viernes, 15 de enero de 2021
Los tipos de voz mezcla
domingo, 15 de noviembre de 2020
Experiencias recientes
Hace 4 años recibí mi diploma de la maestría y me concentré en la tarea de buscar cómo ganarme la vida. No digo que me concentré en buscar un trabajo estable, porque no es así: todo el tiempo estoy en esa búsqueda, pero también he explorado formas de procurarme yo misma mis ganancias, como con mis clases particulares, haciendo conciertos por ahí, con trabajos de edición de música, o vendiendo mis tejidos. Ha habido meses en que me ha ido muy bien, otros meses lucho muchísimo por hacerme algo, y voy a muchas entrevistas tras las cuales no me vuelven a llamar.
Hay días en que me invade una tremenda zozobra porque tengo una deuda con el gobierno muy grande por la maestría, y casi que me ha sido imposible pagar las cuotas. Otros días me dedico a vivir normalmente y ni recuerdo. Pero es verdad que siempre que hago oración, u oramos con mi esposo, pedimos a Dios que nos conceda quedar libres de nuestras deudas, y yo adiciono en mi mente: que pueda asumir mis deudas y pagarlas con dinero ganado honestamente. Sé que mi mamá, mi abuelita, y otras personas también hacen esta petición. Ya desde hace 4 años...
El gobierno nos concedió una prórroga de mi deuda por la contingencia, y como tengo Octubre, Noviembre y Diciembre sin recordatorios agobiantes al respecto, he podido respirar. Tuve una entrevista hace tres semanas para trabajar en un colegio, pero desde entonces no me han contactado. Al mismo tiempo, me pidieron que cantara en un coro litúrgico pequeño, y como tengo el tiempo accedí. Es en una comunidad de Misa Tridentina, el rito extraordinario, que a mi esposo y a mí nos gusta mucho. Sabíamos que en la comunidad son muy unidos y siempre nos habíamos sentido por fuera, no en un mal sentido, simplemente no conocíamos a nadie. No obstante, les doy clases de música a niñas de algunas familias de allá, y así fuimos a dar en el coro. Llevamos tres semanas, hemos cantado cuatro misas, y yo ya siento un cambio fuertísimo en mí.
Como sigo siendo dueña de mi tiempo, he podido conocer mejor a varias familias que me han abierto las puertas de sus casas, ya sea para que les enseñe música, o a tejer. También he podido conocer personalmente a cada miembro del coro porque ellos mismos se han ocupado de dedicarme momentos para charlar, con amabilidad y soltura.
Desde hace un tiempo me he sentido cada vez más alejada de mi familia, excepto de mi mamá. No tengo nada en común con mis hermanas, tíos y primos en general, y siento una ruptura desde hace mucho. Tal vez fui yo, tal vez yo me cerré, no estoy segura... Pero tampoco siento mucho interés en mí de parte de nadie. La recepción de parte de estas nuevas personas me hizo recordar lo que es la familia otra vez, la genuina generosidad, el interés gratuito en uno. La caridad se desparrama en estas familias, y no me salpica, me emparama.
Recientemente me he sentido plena y tranquila, como si no hubiera nada más en el mundo que la Santa Misa y esta comunidad... Nada más que el deseo de despreciar lo que ofrece esta época maluca y vivir como si sólo se tuviera el Cielo en la mira, sin necesidad de girar en torno a una deuda o a ideales terrenales que nunca voy cumplir. Parece una locura que Dios en su infinita sabiduría disponga de mi tiempo libre para que visite familias fieles y virtuosas, ofreciéndole mi voz gratis en la Santa Misa; cuando lo que le he pedido es un trabajo formal, al que dedicar todo el día para ganar lo correspondiente a lo que debo, en el que no me quede tiempo de pensar en cosas santas. Bueno... Cuando uno lo dice es muy lógico.
domingo, 11 de octubre de 2020
Proyecto final del curso de Introducción al Storytelling
Una de las cosas que hice durante el encierro fue un curso de Introducción al Storytelling, orientado al marketing. Me llamó la atención porque me gusta mucho escribir.
El curso giró en torno a 5 relatos para darse a conocer mejor y dar a entender lo que uno hace como profesional o marca. Pero había un sexto relato: el que se saca en caso de emergencia, el que se usa cuando uno ve que no se está haciendo entender y toca devolverse y emplear la empatía para recuperar la atención de la audiencia: el relato "sé lo que estás pensando".
Mi proyecto final del curso fue un relato "Sé lo que estás pensando" de mí para mí, porque hay momentos en la vida en que uno no sabe muy bien para dónde va, y toca dar dos pasos atrás, tratar de comprenderse y retomar.
Aquí lo comparto:
Te veo que vacilas, y sé lo que estás pensando: ya pronto cumplirás 30 y esta no es la vida que imaginaste. Pudiste estudiar música porque tus padres vieron que eras buena estudiante y que tu disciplina y sentido de la responsabilidad te sacarían adelante, y entraste joven a la universidad, con un sueño en el bolsillo que no compartiste con nadie. La voluntad no alcanzó para mantener la mirada fija en el objetivo, y cuando llegaron los obstáculos, simplemente cambiaste el rumbo: No tenías el carisma para ser cantante, y te fuiste a composición; no tenías la audacia para ser compositora, hiciste una maestría en musicología; pero quedaste tan hastiada que no le has dado la oportunidad a la musicología.
Pude ver que tus propios relatos no te convencieron. No sabes muy bien lo que quieres, lo leí a la perfección porque soy tú. Dadas las circunstancias, deberíamos empezar de cero. ¿Qué tal si sacas de tu bolsillo ese sueño con el que entraste a estudiar música y vemos como lo podrías retomar?
La música sí es tu vocación, mira todo lo que has hecho, a pesar de no perseverar. ¿Qué tal si probaras perseverar más tiempo en cada cosa?
viernes, 4 de septiembre de 2020
"Wondering"
La canción más antigua que tengo publicada en YouTube es "Wondering", compuesta en el 2012. Las otras canciones han llegado a sus versiones definitivas entre 2015 y 2019.
Esta canción está directamente relacionada con la historia de mi tiple, que cuento más en detalle aquí: https://impresionesceballina.blogspot.com/2020/07/mi-historia-con-el-tiple. La base armónica fue de esas cosas que resultaron de molestar con el tiple, apenas tuve uno en mis manos, y la letra... Bueno, se trata de una historia interesante.
Cuando era adolescente era muy enamoradiza, sobretodo porque la cosa nunca pasaba de ser platónica, pero cuando empecé a tener novios, puedo decir viéndolo en retrospectiva, que rara vez me enamoré. Mi primer novio fue un gran amor, algo maravilloso que siempre atesoraré; y mi esposo es el amor de mi vida, tanto que quise pasar el resto de mi vida con él. Pero aparte de ellos dos, que fueron el primero y el definitivo, hubo un amor entre esas personas que están en el medio.
En el grupo con el que estudiaba en la universidad, hubo alguien que resaltaba mucho para mí por su inteligencia y una dignidad especial que daba la impresión de que no era exactamente joven, un aire atemporal que también tiene mi esposo y que me atrae muchísimo. De forma muy natural comenzamos a ser amigos, y lo que al principio fue simpatía de colegas, fue derivando en una relación muy profunda porque nos parecíamos. Él era varios años mayor que yo, y no compartíamos casi gustos ni intereses, de hecho éramos bastante opuestos en eso; pero nos correspondíamos en inteligencia, por lo que la comunicación era muy rica y libre, y en ese interés de querer ir más allá siempre del presente, de las apariencias, de la materia.
Yo lo admiraba muchísimo, todo en él me parecía fascinante e irreprochable, y me enamoré... Pero me enamoré MAL... No hacía sino pensar en él, y en lo felices que sabía que seríamos juntos, y soñaba y suspiraba, y la idea estar juntos ya me hacía sentir plena, realizada, mejor persona. Cuando no podía más estallé y confesé mis sentimientos, pero no fui correspondida. Él no quería lo mismo que yo.
Eso me dolió, aunque no fue un dolor muy grave porque sabía que él iba a ceder en algún momento, y por eso escribí esta canción, "wondering", planteando acciones muy poéticas que pudieran hacer que me hiciera caso. En la letra se nota la intensidad de lo que sentía.
viernes, 7 de agosto de 2020
Música para escuchar, para estudiar e interpretar
Entre mis aventuras de cuarentena en Bogotá están: primero, aquello de tener que aguantar músicos en la calle que te obligan a escucharlos desde tu casa, no importa si estás dictando clase de música o ensayando tu propio repertorio, ellos irrumpen con sus parlantes a todo volumen y hay que sufrirlos, ya sea porque la calidad de la interpretación es mala, ya sea porque simplemente el género no es del gusto de uno. Segundo, discusiones que he tenido acerca del valor de la música hecha por aficionados pero con amor.
Los dos temas me han traído de vuelta a algo que venía pensando hace tiempo: que debo distinguir entre la música que me gusta escuchar, la que me gusta para tocar, y la que me gusta para estudiar y mejorar mi técnica, pues me salen facetas diferentes como músico: la de "consumidora", la de "artista" y la de "estudiante".
Voy a empezar con la polémica de la música hecha por aficionados. Ellos argumentan que es mucho lo que les aporta la música aprendiendo a interpretarla, lo cual entiendo a la perfección porque soy profe. Es hermoso ver cómo los estudiantes, o las personas que no saben y hacen música como pueden (ej: coros de parroquia), le ponen todo el compromiso y la pasión, y van creciendo con el tiempo en su técnica e interpretación. Yo misma me encuentro ahí en mis estudios de instrumentos que no son la voz, y me encanta saber que por fin puedo tocar Bach en el piano, así no sea una interpretación de concierto, es algo que me hace sentir realizada, y que crezco en la técnica de teclado y en virtudes como la disciplina; Es mi faceta de "estudiante". Pero eso no significa que vaya a poner las grabaciones de mis estudiantes o del coro de la parroquia en la casa para entretenerme o relajarme, porque todo el tiempo voy a estar preocupada de que no lo hacen perfecto y no voy a disfrutar la música como tal. Tampoco quisiera poner los trabajos para teclado de Bach, me gustan para tocarlos, pero no para escucharlos, y esto sí es cuestión de gustos.
Debo decir que no pondría para relajarme mis propias canciones, o mis covers. Es más, hace años que no oigo las canciones de las que tengo covers, porque las escuché demasiado para sacarlas, adicional a que en algún momento mi versión comenzó a distar mucho de la original. Cuando toco mis propias versiones vuelco mis emociones y todo mi interior en ellas y las canto como si las hubiese escrito. Cuando necesito de esas canciones, y de mis propias canciones, necesito cantarlas yo misma, no escucharlas, porque debo sacar eso que siento para sublimarlo y liberarlo, porque una emoción que me hace sacar o componer una canción es demasiado fuerte para contentarse con escuchar, o no existe canción que la exprese. Al menos así me pasa a mí. Aquí soy yo como "artista".
Entonces para escuchar, me gusta cierta música, que puede o no ser compatible con lo que estudio o interpreto, pero que tiene que ser bien interpretada o producida, la calidad debe permitirme disfrutarla como lo que es, sin tener que fijarme en asuntos técnicos. Y puede que además, haya música que me gusta especialmente en vivo, en espectáculo, como son las papayeras, por ejemplo, y la música sinfónica, que prefiero mil veces en concierto que en grabación, porque esos tambores y gaitas, y esas cuerdas y vientos me atraviesan con la plenitud de su sonido de una forma sobrecogedora, lo cual sólo es posible si uno está al lado. Aquí soy yo como "consumidora". Supongo que entre los músicos lo que hacemos es que bebemos de otros en una especie de círculo solidario: alguien hace la música que tú amas escuchar, y otra persona ama escuchar la música que tú haces.
Hay músicas en la que sí convergen varios de los mundos: Me encanta escuchar y estudiar a Dowland; me encanta estudiar, interpretar y escuchar lo vocal de Bach; me encanta escuchar y sacar pop hecho por hombres, me encanta estudiar e interpretar el canto gregoriano, y me encanta escuchar y estudiar los corales de la música sacra cecilianista.
Me gustaría saber si a mis colegas músicos les pasa algo similar... O si sólo soy yo.
lunes, 13 de julio de 2020
Mi historia con el tiple
lunes, 8 de junio de 2020
"Nuevo hoy"
Busqué consuelo en la Iglesia, y Dios me lo concedió de forma tan puntual y tan abundante, que no pude seguir pretendiendo que me importaba más lo que pensaran los demás, quería ser completamente honesta con mi fe, como debía ser. Dios no sólo me sanó, sino que al poco tiempo conocí a mi esposo, de fe como yo, y ya llevamos dos años de casados.
Cada vez que escucho esta canción me alegro muchísimo, porque he sido muy afortunada.
viernes, 15 de mayo de 2020
Querer cantar, saber cantar, aprender a cantar
Lucho un poco y de forma muy suave con este tipo de estudiante, que además quiere ver resultados inmediatos, pero a sus espaldas comento si de verdad querrá aprender a cantar...
sábado, 18 de abril de 2020
Historias de la vida beauty en cuarentena
miércoles, 4 de marzo de 2020
Canciones determinantes: Clocks
viernes, 21 de febrero de 2020
La libreta
El último mes
Mi querido y maltrecho Mac de segunda mano, que alegría me da estar acariciando tus suaves teclas, en comparación con las del enorme y profe...
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En la búsqueda de mi verdadera vocación m e topé con el hecho de que cada día de mi vida , estoy buscando discernir y disting uir la v...
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Para que dé su fruto el día y la mañana dé provecho ¡Hay que llenarnos de alegría y henchirnos de música el pecho! Para llenar la troj ...
