lunes, 27 de mayo de 2019

Las nuevas generaciones

Supongo que esta será la primera de muchas entradas acerca de mis estudiantes. Doy clases de música a niños y jóvenes, y trabajo de forma individual o en grupos pequeños, lo que me permite tener un conocimiento más profundo de cada uno. Mi corta edad de adulto joven también propicia que los niños me tengan confianza, y procuro ser cercana a su mundo actualizándome en dibujos animados y en referencias de la cultura pop, todo porque me gusta poder hablarles en su idioma una que otra vez. 

Recientemente empecé a preparar a una chica de 17 años que ha elegido la música como profesión. Como las clases con ella son individuales, hemos construido una amistad bonita, y ya nos conocemos bastante bien.





Veo en ella muchas cosas de mí cuando tenía su edad, siendo yo 10 años mayor que ella. Una de las cosas que tenemos en común es el gusto por la lectura. Alguna vez hablamos de nuestros gustos literarios, y desde entonces nos mantenemos al tanto de nuestras lecturas. Hace un tiempo ella  empezó a leer "Satanás", de Mario Mendoza, una novela que jamás me ha llamado la atención, tanto así que no protesté alguna vez que una amiga me la resumió, así confirmé que nunca la iba a leer. Incluso en otra ocasión vi escenas de la película que le hicieron, y quedé muy perturbada. En fin, no quise llegarle a mi alumna con prejuicios morales y aburrirla con advertencias o sermones, le dije que ese autor y ese género no me gustaban para nada, pero que me fuera contando qué le parecía. Le aconsejé que lo terminara como quien asume el compromiso de terminar lo que empieza. 

Un día llegó a clase realmente alterada porque no se sentía capaz de terminar el libro, la trama se había vuelto demasiado cruda y malvada. La escuché desahogarse, un desahogo que incluyó escenas de la novela asquerosamente violentas y llenas de maldad, y luego le aconsejé que no lo terminara, y traté de convencerla de que no es de débiles escuchar a la conciencia y alejarse de algo que le está haciendo daño al cuerpo, la mente o el alma. 

No sé qué tan bien me haya salido el discurso... La verdad es que  después de escucharla me había dado dolor de cabeza, me había impresionado demasiado lo morboso y malintencionado de la novela. Todo el viaje vuelta a mi casa yo me sentía asqueada, luego el asco se convirtió en indignación, y luego en un ardiente celo, coraje de que haya material al alcance de "mis niños" pensado para quitarles la inocencia y la ilusión por la vida, casi que diseñado para causarles desesperanza, porque el argumento en "Satanás" es que el hombre es malvado, y esa maldad es la que siempre triunfa, sin importar nada. Llegué al apartamento a buscar en internet algún artículo que analizara y advirtiera los peligros de aquella novela, pero no encontré nada, al contrario, muchas alabanzas. 

Han pasado unas semanas, ella terminó el libro porque ese día solo le faltaban 4 páginas, y corroboró que acaba mal. Ahora está leyendo un libro que le presté. A mí se me pasó el asco, el tiempo borró las imágenes que me hice, y la vida diaria me distrajo. Sin embargo una cosa me ha quedado, y es el acto de mi alumna, que tuvo el valor de pedir consejo al respecto. 

A veces los mayores piensan que las nuevas generaciones son una masa que no piensa por sí misma, que acoge sin reflexión lo que los medios le ofrecen. He visto que pasa ahora, pero también lo viví referente a mi propia generación. Sé que pasa desde el siglo XX, cuando a través de los medios de comunicación una cultura pop se impuso, y se puso en un pedestal el mercado adolescente. Estoy en desacuerdo con ese juicio porque todos los días veo lo complejos y profundos que pueden ser los niños, y cómo hay una ley natural inscrita en sus corazones, solo hay que escucharlos para saber que ellos buscan la solidez, la guía, la Verdad. 








lunes, 22 de abril de 2019

La Pascua y los anhelos

Las personas que, más que solo creer, vivimos una fe, sabemos que no la tenemos fácil. Si en general la vida está llena de obstáculos, para nosotros no sólo se trata de vencerlos, sino de que nuestra fe se vea probada y al final sigamos siendo fieles. Y Dios nos prueba por el bien de nuestra alma, porque así crecemos y nos fortalecemos, profundizamos en el conocimiento de Él y su Creación, y de paso mostramos al mundo que sí hay recompensa, porque así es. 

Esta última parte me costaba creerla el año pasado. El desempleo había socavado todas mis relaciones: mi familia ya no tenía paciencia para mi "vagancia", y no nos podíamos casar aún con mi actual esposo porque ninguno tenía con qué vivir, nos sentíamos estancados en la relación.  Nos mantuvimos firmes en el cultivo de nuestra espiritualidad y mucha gente pensó que nos recostábamos en la fe sin hacer nada de nuestra parte, y que por eso no nos salía nada. No era cierto, buscamos oportunidades sin cansancio. Al contrario, se empezaba a sentir que nuestras oraciones no eran escuchadas, que no éramos correspondidos. Amar se hacía difícil, pero nosotros insistíamos. 

El pico de esta crisis coincidió con la Cuaresma y la Semana Santa del 2018. Luego, en la semana de Pascua, mi esposo consiguió el empleo perfecto, que no imaginábamos, en el que gana lo suficiente para que vivamos los dos. Yo también conseguí trabajar por horas, que más que ayudarme financieramente, me ayudó a salir del estado casi depresivo en el que estaba. En Pascua Dios nos mostró que la espera tenía un propósito práctico, en el sentido del empleo de mi marido, y a través de esto se vio cuán perfecta es su Voluntad y el esmero con que nos cuida. Nuestro anhelo de casarnos se cumplió, y somos felices. 




También hace poco vi como la Providencia cumple los anhelos. 

Hace poco mi fe fue probada con una tentación enorme y abrumadora, que no vi venir. No sólo mi fe sería probada, mi vida se iba a ver destruída si caía. Volver atrás iba a ser muy difícil, y reparar los daños, imposible; pero para vencerla iba a tener que renunciar a algo que me hacía inmensamente feliz: interpretar música sacra de voz y órgano. Vencer era romper completamente con el organista con el que trabajaba, personal y profesionalmente. Fue una decisión muy difícil porque no conocía a nadie más con quien pudiera trabajar, y perdí a uno de mis pocos verdaderos amigos. 

Ese sacrificio me dio muy duro. Pensé que tal vez había algo imperfecto en mi ofrenda a Dios cantando música sacra, y que si la Providencia no lo quería así, estaba bien aunque me doliera. Sin embargo, unos meses después apareció la oportunidad del coro en el que estoy ahora, con el que canté dos de las liturgias de la Semana Santa que acaba de pasar. Señor, Tú si querías que cantara, me diste gusto, cumpliste mi anhelo. 

En mi anterior entrada se puede leer que viví una Cuaresma de 5 años. Ya he salido por fin, mi Pascua ha comenzado, y algo bueno traerá esta Pascua del 2019. No es recomendable esperar algo a cambio de la práctica de la piedad, lo que sí puedo atestiguar a mi corta edad es que si uno ama por encima de todo, Dios provee, tal como en Mt. 6, 26-33. 






jueves, 21 de marzo de 2019

5 años, 3 miradas, en retrospectiva


Hace 5 años casi exactos recibí mi diploma de Músico. Lo recibí agotada físicamente, y con la sensación de que había tomado la decisión equivocada al elegir los énfasis que elegí: canto y composición. 

El último año de carrera mi desempeño no había sido muy bueno, y pensé que no sabía componer, y recién me gradué me di cuenta de que mi técnica vocal no era perfecta. A pesar de estar conflictuada e insegura de mis habilidades, me vi obligada a lanzarme a la vida profesional. 

Comencé dando clases particulares, también en una Escuela de Artes y cantando en un coro de música sacra de aficionados. Yo me veía a mí misma con desconfianza, y sólo deseaba solucionar mi vida personal, profundizar en mi espiritualidad, aliviar mi salud. Era un tiempo de transición en varios sentidos, y no se me había ocurrido retomar mis sueños, pensar a dónde quería llegar con mi profesión. 

Una segunda mirada se adicionaba a mi propia mirada introspectiva. Se trataba de algo que crecía como una sombra abrumadora que entorpecía mi visión: los inclementes juicios de mis familiares. Y no digo que esté mal preocuparse por las generaciones más jóvenes de la familia, y tampoco le veo nada de malo a la forma en que mis padres, tíos, abuelos y primos llevan sus propias vidas; sólo sé que ha sido muy duro cargar con la pretensión de que un oficio no ordinario funcione dentro de los parámetros de las profesiones más ordinarias. 

Sentía mucha presión, debía conseguir algo "estable", es decir: Un empleo de tiempo completo, bien pago y con prestaciones de ley. 

Pero a la vez no tenía idea de dónde buscarlo, porque no tenía claridad de qué quería hacer, o simplemente de qué se podía hacer. Pensé que el campo desde el que podría encontrar un trabajo así con más facilidad era el de la Musicología, y por eso me fui a hacer la maestría en Musicología en el exterior. 

Unas vez lejos de mi tierra y mi gente, vi clarísimo de nuevo que lo que me realizaba, lo que me permitía ser yo misma plenamente era cantar y componer. No había cometido ningún error en mi elección, solamente era joven... ¡¡Cuánta mentira hay en pensar que de las Universidades salen profesionales hechos, terminados a cabalidad!! Si aún queda el resto de la vida para que uno vaya dominando su oficio...

Una vez de vuelta me dediqué a estudiar por mi cuenta, a poner en práctica lo que sólo conocía en teoría, a cantar y a tocar. La música se debe interpretar mucho para que uno pueda comprenderla. Muchas horas dediqué a mejorar mis habilidades en el teclado, en el canto, en la armonización, en mi escucha. Y también pude compartir un poco más de mi proceso y mis habilidades, porque una tercera mirada apareció: la mirada expectante de los extraños del internet. Ellos no me ven como me veo yo, ni como me ve mi familia, no hay nada más refrescante. 

Esta semana en ensayo de coro, me di cuenta de cuánto he crecido como cantante. Acompañando a un estudiante de canto, vi cuánto he avanzado como pianista; y al escuchar una pieza me di cuenta de que sé cómo componer algo así. ¡¡Y sólo han pasado 5 años, que en toda una vida son muy poco, casi nada!! Me gradué en mis 20s, y todavía estoy en mis 20s. 

Después de 5 años, sigo dando clases particulares y en una Escuela de Artes, y canto en un coro de música sacra. Los de la segunda mirada pueden creer que estoy estancada, pero yo no lo veo así, y me siento satisfecha. Ahora doy clases no sólo de canto, sino también de piano, teoría, y dirijo un pequeño coro; y el coro en el que canto ya no es de aficionados, es de profesionales. No cambiaría absolutamente nada de lo que ha pasado estos 5 años, así me implicara una deuda de préstamo estudiantil abrumadora, desacuerdos y lágrimas en abundancia. 

Sigo buscando un ingreso estable para poder pagar mi deuda, pero con toda la certeza de que soy Cantante y Compositora. No abandono la idea de un "empleo estable", pero sé que puede no ser mi única opción. La forma de ganarme la vida que la Providencia disponga es un misterio, sólo sé que aunque paguen o no paguen, yo seguiré cantando y componiendo.   



martes, 12 de febrero de 2019

Mi debut fallido


Llevo ya 5 años cantando música sacra en misas. Primero estuve en varios coros, y estos dos últimos años fui solista con acompañamiento de órgano, provisto por un amigo. No obstante, por cuestiones de la vida, hoy en día no tengo organista acompañante. Es por eso que me propuse ser mi propia organista hace un par de meses, y me dediqué a sacar unas cuantas piezas fáciles y versátiles para cantar y tocar al tiempo. Me encanta cantar misas, no quería verme limitada y tener que dejar de hacerlo.  

Mi esposo también canta música sacra y con él cantamos mi primera misa como organista hace casi un mes. Con mucha disciplina me clavé a estudiar la parte del teclado todos los días las dos semanas previas al compromiso, y cuadramos los cantos de forma que nos turnábamos para cantar solos. Cuando llegó el momento, estaba muy nerviosa. La pieza de la entrada la acabé muy pronto, con el Kyrie no pude... Pero después me concentré y de ahí en adelante todo salió bastante bien. Varias personas nos felicitaron, y mi papá, que no sabía que era yo quien tocaba, estaba convencido de que el organista con el que solía trabajar estaba ahí. Habíamos estado ubicados en el coro de la capilla, que de forma tradicional es un balcón ubicado al fondo del recinto, nadie nos veía. 

Sin embargo, mi esposo tiene su trabajo (del cual vivimos), y si quería cantar la misa del día de Nuestra Señora de Lourdes, una advocación a la que le tengo mucho cariño, lo iba a tener que hacer sola. No me importó en el momento, y dos semanas antes me fui a mi parroquia a apartar el cupo para cantar la misa de 6:00 p.m. el 11 de Febrero. 

La semana anterior no pude dedicarme a practicar con la disciplina que quería, pero el fin de semana me clavé. Llegó la fecha (ayer), y durante el día traté de estar tranquila. Me alisté temprano, con la idea de llegar a probar sonido, dejar todo preparado y ensayar antes de la misa. Salí con mi teclado al hombro, y llegué 45 minutos antes al templo. 

Oh sorpresa. El templo estaba lleno y el coro, que es prácticamente al lado del altar, repleto de adultos mayores. Un Movimiento de esos de laicos había apartado el templo para hacer el Rosario, un hecho sumamente respetable, pero que a mí no me convino. Apenas estaban empezando el primer misterio cuando yo llegué. Me senté al lado del coro y me dispuse a rezar con ellos, pues no valía la pena devolverse, y quería instalarme lo más rápido posible cuando se fueran. 

Resumiendo, el Rosario se les alargó hasta tomar tiempo de la misa. Faltando 10 minutos para las 6:00, yo me instalé como pude entre aquel coro de adultos, y a duras penas pude conectarme al sonido del templo, cuando entró el padre. Los cantos me salieron terribles. Resultó que aquellos viejitos nunca se fueron de mi lado, y no sólo me pedían que arreglara el volumen del micrófono del padre, sin yo tener ni idea de cómo hacerlo, sino que comentaban entre sí que me veían muy nerviosa. En efecto, yo era un mar de nervios. La voz no me quería salir, luego no podía afinar, luego me salía un vibratto descontrolado, las manos me temblaban. En un par de piezas dejé de tocar el teclado porque me bloqueé y se me olvidó lo que estaba haciendo. Para colmo, jamás había visto yo tan llena de gente mi parroquia entre semana. Sentía que TODO el barrio me estaba viendo hacer el ridículo.

Cuando acabó la misa, no miré a nadie, entré a la sacristía y lloré un poco en el baño. Hace mucho que no fracasaba tan rotundamente en el ejercicio de mi oficio de músico. 

Dolida me encontró mi esposo y luego mi suegra, pues nos la encontramos de regreso al apartamento. Mi esposo me hizo caer en cuenta de que nunca había cantado ningún género en ninguna situación completamente sola frente a tanta gente. Siempre, desde la universidad, tuve algún acompañamiento instrumental hecho por otra persona o por varias, o estuve en bandas, grupos y coros. Todo el tiempo me grabo para YouTube tocando y cantando sin nadie más, y no es difícil ni traumático, pero es que la presencia de gente real golpea duro. 

Mi suegra me dijo que de humanos es equivocarse. Tiene toda la razón. Si hace mucho no fracasaba así es porque hace mucho no intentaba algo nuevo. Toda habilidad que uno empieza a adquirir pasa por ese proceso, con la práctica y la experiencia es que uno va mejorando. Así me pasó también con cantar, y luego con cantar música sacra, pues tuve que aprender una técnica diferente a la que me enseñaron en la carrera. 

Hoy, superada la conmoción de ayer, ya más reposadas las emociones, recordé algo que dijo un experto gregorianista, y recuerdo mucho que cuando lo escuché no lo tomé bien: Él decía que en la música para la liturgia, tocar o cantar perfecto no debía ser un afán, porque eso torcía nuestras intenciones, y más bien alimentaba nuestra vanidad. Si Nuestra Señora quiso tomar mi ofrenda así ayer, es porque así le agradó más. Sospecho que no tanto por la música como por el estado de mi alma: humillado. 

martes, 8 de enero de 2019

Los templos

Hablo de los templos católicos exclusivamente. 

La Fe Católica es la fe que profeso, la vida que vivo. Nadie debería estar sorprendido, porque soy muy abierta al respecto, y en varias de mis Impresiones hay apuntes sobre el tema. 

Pues bien, pasa en casi todas las familias, en algún momento de sus vidas o toda la vida, que no todos comparten las mismas creencias, a pesar de ser un fenómeno que no debe tener más de dos siglos. Es así que en mi casa no todos estamos de acuerdo, ni siquiera dentro del mismo lado, es más bien que cada uno está por su cuenta. No obstante, a los extremos estamos mi hermanita menor y yo, siendo yo "lo más católico" y ella "lo menos", si es que me hago entender. 

Ahora mismo ella está mochileando por el sur-occidente de Colombia, y de pura casualidad dio con el Santuario de Las Lajas. Nos contó que cuando lo vio no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas, y muy emocionada nos mandó fotos del templo por dentro y por fuera, de las placas que la gente manda hacer en agradecimiento por la gracia concedida, en fin. Me alegré muchísimo porque aún ella no había sido inmune a la belleza imponente de la Basílica.


Su experiencia me hizo el día, pero me puso un poco melancólica porque hace tiempo que no voy a misa a un templo bonito. Me puse a recordar los templos más sublimes y hermosos que he visitado: El Brompton Oratory, la Catedral de Westminster, la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá aquí en Colombia, la Catedral Primada de Colombia y la Basílica menor de Nuestra Señora de Lourdes aquí mismo en Bogotá. En estos templos me sentí en el Cielo, pues viendo la magnificencia de la arquitectura, la corte de ángeles, la corte de santos y como centro de todo el espacio el Santísimo Sacramento rodeado de la mayor gloria visual posible, se hace uno idea de lo que sería la visión beatífica. 


Las cosas como son: las parroquias de barrio más modernas son austeras si no feas, y así ocurre en mi barrio. A lo hecho pecho, le debo mucho a mi parroquia y la atesoro en mi corazón, tanto que allí me casé. Pero no sobra peregrinar a un templo bello periódicamente, un templo que reboce de arte que dignifique la Casa de Dios, pues eso es lo que literalmente es el templo.

No sólo la belleza del templo me ha hecho sentir más cerca del Cielo, también está la belleza de la Liturgia, y sé que muchas personas jóvenes en estos últimos años han caído vencidos por la belleza de la Misa Tridentina, la de antes del Concilio Vaticano II, porque es más solemne, digna, y ante todo, humillante, en tanto que uno siente lo poco que es en comparación con el milagro de Jesucristo hecho pan. Así me sucede a mí. 

Sé que esto ya debe estar dicho, y por varias personas, pero hacer que la belleza no es importante en nuestra Iglesia y más aún en la evangelización, es un gravísimo error. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

La pintura del barco

Hace un mes tuve que cantar uno de esos matrimonios en los que cada aspecto se realiza con el mayor esmero. Así lo esperaban de la música de la ceremonia, y es por esto que pidieron un formato instrumental grande y pagaron muy bien. Durante un mes, tuve de invitados colegas músicos, quienes fueron de las primeras personas en conocer nuestro apartamento de recién casados.

Hay una característica que da a este espacio la sensación de ser vivido y apropiado por nosotros, y es que tenemos cuadros en todas las paredes, sobretodo en la sala-comedor. Y no es que seamos coleccionistas, es más, no pagamos ni por una sola de las pinturas: son regalos de mi hermana, mi abuelita y una tía, de distintos momentos de mi vida, pues las tres pintan y en las paredes de los apartamentos de muchos parientes se puede atestiguar y leer su proceso artístico.

En la sala sólo hay cuadros de mi abuelita. Ella es paisajista, se dedica a hacer paisajes de bosques y lagos sobre todo, y en las cuatro pinturas que adornan la sala hay dos de estos, pero también uno del mar golpeando las rocas, y esta otra escena que pondré a continuación:


Pues bien, la violinista del grupo para el matrimonio que mencioné quedó prendada de este cuadro, y más adelante, el hermano del novio también preguntó acerca de él cuando lo vio. La chica quiso comprar una escena similar, y con este propósito estuve visitando a mi abuelita y viendo lo que no tiene vendido, pero resultó que solamente hizo dos pinturas con esta temática, una la tiene un tío y la otra es la mía. El chico preguntó si sabía qué significaba el cuadro, qué estaba pensando mi abuelita cuando lo hizo. 

Hace tiempo que no pensaba en esta obra de arte, y en lo personal, la del mar contra las rocas me toca más, porque el mar tiene tonos morados, mi color favorito, y pues bueno, en este momento de mi vida el mar contra las rocas tiene más significado que la barca. Me ha llamado mucho la atención que entre una sala que parece una galería, el barco haya cautivado así a dos personas. Cuando lo recibí de adolescente, me parecía una escena triste, y que el mar estaba crispado y turbulento, pero ahora sólo me parece una escena de melancolía, de soledad resignada. 

Me gustaría mucho saber, ¿Cuáles son sus impresiones acerca de este cuadro? 

jueves, 20 de septiembre de 2018

Aridez

Recientemente he subido una de mis canciones, la única de todas las que he subido hasta ahora que no he presentado en ningún concurso; que incluso unas pocas personas de confianza conocían. Se llama Aridez, y se trata de aquellos momentos en los que, no es que uno no sienta la presencia de Dios, sino que le es incómoda, porque uno sabe que no está haciendo las cosas bien y no es capaz de responder. 



El texto viene una vez más de la Liturgia de las Horas, y como era el Himno, no tenía título. Le puse Aridez porque la situación que evoca es una forma de "desierto" espiritual. La música la compuse cuando estaba estudiando composición, y recién comenzábamos a ver la armonía cuartal. Esta fue una de las primerísimas piezas con las que exploré la armonía cuartal y el minimalismo, que son elementos característicos de mi estilo ahora. La letra que le había puesto en ese entonces era extraña y oscura, dedicada a un compañero de estudio del que estaba muy enamorada, pero que no me correspondía aún conociendo mis sentimientos. No me costó nada remplazarla porque era muy mala, y hace tiempo que no me identificaba con ella. 

Con este nuevo texto sí que me identifico. La recordé hace unos días porque precisamente había pasado todo el día dedicada a evadir mis responsabilidades y a ver televisión descaradamente, cuando sonó la alarma del Ángelus, y me sentía pésimo para orar, estaba muy untada de mundo y de molicie. Entonces quise dedicarle esta canción a mi Creador, que tan generoso y alcahueta es conmigo, para serle completamente sincera. Una vez hecho el acto de humildad y pedido el perdón que está contenido en este himno, me sentí mucho mejor para retomar la vida de piedad. 

jueves, 26 de julio de 2018

Nuevas perspectivas sobre la modestia

Hace más o menos un año escribí un artículo acerca de la modestia, de mi interpretación y cómo la fui integrando a mi vida. Comparto el link para contextualizar:


Lo estaba releyendo, y no está nada mal, sin embargo, como los seres humanos nunca dejamos de crecer, he aprendido aún más sobre la modestia y me gustaría compartir estas nuevas reflexiones.

Todo empezó porque estaba escuchando un capítulo de un podcast de apologética en inglés, que prometía abordar temas como el maquillaje y la cirugía plástica, como quien dice pensado para el público femenino. Es por esta razón que el anfitrión había buscado el apoyo de una invitada, una mujer. La decisión fue algo sensato, porque él tenía serios malentendidos y escrúpulos exagerados con respecto al maquillaje, y a mí me encanta maquillarme, no porque lo utilice para deformar por completo mi rostro o esconder algún tipo de realidad y engañar, sólo me gusta realzar mis ojos y mis labios.

Afortunadamente la chica defendió el uso moderado del maquillaje, y salvó el podcast de que yo dejara de escucharlo movida por la indignación. Aquella sabia mujer estaba inspirada, y de sus explicaciones, respaldadas en Santo Tomás de Aquino, aprendí algo que me resonó con fuerza en la cabeza y me facilitó atar un montón de cabos:


La modestia se trata de vestirse y comportarse acorde al ambiente en el que se va a encontrar uno.




A veces el asunto se reduce a vestir apropiadamente para la santa misa, que si, debe ser de forma respetuosa, seria y solemne, porque uno se va a encontrar en la casa de Dios frente a la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía... Pero hay millones de ejemplos en los que no se suele aplicar la modestia a los que no se les pone tanta atención: Si va a hacer sol, ponerse un sombrero es modesto; si hace frío, ponerse una bufanda es modesto. Si uno va a estar al aire libre no se va a ir vestido de blanco, porque el mugre se va a notar y sería inmodesto; si uno tiene que pasearse por un barrio humilde, no se va a llevar la ropa más cara y todas las alhajas para presumir su riqueza, es inmodesto. Para las entrevistas de trabajo sí que se piensa en esto, pero ¿será que sí para todo lo demás?

Adicionalmente, esa pequeña lección tiene otra cara, y es la de adaptarse al tiempo y al lugar. En esta cara fallan muchas de las almas más escrupulosas, y por eso es tan difícil para la mayoría de las mujeres ajustarse a los estándares de los ambientes más tradicionalistas. Me explico: Si vivimos en el siglo XXI, por más podrido que parezca estar, no podemos simplemente vestir como en el siglo XII, esto causa división, causa una distinción innecesaria que raya con la pretensión. Y la pretensión es de lo más inmodesto que hay porque es soberbia. Dentro del estilo de vestir de esta época hay opciones modestas, en el sentido de cubrir con pudor, como en los ejemplos que mostré en el artículo anterior; y también hay opciones para todo tipo de situaciones. 

Esto también aplica a la costumbre de que la mujer ha de cubrirse la cabeza en el templo que tienen las comunidades más tradicionales. El velo o mantilla no se ha usado desde los tiempos de Jesús, ni siquiera es algo del el siglo XIX. Las mujeres en los años 50 adoptaron la mantilla para remplazar el sombrero o tocado, que fue lo que se usó hasta esa década. En los años 50 ya no era la tendencia el sombrero, fue una decisión de moda. Es por esta misma razón que en esta década no tiene sentido exigirles a las mujeres que usen mantilla estrictamente, en vez de una boina o un gorro, que son prendas de este contexto histórico. Lo más curioso es que en las comunidades europeas no vi esa fiebre y escrúpulo de la mantilla como si la he visto aquí... 

¿Qué tal si revisamos nuestro armario? Tal vez esté lleno de ropa apropiada para misa o para hacer deporte, o para estar en la casa, pero carente de ropa para dar un paseo al sol o para una invitación a tomar onces en la tarde-noche. Concluyo lo mismo que en mi primer artículo del tema: la modestia es darle la dignidad que tiene a nuestro cuerpo. 






miércoles, 27 de junio de 2018

Fiebre de bandola

La vida de casada ha traído sus retos, pues no podría tratar de negar que, como trabajo por horas dando clases de música, la mayor parte del tiempo soy ama de casa, y distribuyo mi tiempo entre el oficio de la casa y mis proyectos personales como músico que soy de profesión. Antes de casarme me trasnochaba chateando con mi prometido y me levantaba tarde todos los días, porque las clases que doy son en la tarde. Ahora que vivimos juntos, no tenemos que trasnochar chateando, y nos vamos a dormir a la hora precisa para que él madrugue a trabajar. Me levanto entonces a preparar el desayuno y a acompañarlo mientras se alista, y me queda un día bastante más largo que de costumbre en mi vida de soltera. 

Pensé que ese tiempo extra me lo gastaría en las labores domésticas, pero lo cierto es que aún así me sigue sobrando. Ayer, en el colmo de la pereza y el despilfarro, estuve clavada más de dos horas al YouTube, viendo uno tras otro videos de 20 minutos, 40 minutos, etc., como quien antaño canaleaba frente al televisor. Almorcé y tuve que salir un momento, y cuando volví todavía faltaban dos horas para que mi esposo llegara a la casa. Me dije que ese tiempo sí tenía que ser bien aprovechado como fuera, y recordé que hace tiempo tenía pendiente leer un artículo de un musicólogo sobre el instrumento que aquí en Colombia llamamos "bandola", o "bandola andina", para diferenciarla de la "bandola llanera".



Hace más de 10 años tocaba la bandola en la Estudiantina de mi colegio, en la que no sólo era yo de las únicas dos mujeres en un grupo de alrededor de 20, sino que era la peor bandolista. Sin embargo, el instrumento me causaba una especie de fascinación romántica por su forma de laúd pequeño, y en mi cumpleaños de 16 pedí que me regalaran una. Supongo que la última vez que la toqué fue hace 10 años, porque la abandoné por completo cuando llegaron otros intereses, y la tenía arrinconada acumulando polvo.

Hace dos años, haciendo un trabajo para la maestría, encontré este artículo que mostraba a través de imágenes la evolución del instrumento hasta lo que es hoy, pero como no era relevante para mí en ese momento, lo puse en mi lista de lectura libre, porque sí me interesaba. En fin... Ayer se me presentaron las dos horas perfectas para leerme el artículo en una sentada y salir de eso después de dos años de tenerlo ahí. Y sí... Como me pasa siempre que leo algo de historia de mi país, me embargaron los sentimientos románticos de nostalgia patriótica de pensar que este pequeño instrumentito melódico me conecta con otras generaciones y reafirma en mi identidad como colombiana. 

Siempre me ha inquietado el pasado de mi familia, porque de antes de mis bisabuelos no sé nada, porque nadie sabe nada. Con la madurez me he ido adaptando a la idea de que debo descender de humildes y honestos peoncillos donnadies, no obstante y según el artículo, de algo puedo estar segura, y es de que bailaron al compás de música acompañada por bandolas. No es descabellado imaginar que varios de mis parientes tocaron el instrumento también, y hasta con gran virtuosismo, o con gran sentimiento... Si son antepasados míos es más probable que tocaran con pasión que con virtuosismo. 

Leí las últimas páginas del artículo de afán, porque me estaba muriendo por abrir el empolvado estuche de mi bandolita para contemplarla y tocarla. La negligencia era tal que no había primeras cuerdas, pero bueno, la medio afiné, intenté tocar escalas y lo logré. Llegó mi esposo, me apresuré a saludarlo y a comer con él, y volví a mi bandola. Una hora estuve dándole anoche, otra hora esta mañana que no fue más porque mis dedos no están acostumbrados y se resienten, y probablemente esta noche me engome otro rato. La situación ha cambiado mucho desde que tenía 14 años: Ya sé leer partituras, y he cogido técnica y callo por tocar tiple, un instrumento con el que me obsesioné a los 21 años. Por estas razones he podido tocar la bandola fácilmente y con cierta fluidez. 

Pero bueno... ¿Qué rayos significa esto? ¿De qué me sirve tocar bandola hoy en día, que no tengo ensamble al cual unirme como bandolista? ¿Si yo soy cantante? Si últimamente me dedico a la música sacra y a mi propio repertorio... ¿Dónde encajaré esta maravilla? Ya veremos qué me ingenio. 

jueves, 3 de mayo de 2018

Tiempo

He estado haciendo públicas cada una de las canciones que ya están registradas en el asunto de Derechos de Autor, y aprovecho este blog para presentarlas una por una. La única que me falta que, al igual que "De la vida en la arena" y "Un paso más", fue compuesta para un concurso al que no pasé tampoco, se titula "Tiempo". 


La convocatoria obligaba a que implementara algún aire de la música andina colombiana, y escogí los principios rítmicos del bambuco. Sin embargo, no pude evitar que quedara marcadamente de mi estilo, a pesar del recurso rítmico inusual. Utilicé progresiones que se repiten una y otra vez como en el pop, que es lo que acostumbro y me fluye, y en el estilo de cantar fui también fiel a mi misma, porque se habría notado si quisiera haber pretendido otra cosa. 

La letra si es algo curiosa... En esos días andaba muy filosófica y con el usual tedio del estanco financiero y profesional del que habla "Un paso más". En el caso de "Tiempo", reflexiono alrededor del hecho de que los valores y convicciones tan fuertes que tengo me han cerrado puertas en gran medida a lo largo de mi vida, y que a pesar de los golpes que me he dado hasta ahora, sigo persiguiendo un ideal que está muy arraigado y siempre presente; en contra de viento y marea. 

No es que no negocie porque no quiero, o por terquedad... No es que no lo haya considerado... Supongo que en mi pesa mucho la lealtad, y es también una cuestión de llamado. A lo que es llamado uno es en lo que uno se va a sentir más feliz. 

Espero que disfruten la canción. 

martes, 17 de abril de 2018

De la vida en la arena


"De la vida en la arena" es el primer verso de un himno que se encuentra en las Vísperas o Completas de un día que no recuerdo, y de hecho no decía quien es su autor. Yo solo sé que cuando vivía sola en otro país, lejos de todo lo que me era familiar y me daba seguridad, este himno me consoló enormemente. 

Cuando llegué a Inglaterra a estudiar la maestría me agobiaban pesadillas la mayoría de las noches, y me acostaba a dormir con miedo, como un niño pequeño. Sabía que un remedio infalible era orar, pero no sabiendo muy bien cómo hacerlo para obtener los resultados que necesitaba, me confié en el vasto tesoro milenario de la espiritualidad de la Iglesia Católica, y resolví empezar a hacer la Liturgia de las Horas: Laudes y Vísperas y a veces Completas. 

No sólo me sentí mucho mejor, trabajé mi intimidad con Dios, y las pesadillas se detuvieron, sino que quedé fascinada por el nivel de calidad poética de los himnos. Los himnos no son los mismos salmos que encuentra uno en la Biblia, son por lo general textos de doctores de la Iglesia o santos. Quien esté más enterado me corregirá. Como me encanta la poesía, me dediqué a coleccionar los himnos que más me gustaban en un cuadernito. Luego, recordando al piano composiciones que ya tenía, me di cuenta de que a esta música le iba perfecta este himno, porque la música se mece como el mar. 

Hace año y medio participé con esta canción en un concurso, en el que tampoco gané nada. Pero incluso mis contendientes me dijeron que nunca habían escuchado nada igual. Es una canción que apacigua y tranquiliza, casi como una canción de cuna para el alma, y así me funciona. Espero que la canción siembre la inquietud de revisar y rezar la Liturgia de las Horas, que pertenece a la espiritualidad de los monasterios, pero que muchos laicos de todo el mundo encontramos como nuestra forma de orar favorita. 

El último mes

Mi querido y maltrecho Mac de segunda mano, que alegría me da estar acariciando tus suaves teclas, en comparación con las del enorme y profe...