque ninguno tenía con qué vivir, nos sentíamos estancados en la relación.  Nos mantuvimos firmes en el cultivo de nuestra espiritualidad y mucha gente pensó que nos recostábamos en la fe sin hacer nada de nuestra parte, y que por eso no nos salía nada. No era cierto, buscamos oportunidades sin cansancio. Al contrario, se empezaba a sentir que nuestras oraciones no eran escuchadas, que no éramos correspondidos. Amar se hacía difícil, pero nosotros insistíamos. 

El pico de esta crisis coincidió con la Cuaresma y la Semana Santa del 2018. Luego, en la semana de Pascua, mi esposo consiguió el empleo perfecto, que no imaginábamos, en el que gana lo suficiente para que vivamos los dos. Yo también conseguí trabajar por horas, que más que ayudarme financieramente, me ayudó a salir del estado casi depresivo en el que estaba. En Pascua Dios nos mostró que la espera tenía un propósito práctico, en el sentido del empleo de mi marido, y a través de esto se vio cuán perfecta es su Voluntad y el esmero con que nos cuida. Nuestro anhelo de casarnos se cumplió, y somos felices. 




También hace poco vi como la Providencia cumple los anhelos. 

Hace poco mi fe fue probada con una tentación enorme y abrumadora, que no vi venir. No sólo mi fe sería probada, mi vida se iba a ver destruída si caía. Volver atrás iba a ser muy difícil, y reparar los daños, imposible; pero para vencerla iba a tener que renunciar a algo que me hacía inmensamente feliz: interpretar música sacra de voz y órgano. Vencer era romper completamente con el organista con el que trabajaba, personal y profesionalmente. Fue una decisión muy difícil porque no conocía a nadie más con quien pudiera trabajar, y perdí a uno de mis pocos verdaderos amigos. 

Ese sacrificio me dio muy duro. Pensé que tal vez había algo imperfecto en mi ofrenda a Dios cantando música sacra, y que si la Providencia no lo quería así, estaba bien aunque me doliera. Sin embargo, unos meses después apareció la oportunidad del coro en el que estoy ahora, con el que canté dos de las liturgias de la Semana Santa que acaba de pasar. Señor, Tú si querías que cantara, me diste gusto, cumpliste mi anhelo. 

En mi anterior entrada se puede leer que viví una Cuaresma de 5 años. Ya he salido por fin, mi Pascua ha comenzado, y algo bueno traerá esta Pascua del 2019. No es recomendable esperar algo a cambio de la práctica de la piedad, lo que sí puedo atestiguar a mi corta edad es que si uno ama por encima de todo, Dios provee, tal como en Mt. 6, 26-33. 






martes, 12 de febrero de 2019

Mi debut fallido


Llevo ya 5 años cantando música sacra en misas. Primero estuve en varios coros, y estos dos últimos años fui solista con acompañamiento de órgano, provisto por un amigo. No obstante, por cuestiones de la vida, hoy en día no tengo organista acompañante. Es por eso que me propuse ser mi propia organista hace un par de meses, y me dediqué a sacar unas cuantas piezas fáciles y versátiles para cantar y tocar al tiempo. Me encanta cantar misas, no quería verme limitada y tener que dejar de hacerlo.  

Mi esposo también canta música sacra y con él cantamos mi primera misa como organista hace casi un mes. Con mucha disciplina me clavé a estudiar la parte del teclado todos los días las dos semanas previas al compromiso, y cuadramos los cantos de forma que nos turnábamos para cantar solos. Cuando llegó el momento, estaba muy nerviosa. La pieza de la entrada la acabé muy pronto, con el Kyrie no pude... Pero después me concentré y de ahí en adelante todo salió bastante bien. Varias personas nos felicitaron, y mi papá, que no sabía que era yo quien tocaba, estaba convencido de que el organista con el que solía trabajar estaba ahí. Habíamos estado ubicados en el coro de la capilla, que de forma tradicional es un balcón ubicado al fondo del recinto, nadie nos veía. 

Sin embargo, mi esposo tiene su trabajo (del cual vivimos), y si quería cantar la misa del día de Nuestra Señora de Lourdes, una advocación a la que le tengo mucho cariño, lo iba a tener que hacer sola. No me importó en el momento, y dos semanas antes me fui a mi parroquia a apartar el cupo para cantar la misa de 6:00 p.m. el 11 de Febrero. 

La semana anterior no pude dedicarme a practicar con la disciplina que quería, pero el fin de semana me clavé. Llegó la fecha (ayer), y durante el día traté de estar tranquila. Me alisté temprano, con la idea de llegar a probar sonido, dejar todo preparado y ensayar antes de la misa. Salí con mi teclado al hombro, y llegué 45 minutos antes al templo. 

Oh sorpresa. El templo estaba lleno y el coro, que es prácticamente al lado del altar, repleto de adultos mayores. Un Movimiento de esos de laicos había apartado el templo para hacer el Rosario, un hecho sumamente respetable, pero que a mí no me convino. Apenas estaban empezando el primer misterio cuando yo llegué. Me senté al lado del coro y me dispuse a rezar con ellos, pues no valía la pena devolverse, y quería instalarme lo más rápido posible cuando se fueran. 

Resumiendo, el Rosario se les alargó hasta tomar tiempo de la misa. Faltando 10 minutos para las 6:00, yo me instalé como pude entre aquel coro de adultos, y a duras penas pude conectarme al sonido del templo, cuando entró el padre. Los cantos me salieron terribles. Resultó que aquellos viejitos nunca se fueron de mi lado, y no sólo me pedían que arreglara el volumen del micrófono del padre, sin yo tener ni idea de cómo hacerlo, sino que comentaban entre sí que me veían muy nerviosa. En efecto, yo era un mar de nervios. La voz no me quería salir, luego no podía afinar, luego me salía un vibratto descontrolado, las manos me temblaban. En un par de piezas dejé de tocar el teclado porque me bloqueé y se me olvidó lo que estaba haciendo. Para colmo, jamás había visto yo tan llena de gente mi parroquia entre semana. Sentía que TODO el barrio me estaba viendo hacer el ridículo.

Cuando acabó la misa, no miré a nadie, entré a la sacristía y lloré un poco en el baño. Hace mucho que no fracasaba tan rotundamente en el ejercicio de mi oficio de músico. 

Dolida me encontró mi esposo y luego mi suegra, pues nos la encontramos de regreso al apartamento. Mi esposo me hizo caer en cuenta de que nunca había cantado ningún género en ninguna situación completamente sola frente a tanta gente. Siempre, desde la universidad, tuve algún acompañamiento instrumental hecho por otra persona o por varias, o estuve en bandas, grupos y coros. Todo el tiempo me grabo para YouTube tocando y cantando sin nadie más, y no es difícil ni traumático, pero es que la presencia de gente real golpea duro. 

Mi suegra me dijo que de humanos es equivocarse. Tiene toda la razón. Si hace mucho no fracasaba así es porque hace mucho no intentaba algo nuevo. Toda habilidad que uno empieza a adquirir pasa por ese proceso, con la práctica y la experiencia es que uno va mejorando. Así me pasó también con cantar, y luego con cantar música sacra, pues tuve que aprender una técnica diferente a la que me enseñaron en la carrera. 

Hoy, superada la conmoción de ayer, ya más reposadas las emociones, recordé algo que dijo un experto gregorianista, y recuerdo mucho que cuando lo escuché no lo tomé bien: Él decía que en la música para la liturgia, tocar o cantar perfecto no debía ser un afán, porque eso torcía nuestras intenciones, y más bien alimentaba nuestra vanidad. Si Nuestra Señora quiso tomar mi ofrenda así ayer, es porque así le agradó más. Sospecho que no tanto por la música como por el estado de mi alma: humillado. 

martes, 8 de enero de 2019

Los templos

Hablo de los templos católicos exclusivamente. 

La Fe Católica es la fe que profeso, la vida que vivo. Nadie debería estar sorprendido, porque soy muy abierta al respecto, y en varias de mis Impresiones hay apuntes sobre el tema. 

Pues bien, pasa en casi todas las familias, en algún momento de sus vidas o toda la vida, que no todos comparten las mismas creencias, a pesar de ser un fenómeno que no debe tener más de dos siglos. Es así que en mi casa no todos estamos de acuerdo, ni siquiera dentro del mismo lado, es más bien que cada uno está por su cuenta. No obstante, a los extremos estamos mi hermanita menor y yo, siendo yo "lo más católico" y ella "lo menos", si es que me hago entender. 

Ahora mismo ella está mochileando por el sur-occidente de Colombia, y de pura casualidad dio con el Santuario de Las Lajas. Nos contó que cuando lo vio no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas, y muy emocionada nos mandó fotos del templo por dentro y por fuera, de las placas que la gente manda hacer en agradecimiento por la gracia concedida, en fin. Me alegré muchísimo porque aún ella no había sido inmune a la belleza imponente de la Basílica.


Su experiencia me hizo el día, pero me puso un poco melancólica porque hace tiempo que no voy a misa a un templo bonito. Me puse a recordar los templos más sublimes y hermosos que he visitado: El Brompton Oratory, la Catedral de Westminster, la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá aquí en Colombia, la Catedral Primada de Colombia y la Basílica menor de Nuestra Señora de Lourdes aquí mismo en Bogotá. En estos templos me sentí en el Cielo, pues viendo la magnificencia de la arquitectura, la corte de ángeles, la corte de santos y como centro de todo el espacio el Santísimo Sacramento rodeado de la mayor gloria visual posible, se hace uno idea de lo que sería la visión beatífica. 


Las cosas como son: las parroquias de barrio más modernas son austeras si no feas, y así ocurre en mi barrio. A lo hecho pecho, le debo mucho a mi parroquia y la atesoro en mi corazón, tanto que allí me casé. Pero no sobra peregrinar a un templo bello periódicamente, un templo que reboce de arte que dignifique la Casa de Dios, pues eso es lo que literalmente es el templo.

No sólo la belleza del templo me ha hecho sentir más cerca del Cielo, también está la belleza de la Liturgia, y sé que muchas personas jóvenes en estos últimos años han caído vencidos por la belleza de la Misa Tridentina, la de antes del Concilio Vaticano II, porque es más solemne, digna, y ante todo, humillante, en tanto que uno siente lo poco que es en comparación con el milagro de Jesucristo hecho pan. Así me sucede a mí. 

Sé que esto ya debe estar dicho, y por varias personas, pero hacer que la belleza no es importante en nuestra Iglesia y más aún en la evangelización, es un gravísimo error. 

jueves, 26 de julio de 2018

Nuevas perspectivas sobre la modestia

Hace más o menos un año escribí un artículo acerca de la modestia, de mi interpretación y cómo la fui integrando a mi vida. Comparto el link para contextualizar:


Lo estaba releyendo, y no está nada mal, sin embargo, como los seres humanos nunca dejamos de crecer, he aprendido aún más sobre la modestia y me gustaría compartir estas nuevas reflexiones.

Todo empezó porque estaba escuchando un capítulo de un podcast de apologética en inglés, que prometía abordar temas como el maquillaje y la cirugía plástica, como quien dice pensado para el público femenino. Es por esta razón que el anfitrión había buscado el apoyo de una invitada, una mujer. La decisión fue algo sensato, porque él tenía serios malentendidos y escrúpulos exagerados con respecto al maquillaje, y a mí me encanta maquillarme, no porque lo utilice para deformar por completo mi rostro o esconder algún tipo de realidad y engañar, sólo me gusta realzar mis ojos y mis labios.

Afortunadamente la chica defendió el uso moderado del maquillaje, y salvó el podcast de que yo dejara de escucharlo movida por la indignación. Aquella sabia mujer estaba inspirada, y de sus explicaciones, respaldadas en Santo Tomás de Aquino, aprendí algo que me resonó con fuerza en la cabeza y me facilitó atar un montón de cabos:


La modestia se trata de vestirse y comportarse acorde al ambiente en el que se va a encontrar uno.




A veces el asunto se reduce a vestir apropiadamente para la santa misa, que si, debe ser de forma respetuosa, seria y solemne, porque uno se va a encontrar en la casa de Dios frente a la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía... Pero hay millones de ejemplos en los que no se suele aplicar la modestia a los que no se les pone tanta atención: Si va a hacer sol, ponerse un sombrero es modesto; si hace frío, ponerse una bufanda es modesto. Si uno va a estar al aire libre no se va a ir vestido de blanco, porque el mugre se va a notar y sería inmodesto; si uno tiene que pasearse por un barrio humilde, no se va a llevar la ropa más cara y todas las alhajas para presumir su riqueza, es inmodesto. Para las entrevistas de trabajo sí que se piensa en esto, pero ¿será que sí para todo lo demás?

Adicionalmente, esa pequeña lección tiene otra cara, y es la de adaptarse al tiempo y al lugar. En esta cara fallan muchas de las almas más escrupulosas, y por eso es tan difícil para la mayoría de las mujeres ajustarse a los estándares de los ambientes más tradicionalistas. Me explico: Si vivimos en el siglo XXI, por más podrido que parezca estar, no podemos simplemente vestir como en el siglo XII, esto causa división, causa una distinción innecesaria que raya con la pretensión. Y la pretensión es de lo más inmodesto que hay porque es soberbia. Dentro del estilo de vestir de esta época hay opciones modestas, en el sentido de cubrir con pudor, como en los ejemplos que mostré en el artículo anterior; y también hay opciones para todo tipo de situaciones. 

Esto también aplica a la costumbre de que la mujer ha de cubrirse la cabeza en el templo que tienen las comunidades más tradicionales. El velo o mantilla no se ha usado desde los tiempos de Jesús, ni siquiera es algo del el siglo XIX. Las mujeres en los años 50 adoptaron la mantilla para remplazar el sombrero o tocado, que fue lo que se usó hasta esa década. En los años 50 ya no era la tendencia el sombrero, fue una decisión de moda. Es por esta misma razón que en esta década no tiene sentido exigirles a las mujeres que usen mantilla estrictamente, en vez de una boina o un gorro, que son prendas de este contexto histórico. Lo más curioso es que en las comunidades europeas no vi esa fiebre y escrúpulo de la mantilla como si la he visto aquí... 

¿Qué tal si revisamos nuestro armario? Tal vez esté lleno de ropa apropiada para misa o para hacer deporte, o para estar en la casa, pero carente de ropa para dar un paseo al sol o para una invitación a tomar onces en la tarde-noche. Concluyo lo mismo que en mi primer artículo del tema: la modestia es darle la dignidad que tiene a nuestro cuerpo. 






martes, 28 de noviembre de 2017

Frodo, Sam, el anillo y las rupturas

El mes pasado fue especialmente difícil para mi prometido y yo, no por algún problema entre nosotros, sino por un desencuentro y una decisión complicada de tomar respecto a un proyecto al que ambos pertenecíamos. Al final tuvimos que romper con el proyecto, porque era más mal que bien el que le estaba trayendo a nuestras almas, y todo este tiempo desde que aquello pasó, se ha sentido como si de verdad hubieramos terminado una relación de pareja.

Hemos entonces pasado por las distintas etapas del duelo: Tranquilidad de que terminó, tristeza, negación, ira, rencor, duda, resignación y finalente aceptación. Para cada etapa tuvimos que buscar medios para hacerla más llevadera: salimos con amigos, fuimos a cine los dos, comimos helado, lo cuál es decir mucho por la situación económica en la que nos encontramos. Retomamos también otros proyectos que habíamos hecho un poco de lado debido al tiempo que consumía el otro, y avanzamos muchísimo en un par de semanas buscando distraernos del dolor. 

Cuando se nos había acabado el dinero para los consuelos externos, le dije a mi prometido que había algo que siempre me ayudaba a pasar las transiciones cuando había cambios fuertes en mi vida, o procesos y momentos difíciles: ver las películas de El Señor de los Anillos. Esta saga salió cuando ambos éramos niños, y toda la vida nos ha encantado, es un gusto que compartimos. Gracias a estas películas conocimos a Tolkien como autor y como persona, y a pesar de que leímos los libros después, seguimos teniéndole especial cariño a las películas de Peter Jackson.

Hay tanto contenido, tantos personajes, tanta profundidad moral y espiritual en la fantasía y la construcción de ese mundo, que siempre le encuentro un nuevo  sentido, me identifico con alguien nuevo, siempre hay algo que descubrir, y siempre me alienta para seguir con mi vida ver como los seres más humildes de la Tierra Media destruyen el más grande mal que hay en ella. 

Esta vez vi en Frodo a mi prometido, pues desde que estoy con él, he visto que por amor a la verdad a veces sufre más de lo que recoge frutos. Sin embargo, sé que sólo él podría hacer lo que hace, que es defender la Iglesia Católica y la moral en el campo del periodismo. Sólo él puede, gracias a esa riqueza interior que es su mayor fortaleza, así sea invisible a los ojos de las gente en general, tal como le pasa al Frodo Bolsón. Curiosamente él me vio a mí en Sam, el fiel apoyo y heroico compañero de Frodo. Nunca pensé que me parecería a Sam, siempre me vi como un Pippin, torpe e ingenua, sin embargo mi prometido me explicó que a pesar de que Sam no entendía muy bien todo lo que sucedía y por lo tanto la complejidad del asunto, simplemente cumplía el compromiso que le había hecho a Gandalf al salir de La Comarca, implicase lo que implicase. Y sí, es cierto que la mayoría del tiempo no sé qué sucede ni me afana tomar posturas o construir una opinión, lo que realmente me mueve es que si acepté el llamado de Cristo, tengo que atenderlo y cumplirlo a cabalidad dentro de lo que soy, en mi medio, con mi oficio y en la vida cotidiana. 

Una vez terminamos de ver El Retorno del Rey, estábamos refrescados y animados a seguir batallando, a seguir con nuestras vidas luchando por salir adelante. Eso sí, no pudimos evitar preguntarnos cuando será que destruiremos el anillo: ¿cuándo acabará el desempleo y podremos casarnos?


viernes, 16 de junio de 2017

De la modestia a la autenticidad

Ya que comencé el mes hablando del tema de la ropa, quisiera hablar esta vez de la modestia en el vestir y lo que ha implicado para mí. Llevo ya tres años en la reconstrucción de mi estilo a partir de este valor tan menospreciado y malentendido que es la modestia, y quisiera contarles un poco de esa experiencia.

Lo primero es que yo pensaba como muchas mujeres, que la modestia era vestirse como las Testigos de Jehová, de faldas largas, colores aburridos y sin maquillaje. Aunque nunca he tenido el cuerpo que está de moda, si me gustaban mucho los escotes y las minifaldas. Mi estilo era algo loco y aleatorio, a veces era muy formal pero colorido, a veces lírico y cursi, a veces sólo descuidado. Era fan de las prendas únicas, sobretodo hablando de zapatos, y mis zapatos eran en general de colores fuertes y texturas raras. Tuve unas cuantas relaciones y para cada una ajustaba mi estilo al del novio del momento: unas veces más rockero, otras más formal o más hippie, y así.

Hace tres años largos conocí a mi prometido, en un proceso intenso de conversión definitiva a mi fe que es la Iglesia Católica. Él iba un poco más adelante que yo en el camino de la fe, y con él cambió la dinámica en la que me relacionaba con los hombres, desde la misma acción de coquetear. Lo conocí al final de una enfermedad que no solo me devastó la piel, sino que también me hizo bajar drásticamente de peso, y querer cortarme el cabello bien corto. Para esa época había muy poca ropa que le quedara a mi casi esquelético cuerpo y que no me irritara la piel. Él me conoció cuando menos autoestima tenía, cuando de mi apariencia no me podía fiar, cuando más "fea" estaba. Nuestra amistad evolucionó a noviazgo gracias a las conversaciones que teníamos y a los actos de cariño y pequeños sacrificios que hacíamos el uno por el otro.

Nuestro noviazgo comenzó, y fue algo que yo nunca había vivido: un noviazgo en la castidad dirigido al matrimonio. No me di cuenta de cuándo me había curado por completo de la piel y estaba recuperando peso. Sin embargo, él se veía muy aterrizado y serio en su forma de vestir, y yo seguía siendo descuidada e infantil en mi aspecto físico. Así como con mis relaciones anteriores, quería que mi estilo se ajustara más a él para que hiciéramos "buena pareja". Paralelamente había empezado a estudiar documentos sobre la pureza y la castidad, y en ellos se mencionaba recurrentemente la modestia en el vestir. Busqué en Pinterest fotos de ropa modesta, y también encontré comunidades en Facebook alrededor de este tema, y así dí con esta página:


Sin entender mucho de portugués para saber bien la teoría, pero por las fotos tan maravillosas que ponían ahí como sugerencias, comprendí qué es lo que no podía seguir haciendo y saqué unos lineamientos para mis próximas compras. Eliminé entonces toda la ropa de escotes profundos y las minifaldas ajustadas al cuerpo, y de casualidad recibí de regalo un par de faldas hasta debajo de la rodilla. Para esas faldas tuve que comprar zapatos distintos a los que tenía, y pasé a una época un poco escrupulosa en la que me fui ya al otro lado y vestía faldas largas, camisas y cuellos tortuga. Me costó estos tres años reconciliar el estilo escrupuloso con mi estilo propio, y ahora estoy muy feliz con mi ropa, con mi recientemente definido Capsule Wardrobe. 

No puedo dar muchos detalles acerca del proceso que he vivido porque todo ha sido muy difuso y no lineal, para que finalmente un día me encontrara con que me sentía lo más cómoda que me había sentido en mi vida, y lo más auténticamente yo. He entendido poco a poco que vestir con modestia no es esconder el cuerpo, ni afearse o evitar a toda costa llamar la atención, es darse dignidad a uno mismo, y estoy casi segura de que lo que me curó la piel fue recuperar esa dignidad que me dieron la modestia y por lo tanto la castidad: El vestirme modestamente no solo me hacía combinar mejor con mi prometido, sino que nos evitaba la tentación a los dos, y nos permitía vernos y amarnos de una forma más completa y respetuosa. 

La modestia también me conectó con una verdadera feminidad de la que no estaba conciente, porque la modestia desde la perspectiva Católica se trata de realzar la singular belleza del cuerpo femenino, sin apelar al deseo sexual: Se resalta la cintura; y los tobillos, los antebrazos y la clavícula cobran un nuevo significado. Recién descubierta esta feminidad comencé a investigar material de los años 1940 y 50 sobre la belleza femenina, y aprendí cosas valiosísimas que hoy en día no tomamos con la suficiente seriedad, tales como el cuidado del rostro. Yo no me cuidaba mucho el rostro, no me lo limpiaba por la noches ni usaba protección solar, pero ahora, mi rostro es lo que más pesa en mi apariencia, a la par con el cabello, y por eso he adquirido rutinas, cuidados especiales y formas de maquillaje para mantener ambas cosas luminosas y claras. ¿Por qué luminosas y no bellas? Porque descubrí que lo que quería proyectar era la claridad y la luz que siento dentro de mí ahora.

El meollo del asunto está en eso, en proyectar quien es uno por dentro realmente, y la modestia permite deshacerse de la carga de ser un objeto sexual, es decir de ser esclavo de causar una admiración que termina siendo deseo. No debiéramos adoptar la modestia por los hombres, aunque a ellos les ayuda mucho a darnos el verdadero lugar que tenemos; sino por nosotras mismas, para que nos percibamos como realmente somos, y cultivemos el interior para reflejarlo en el exterior. Después de que los principios de la modestia se hacen parte de uno, uno puede jugar con ellos para mostrar con la ropa las cualidades y los rasgos más característicos de uno por dentro.

En mi página de Facebook estaré poniendo durante toda la semana fotos de estilos modestos pero muy diferentes entre sí. Por ahora, les comparto este que se acerca al mío:






domingo, 9 de abril de 2017

Cuando encontré paz en ser la alternativa

Desde que me dedico a cantar música sacra, hay un tema que me persigue, una crisis que viene y va, acerca de mi sueño de ser cantautora. Entre más me sumerjo en el asunto de la música sacra, entre más profundizo en mis convicciones, más descabellado parece este sueño, más lejos se ve. 

El sueño se aleja porque inevitablemente tenía esencia de mundanidad: Quería el éxito y la fama, todo alrededor de mi talento. Comencé a construir la ilusión cuando tenía 12 años, que fue cuando sentí la necesidad de componer y escribí mis primeras canciones. Esta fue la razón secreta por la que entrara a hacer la carrera de música, porque sabía desde lo profundo de mi interior que nací para cantar y escribir canciones. Sin embargo la musa desapareció gran parte de la carrera. Si bien no había comenzado mi proyecto porque mi creatividad estaba bloqueada, también era por falta de confianza en mí: No me sentía con la belleza, el carisma y el "sex appeal" suficiente para lograrlo. 

Estaba desprevenida cuando llegaron los proyectos de música sacra y empecé a desempeñarme en ese mundo bastante bien sin darme cuenta, allí se me empezaba a abrir un futuro de oportunidades para desarrollar mis habilidades musicales. De repente, empecé a escribir muchas canciones al mismo tiempo que me dedicaba a cantar misas. Por fin tenía algo con lo cuál comenzar el proyecto, y alegremente trabajé grabando las pistas, transcribiendo, registrando y hasta participé en un concurso. Y llegamos al día de hoy, pero el proyecto no despega porque no hay nadie que lo pueda hacer despegar. Las personas que conozco que podrían hacerlo simplemente no lo quieren hacer. Entro en una crisis cuando de repente se me ocurre que tal vez yo tampoco quiero hacer esto ya.

No obstante, las canciones siguen saliendo de mí. 

Hoy vi un video en el que un chico brillante muy acertadamente nos muestra cómo la cultura pop funciona para el detrimento de la civilización occidental, y cómo se favorecen la vulgaridad y el narcicisimo entre otros vicios. Me encantó todo lo que dijo, que es cierto hasta la última palabra: y también me confirmó algo que apenas reflexioné hace unos días. Algo con respecto a mi vocación.

He aquí el link al video: https://www.youtube.com/watch?v=lyLUIXWnrC0

Él decía que la cultura pop aplasta la originalidad, la autenticidad, y cierra las opciones para que la gran multitud sólo tenga acceso a un grupo muy reducido de artistas que hacen básicamente lo mismo siempre. Por eso yo nunca tendré el éxito que añoraba de adolescente. Pero me quito un peso de encima: No tengo por qué ajustarme a los estándares de la música de ahora, porque lo que tengo, que es original, que nunca he podido definirlo ni encajarlo en ningún género, es valiosísimo y es la alternativa. 

Lo que sale de mi alma gracias al talento que Dios me dio, es tan particular, apartado y despreciado, como todo lo bueno y bello que la cultura pop quiere ahogar. Como la música sacra que yo amo, como la Iglesia y la familia por las que mis amigos y yo luchamos. Mucho valdrán mis canciones para quien las quiera escuchar, cansado del ruido insoportable de esta cultura podrida, buscando una alternativa. 

Soy la alternativa. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

La canción en el lecho de muerte

Hace unos días en pleno almuerzo en familia, salió un tema bastante incómodo: ¿Cuál era la última canción que cada quien quería escuchar antes de morir? Me apresuré a decir que ese no era un buen tema para almorzar, y alguien me respondió que no debía temerle a la muerte.

Más que a la muerte, yo le temo a una vida frívola. 

Antes de conocer a mi prometido, estaba en una relación con un rockero. Este muchacho era baterista aficionado, sabía muchísimo de rock, escuchaba todos los géneros y mantenía en su apariencia coherencia con sus intereses. Sin yo quererlo, fui arrastrada un poco por esa onda, y lo acompañé a sus conciertos y me senté con él horas a escuchar sus álbumes favoritos. En una ocasión, mientras empezaba alguna canción, él me dijo "esta es la canción que quiero que me pongan en mi lecho de muerte". Algún gesto de aprobación hice, pero caí en cuenta de que yo nunca había pensado en eso. Jamás se me había ocurrido escoger una canción para mi lecho de muerte. 

Al principio pensé que necesitaría no una sola canción, sino una playlist. Luego recordé que había una canción que me daba mucha paz. Llegué a la casa a escucharla y me di cuenta de que por la letra ya quedaba descartada. No había canción en el mundo que conociera que expresara lo que yo sentía acerca de la muerte y el mundo futuro, y eso que no era una católica muy comprometida en ese entonces. 

Las cosas no funcionaron con este chico y la relación terminó mientras yo tenía un fuerte proceso de conversión. Luego conocí a mi prometido, quien me llevó al coro de la Catedral. Mi percepción de la música cambió por completo al cantar música sacra en la misa. Tengo un artículo más completo sobre esta experiencia en mi otro blog.  


A pesar de que no era muy practicante ni conocedora de la fe con la que nací, la magnitud y el carácter incomprensible para el ser humano de la muerte eran algo que siempre tenía presente. Ninguna canción que no tuviera el propósito de reflejar el misterio de Dios iba a ser suficiente, jamás. Este sentir facilitó mi conversión. Estoy segura de que para los no-religiosos, la música sacra, más que aburrida, es incómoda, porque se confrontan con su propia pobreza espiritual. Mejor reducir la muerte a lo que se gozó en vida, que tras la muerte no significará nada. Es como reafirmar que la existencia es frívola y egoísta, y ese es su fin. Hay quienes sabemos (no solo creemos) que no es así.

Las canciones elegidas en la mesa del comedor aquel día se regían por ese criterio: canciones que reflejen lo que hice en vida, lo que disfruté, o peor aún, en lo que jamás cedí. Yo tenía gran dolor porque sus elecciones no reflejaban más que terquedad, ego, hedonismo, la perdición. Supongo que cuando el momento llegue, ni se acordarán de esas canciones que no traen más que angustia para el alma que presiente que le llegó la hora.

Por mi parte, ahora pienso que la música que quiero en mi lecho de muerte es el rumor de las oraciones de la gente que amo y tal vez un sacerdote absolviéndome. Sin embargo, les dejo esta excelente opción por si insisten en tener una canción. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Historia de los nobles caballeros Oliveros de Castilla y Artús d'Algarbe

Andamos por el siglo XXI sobre un cúmulo enorme de mentiras que acolchonan nuestra realidad y hacen aparentemente imposible que surja la inquietud de Dios. Miles de "leyendas negras" son proclamadas como verdades históricas hoy en día, reafirmadas por los medios de comunicación y la Academia. Algunos ejemplos de hechos históricos manchados de calumnia son la conquista española de América y la Inquisición española.

Del mismo modo, hay todo un periodo histórico incomprendido y malinterpretado para beneficio del progresismo, que acusa de malo e ignorante todo lo anterior a él para hacerse ver mejor y bueno: Se trata de la Edad Media. Poco me ha interesado la Edad Media desde que me enteré de su existencia en alguna clase de historia del colegio. Fue en la universidad, estudiando música, que el profesor nos la enseñó cuestionando la denominación injusta de "oscurantismo". Entonces, desde mi ignoracia, idealicé esta época tal como los Románticos del siglo XIX, abrazándola como un acto de rechazo a la razón. 

Más tarde vino mi conversión, mi llamado a la Iglesia Católica, la institución calumniada por excelencia. A la luz de la Verdad, profundicé en temas como mi herencia hispánica, pues antes de descubrir tu vocación, Dios te guía en el conocimiento de tus raíces y todas tus facetas. El estudio de España me llevó a un tomo de libros de caballería que había en mi casa recogiendo polvo. Lo he estado leyendo lentamente porque el español es antiguo y hay una gran cantidad de pies de página explicativos, pero sobretodo porque para involucrarse en la narrativa hay que cambiar de mentalidad. 

Gloria a Dios: Casi todo lo que la historia contemporánea desprecia y tergiversa es lo profundamente cristiano católico. Con toda razón, el Reino de Dios no es de este mundo.

Hasta ahora he estado leyendo la Historia de los nobles caballeros Oliveros de Castilla y Artús d'Algarbe. Se trata de los hijos del rey de Castilla y la reina de Algarbe que se convierten en hermanos tras la unión de sus padres. Ambos reyes son viudos, y se hace muchísimo énfasis en el amor y la fidelidad que le tenía cada quien a su esposo, tanto que por respeto no se casan con pompa. La historia sigue más que todo al caballero Oliveros, virtuoso y profundamente cristiano. No exagero... Sus hazañas son arraigadamente cristianas: desde pagar la deuda de un difunto para poder enterrarlo en tierras consagradas, hasta poner pena de muerte a cualquier soldado de su ejército que durante la toma de una ciudad (algo que también es justo), se atreva a tocar a una mujer. Oliveros toma prisioneros a los líderes enemigos, y los trata como los reyes que son, procurando razonar primero para el fin del conflicto. Él es humilde hasta los huesos, pero son sus actos los que hablan de su grandeza, él no tiene porqué hacerse propaganda, y jamás se cree su bondad y su capacidad de sacrificio. Hay pasajes en los que queda muy claro que Dios le da la fuerza, porque él es un frágil ser humano que no confía en sus méritos. 

Oliveros desposa a la bellísima princesa Helena de Inglaterra. La Inglaterra antes de la Reforma Protestante... Cuesta un poco imaginarla. Helena no es sólo muy hermosa. Me llamó la atención el perfil de mujer que es, porque soy también mujer, mujer de feminidad rota por haber nacido en este siglo podrido. Helena está siempre digna, conciente de su posición de princesa, pero a merced de la voluntad de su padre el rey. A pesar de amar a Oliveros a primera vista, Helena oculta sus sentimientos hasta que Oliveros junta los méritos y el rey decide por sí mismo comprometerla con él. Desde una cierta distancia, está siempre atenta y cuidando de su amado. Para enamorarlo se ocupa de ser virtuosa, porque él es un caballero virtuoso que crece en virtud para merecerla. 

¿Qué tal si así enamoráramos a nuestros hombres? Está comprobado a ciencia cierta que la mujer que no cede en virtud, gana el amor verdadero de un hombre que crecerá hasta ser digno de ella. He leído esos testimonios. 

No cuento la historia completa para invitarlos a que la lean. No niego que es un poco exagerado el estilo, y hay temáticas delicadas de moral, pero todo se resuelve cristianamente, se los aseguro. Si quieren hacerse una imagen certera de la Edad Media por favor, NO VEAN GAME OF THRONES NI LEAN "LOS PILARES DE LA TIERRA" O "EL NOMBRE DE LA ROSA". Si acaso lean las historias de tantos santos que dio aquel tiempo santo. 

El último mes

Mi querido y maltrecho Mac de segunda mano, que alegría me da estar acariciando tus suaves teclas, en comparación con las del enorme y profe...