lunes, 30 de octubre de 2017

Cantar por la calle

Hace poco más de dos años estaba preparando todo para irme a estudiar la maestría en Inglaterra, y el estrés me bajó las defensas y perdí la voz unas tres semanas antes de viajar. Incluso presenté la entrevista para la visa en plena disfonía, y tardé en recuperar la voz para hablar como 15 días. Ni se diga la voz para cantar... Cuando llegué a las frías islas británicas no podía cantar, no sólo porque no tenía voz, sino porque no me nacía, no me sentía cómoda del todo, y eso que yo era de esas personas que se la pasaba cantando todo el tiempo, sobretodo cuando iba caminando por la calle. 

Todo aquel año en el extranjero me privé de cantar en la calle, a pesar de que fui recuperando la voz e hice parte de coros, y también canté bastante en la ducha y en la cocina. Cuando volví a Colombia hace un año, fui víctima de dos robos a mano armada, y perdí por completo la soltura y la confianza en "el afuera": así le llamo ahora a doquiera que es fuera de una casa, así sea dentro de un local o centro comercial.

Sin embargo, el otro día salí de mi casa y en seguida comencé a cantar cualquier canción, como si no tuviera ningún control sobre la acción, y me sorprendí mucho. Me sorprendí sobretodo porque me dí cuenta de que mi voz "pop" ha mejorado, a fuerza del trabajo como cantante lírica. Desde entonces me ha pasado más seguido que me pillo a mí misma cantando por ahí mientras voy caminando, y es increíble el efecto que tiene, es como comenzar el día con el pie derecho (izquierdo en mi caso, porque soy zurda). 

Pensando en eso recordé una frase que había leído de R. L. Stevenson, que dice:


"Todo el que es feliz tiene el impulso de cantar, sepa hacerlo o no."


Una frase muy simple, pero que sólo comprendí hasta ahora. Cuando uno es tan joven como yo lo he sido toda mi vida, pues apenas estoy en la mitad de mis 20, no se percata mucho de que es feliz, y eso que siempre tuve reputación de ser alegre, pero con un toque melancólico. Es cuando la vida se torna un poco más compleja que uno empieza a hacer conciencia de ello, no obstante, yo estoy en un momento difícil de mi vida: No tengo un empleo ni una situación económica estable, mi prometido tampoco y no hemos podido casarnos; la relación que llevo con mi familia es apenas cordial, debido a nuestras abismales diferencias políticas; no estoy en buenos términos con la familia de mi novio; con el coro no estamos en el estado más óptimo entre nosotros; etc. 

Procedo a preguntarme entonces ¿Soy feliz? La respuesta yace en un consejo que le daba a una amiga el otro día: hay que vivir las batallas del día, porque cada día trae su afán. De este modo he estado viviendo y en ello encuentro tranquilidad y felicidad. Tengo planes a largo plazo y acciones que siempre van pensadas a algo mayor, pero me concentro en sacar cada día un grupo de tareas que me he puesto y en ser fiel a mi rutina humana y espiritual. En resumen, en aprovechar cada una de las 24 horas, aún las de sueño, porque me gusta darle al sueño la importancia y las horas que garantizan una buena salud. 

Hace unos meses la incertidumbre me consumía. El no saber cómo iba a salir adelante, cómo íbamos a poder casarnos con mi prometido y la lentitud del progreso de mis iniciativas personales como este blog, casi me hacen caer en un estado de desesperación. Sin embargo, en la vida de oración vi claramente que mi vida no me pertenece, y que si es poco lo que puedo hacer, eso poco haré mientras espero en Dios. Luego me consagré a María, para que ella saque el mayor provecho de mi pequeña vida, y por eso estoy tan satisfecha.


viernes, 15 de septiembre de 2017

Acerca de qué escuchar por la calle

El mes pasado escribí acerca de lo que ha sido para mí redescubrir la posibilidad de escuchar música con audífonos cuando voy por la calle, y me comprometí a contarles un poco acerca de cómo era el asunto cuando era adolescente y cómo ha sido últimamente. 

Pues bien, he escuchado bastante uno de los álbumes que más escuchaba hace diez años: El MTV Unplugged del cantante Diego Torres, que fue un hit en la época y tuvo varios sencillos que fueron explotados por los medios y por la gente hasta la saciedad. Curiosamente, esos sencillos son las canciones que menos me gustan del CD, que aún ahora me parece buenísimo, y de altísimo nivel técnico musical; siendo sólo las versiones del Unplugged la única música de Diego Torres que me gusta. 



He disfrutado mucho este CD para andar por la calle, tal como en esa época. La música y las letras son optimistas, las melodías son muy cantables para mí, y están en español. Es un estilo dinámico y energizante que no es tanto para escuchar sentado, tanto en la casa como en la calle. Ya mencioné que la calidad ha pasado mi filtro de músico profesional, porque los arreglos son extremadamente bien hechos, ricos en texturas y moderados con la armonía, y recordé que este álbum inspiró el sueño que yo tenía al entrar a la carrera y que más o menos he cumplido de ser corista de estudio, porque los coros en este álbum son amenos, característicos e imprescindibles. 

Para los que no están familiarizados, en el mundo de la música existe un oficio poco reconocido por el público general que es el de "músico de estudio". Lo explicaré con un ejemplo: Diego Torres canta sus canciones, y a lo mejor también toca en algunas la guitarra o el piano (honestamente no tengo ni idea), pero él necesita músicos que toquen la batería, el bajo y demás instrumentos. Estos instrumentistas, que permanecen más o menos anónimos, son los músicos de estudio, y es posible que también le hayan grabado la batería y el bajo a Shakira y muchos famosos más. Bueno, pues yo soñaba con ser la cantante "anónima" que les grababa las voces adicionales a los cantantes o músicos famosos. Increíble el recuerdo tan importante que me trajo escuchar música que hace tiempo no escuchaba. 

En contraste, he escuchado otro álbum "hit de mi infancia": Gente, de Presuntos Implicados, y aunque la música ha correspondido a mis expectativas, no me matan las letras. Ir por la calle significa que uno va a tener concentración de sobra para escuchar la letra y querer cantarla. Pero yo tengo un conflicto con cantar "Tú eres mi única razón para vivir" pensando en mi prometido, porque no es así (yo lo amo con todo mi corazón, pero él no es mi razón para vivir, él lo entenderá). Este conflicto se me ha presentado mucho últimamente, sobretodo con la música en español, que es la que entiendo en su totalidad. 




No es que la letras de Presuntos sean tan graves ni nada, pero a raíz de esto me puse a reflexionar que la música lo puede ir programando a uno, tal vez sin darse uno cuenta. La música puede hacernos admitir barbaridades que en plena conciencia rechazaríamos si nos las plantearan (Sí, señor reggaetón, estoy hablando de ti). Por eso sería bueno que todos hiciéramos el ejercicio conciente de revisar qué estamos escuchando, qué ideas estamos admitiendo en nuestras mentes a través de la música. 

Habiendo echado una mirada al pasado, buscaré qué más puedo escuchar cuando salgo de la casa.

sábado, 19 de agosto de 2017

Escuchar música en la calle


Hubo un tiempo en el que se me habría hecho impensable salir a cualquier parte sin mi iPod, porque el auge de estos bellos aparaticos me tocó en plena adolescencia, cuando lo más "cool" que podías tener era en principio un Discman, y luego un iPod, el rey de los reproductores mp3. Yo no tuve un iPod original sino hasta que salí del colegio y entré a la universidad, antes solo tuve reproductores de música de otras marcas, con una playlist que no excedía las 60 canciones.

Desafortunadamente, cuando entré a la universidad corroboré que vivo en una ciudad con un alto índice de crimen, y a pesar de que hasta entonces sólo me habían robado sin que me diera cuenta (no de aquella forma humillante que es verse confrontado por el ladrón), empecé a ser más cuidadosa y a no escuchar música en plena calle, o en contextos en los que me podía ver vulnerable.

Viviendo en el extranjero, el reproductor de música se convirtió en mi compañía fiel e inmensa alegría en los viajes en tren y en avión. Un viaje cambia muchísimo cuando uno le pone banda sonora, porque los paisajes se aprecian diferente, y el significado de la situación toma peso y se potencia, no sé... Así lo describiría yo. Pero ya cuando regresé a mi país, no tuve más ocasión ni más forma de escuchar música afuera, porque no me trasladé en mucho tiempo y además mi aparato se dañó.

Hace dos meses que fui al Valle del Cauca, sí que me hizo falta escuchar mi música en los viajes, porque es más: sin la música se me hicieron un poco tediosos, o no los pude saborear como hubiera querido. Entonces decidí comprarle a mi humilde celular (porque lo compré por ser el menos costoso que pude encontrar) una memoria microSD, y le metí unos cuantos álbumes al celular. Desde entonces he salido dos veces a caminar escuchando música, a pesar de que por la experiencia de los atracos que mi prometido y yo vivimos desde que volvimos al país, no he podido disfrutar por completo la experiencia. 

Si es verdad que la realidad queda adornada de lo que sea que la música que a uno le gusta le ponga, en mi caso, de entusiasmo y optimismo, pero me queda un sinsabor extraño. No sé distinguir lo que me pasa, si es que la calidad de las grabaciones no se escucha bien afuera... Es como si escuchar música en paseando por la ciudad ya no me consolara o fuera un refugio, como si lo era en mi adolescencia, y menos si no puedo escucharla con todos sus elementos y texturas a menos que me quiera reventar el oído subiéndole al máximo el volumen.

He descubierto que hay géneros y álbumes que funcionan mejor, y la verdad es que U2 y John Mayer siempre me van a poder acompañar y ofrecer lo que busco, pero la música clásica que a mí me encanta, no queda para nada en este contexto. Tengo que seguir mirando qué me funciona, porque sería interesante devolver esto a mi rutina. Más adelante hablaré un poco más del matiz que le daba a mi realidad la música que escuchaba cuando tenía iPod, y lo que resulte ahora.


sábado, 15 de julio de 2017

Impresiones acerca de la poesía

Siempre me ha gustado la música y leer, y no hay expresión artística que combine mejor ritmo y significado que la poesía. Desde niña me fascinó la poesía, conquistada por la rima y lo que ingeniosamente podía ir contenido allí, y muy pequeña comencé a escribirla yo misma. Participé en varios concursos de poesía infantil cuando estaba en el colegio e incluso gané un primer puesto con un poema en inglés, nisiquiera en español...

Sin embargo el esfuerzo intelectual de aumentar mi vocabulario para rimar, y de entender las matemáticas del asunto me desanimó pronto, y encontré en el verso libre de Neruda y otros poetas posmodernos una excusa para llamar a cualquier cosa poema. La adolescencia no fue un momento muy brillante para "mi arte"; no volví a ganar ningún concurso y cuando me topo con mis poemas de esa época me avergüenzo profundamente. Fue cuando comencé a estudiar técnica vocal y piano que me di cuenta de que la baja calidad de mis escritos se podía disimular poniéndoles música.

Mis letras eran simples y superficiales, llenas de imágenes cursis, y así fue hasta hace poco. Tuve una época en la que utilicé la crudeza como recurso para darle más dimensión a mis poemas, pero seguía alimentándome del verso libre, sobretodo de Pablo Neruda, y alcancé a coleccionar casi todos sus libros. En alguna feria del libro me compré una antología de poesía colombiana, la cual está organizada por poetas en orden cronológico de nacimiento. Los primeros poetas se me hacían pesados y aburridos, entonces siempre consultaba los poemas de los más recientes. Luego tuve mi etapa de Gabriela Mistral, a la cual conocí a través de la autobiografía de Neruda.

Estaba en esta etapa de Mistral cuando empecé a rezar diariamente las Laudes y Vísperas. La Liturgia de las Horas es básicamente orar con los salmos, y los salmos no son más que poemas, cánticos, himnos, música. Olvidé por completo a mi par de chilenos preferidos y de vez en cuando copiaba himnos de la liturgia en cuyos versos me derretía de placer estético. No era por el contenido sino por la forma que yo consideraba salmos y oraciones piezas de pura genialidad. En el viaje que comencé hacia Dios, un camino impensable para muchos, pero el más adecuado para mí, se abrió ante mis ojos: el camino de la belleza. La verdadera belleza lleva a Dios, en una experiencia estética que va más allá de nuestra naturaleza humana e imperfecta, para elevar nuestra alma a más altas aspiraciones.  A través de la poesía y la música he visto que la belleza se encuentra grandemente en el orden, en organizar para lograr cierta armonía.

He seguido leyendo bastante poetas españoles y latinoamericanos, pero por más bellos que sean los poemas (y muchos los he transcrito en este blog), no me extasían como algunos de la liturgia de la horas. Hace poco tomé mi abandonada antología de poesía colombiana y decidí leer los poemas del principio. Ya no me parecían densos ni incomprensibles como antes, sino que me encantaron. Se trata de poesía romántica decimonónica y de principios del siglo XX, llena de lugares y referencias, impecable en su forma y ritmo. A lo largo de la semana compartiré algunos de estos poemas. 

Por mi parte como autora, hace mucho que no intento escribir poesía, y para mis canciones he musicalizado himnos de la liturgia de las horas y oraciones de santos. He escrito una que otra canción de amor, pero sin pretensiones, y no considero que haya poesía ahí. Me he dado cuenta de que como con cualquier arte, la poesía es una técnica que se debe conocer a profundidad y perfeccionar con la práctica, para que realmente dé un resultado ordenado, bello y digno, con los parámetros que expliqué hace un momento. Creo que estoy lista para estudiarla desde su esplendor, es decir en el Siglo de Oro español y en los sonetos de Shakespeare, porque no puedo negar que mi poesía tiene dos hogares: el español y el inglés. Por supuesto que también la seguiré admirando en el vasto patrimonio literario de la Iglesia.




viernes, 30 de junio de 2017

Impresiones de un paseo

Estamos en mitad de año, y aunque aquí no haya estaciones y yo en particular no tengo un trabajo formal del cual salir a vacaciones, me he dado dos semanas para salir de la rutina: la presente y la anterior. La presente semana no pude retomar mi rutina porque me agarró un virus que entre otras cosas, me ha dejado disfónica, y no tengo voz para cantar, que es mi principal oficio; pero la semana pasada  fue porque estuve de paseo. 

Hace ya casi un año que volví de vivir en Inglaterra, y no había tenido la oportunidad de viajar por mi país Colombia, para recordar el paisaje tan rico y peculiar que tenemos aquí. Había estado más que todo en Bogotá, y aquí por los lados de la Sabana. La semana pasada estuve en el Valle del Cauca, es decir el valle del río Cauca, más o menos en el centro-occidente del país, porque una amiga me invitó a pasar un tiempo en la Hacienda en la que vive a hora y media de Cali, la cuidad principal de la región. 

No era la primera vez que visitaba el Valle, de hecho la familia de mi papá es de allá, pero esta vez la vi con otros ojos. Como me quedé en el campo, el paisaje que nos rodeaba era imponente y casi que no se puede comparar con la bella y tranquila campiña inglesa a la que me había acostumbrado, o al amplio y frío altiplano cundiboyascence. Era un cuadro de montañas de distintos verdes como superpuestas unas sobre las otras, y en la cercanía se veían las lomas de distintas alturas adornadas con pequeñas fincas o casas de campo, cultivos y una parte del pueblo. Ya en el primer plano, se veía desde la Hacienda la frondosa vegetación como selvática que le recuerda a uno que después de todo, estamos en el trópico en todo su esplendor. 


 En contraste con esta renovada fascinación por el paisaje, casi no puedo con el ruido de las cigarras o "chicharras" que están en plena temporada. Es increíble la estridencia de dichos insectos gigantes, y tampoco es que amara mucho mis otros encuentros con los demás bichos, y eso que la casa en la que estuve era bastante limpia. Al final resulta que soy una niña de ciudad, y no lo puedo negar. 

Me propuse no llevar nada más de tecnología que el celular para comunicarme con mi familia, y por temor al aburrimiento llevé libros, cuadernos para escribir y cuadernos pentagramados. No pude llevar tejido por lo que viajaba en avión con poco equipaje, y en la cabina no me iban a dejar llevar las agujas, armas mortales si se quiere. Hace mucho que no leo con constancia, yo que siempre fui una lectora consumada... Leer se me hace una actividad pesada últimamente, y no tengo que esperar mucho para que me venza el sueño. Sin embargo, allá eso no me pasó, y no solté el libro que llevé casi que en ningún momento. Mi mente estaba sorprendentemente clara, no tenía sensación de pesadez o cansancio de ningún tipo, y fácilmente me sumergí en la historia, como en otros años. 

En general, tuve la mente muy clara y libre esa semana, y eso que la vida aquí seguía, nada iba a cambiar, aquí en Bogotá me esperaban mis proyectos, mis amigos, mi familia, todo iba a estar igual, y yo lo sabía. Eso me llevó a pensar que tal vez no son las preocupaciones u ocupaciones lo que me bloquea, porque eso de la lectura solo es uno de los bastantes ejemplos de actividades para las cuales ya no tengo tiempo o me toca forzarme a hacer. La soledad tampoco fue lo que me aventajó, porque en Inglaterra tenía las mismas dificultades que aquí.

Tengo la impresión de que es una cuestión de espacio. Tanto en Inglaterra como en casa, tengo muy poco espacio para mí... En ambos casos se trata de mi habitación y tal vez la biblioteca, para la cuál hay que tomar transporte. No importa que la Hacienda estuviera rebosante de gente, siempre había lugares para variar: podía estar en mi habitación, o podía estar bajo alguna mesa con parasol al aire libre alejada de la actividad de la casa, todo dentro de la misma propiedad. Aquí miro por la ventana, o salgo a la puerta de mi casa y en ambas ocasiones, lo que veo es la casa de enfrente a 6 metros. Allá salía de mi habitación y de una vez me tropezaba con aquel paisaje bellísimo. 

Por otro lado, no tenía la tecnología que me distrajera, no tenía cómo ver mis correos, o los mensajes de mis amigos, no tenía cómo ver una película o un video, y no podía escuchar mi música. Mi celular, para mi fortuna, es muy limitado. Había un piano en la casa, el cual toqué varias veces con placer. Supongo que mucho del cerebro se gasta en el deber creado de consultar las redes sociales y los distintos medios de comunicación; sólo en aquella necesidad falsa y en la expectativa de lo que encontrará uno allí, etc. 

Nunca pensé que sería de ese tipo de personas que necesitan espacio físico para crear espacio interior, pero ahora todo cobra sentido. De hecho mi prometido es así, y ahora lo comprendo. También reconfirmo que hay que darle su lugar al internet, como yo esa semana, es decir: el último lugar, porque de otra forma, nunca viviremos realmente.



viernes, 16 de junio de 2017

De la modestia a la autenticidad

Ya que comencé el mes hablando del tema de la ropa, quisiera hablar esta vez de la modestia en el vestir y lo que ha implicado para mí. Llevo ya tres años en la reconstrucción de mi estilo a partir de este valor tan menospreciado y malentendido que es la modestia, y quisiera contarles un poco de esa experiencia.

Lo primero es que yo pensaba como muchas mujeres, que la modestia era vestirse como las Testigos de Jehová, de faldas largas, colores aburridos y sin maquillaje. Aunque nunca he tenido el cuerpo que está de moda, si me gustaban mucho los escotes y las minifaldas. Mi estilo era algo loco y aleatorio, a veces era muy formal pero colorido, a veces lírico y cursi, a veces sólo descuidado. Era fan de las prendas únicas, sobretodo hablando de zapatos, y mis zapatos eran en general de colores fuertes y texturas raras. Tuve unas cuantas relaciones y para cada una ajustaba mi estilo al del novio del momento: unas veces más rockero, otras más formal o más hippie, y así.

Hace tres años largos conocí a mi prometido, en un proceso intenso de conversión definitiva a mi fe que es la Iglesia Católica. Él iba un poco más adelante que yo en el camino de la fe, y con él cambió la dinámica en la que me relacionaba con los hombres, desde la misma acción de coquetear. Lo conocí al final de una enfermedad que no solo me devastó la piel, sino que también me hizo bajar drásticamente de peso, y querer cortarme el cabello bien corto. Para esa época había muy poca ropa que le quedara a mi casi esquelético cuerpo y que no me irritara la piel. Él me conoció cuando menos autoestima tenía, cuando de mi apariencia no me podía fiar, cuando más "fea" estaba. Nuestra amistad evolucionó a noviazgo gracias a las conversaciones que teníamos y a los actos de cariño y pequeños sacrificios que hacíamos el uno por el otro.

Nuestro noviazgo comenzó, y fue algo que yo nunca había vivido: un noviazgo en la castidad dirigido al matrimonio. No me di cuenta de cuándo me había curado por completo de la piel y estaba recuperando peso. Sin embargo, él se veía muy aterrizado y serio en su forma de vestir, y yo seguía siendo descuidada e infantil en mi aspecto físico. Así como con mis relaciones anteriores, quería que mi estilo se ajustara más a él para que hiciéramos "buena pareja". Paralelamente había empezado a estudiar documentos sobre la pureza y la castidad, y en ellos se mencionaba recurrentemente la modestia en el vestir. Busqué en Pinterest fotos de ropa modesta, y también encontré comunidades en Facebook alrededor de este tema, y así dí con esta página:


Sin entender mucho de portugués para saber bien la teoría, pero por las fotos tan maravillosas que ponían ahí como sugerencias, comprendí qué es lo que no podía seguir haciendo y saqué unos lineamientos para mis próximas compras. Eliminé entonces toda la ropa de escotes profundos y las minifaldas ajustadas al cuerpo, y de casualidad recibí de regalo un par de faldas hasta debajo de la rodilla. Para esas faldas tuve que comprar zapatos distintos a los que tenía, y pasé a una época un poco escrupulosa en la que me fui ya al otro lado y vestía faldas largas, camisas y cuellos tortuga. Me costó estos tres años reconciliar el estilo escrupuloso con mi estilo propio, y ahora estoy muy feliz con mi ropa, con mi recientemente definido Capsule Wardrobe. 

No puedo dar muchos detalles acerca del proceso que he vivido porque todo ha sido muy difuso y no lineal, para que finalmente un día me encontrara con que me sentía lo más cómoda que me había sentido en mi vida, y lo más auténticamente yo. He entendido poco a poco que vestir con modestia no es esconder el cuerpo, ni afearse o evitar a toda costa llamar la atención, es darse dignidad a uno mismo, y estoy casi segura de que lo que me curó la piel fue recuperar esa dignidad que me dieron la modestia y por lo tanto la castidad: El vestirme modestamente no solo me hacía combinar mejor con mi prometido, sino que nos evitaba la tentación a los dos, y nos permitía vernos y amarnos de una forma más completa y respetuosa. 

La modestia también me conectó con una verdadera feminidad de la que no estaba conciente, porque la modestia desde la perspectiva Católica se trata de realzar la singular belleza del cuerpo femenino, sin apelar al deseo sexual: Se resalta la cintura; y los tobillos, los antebrazos y la clavícula cobran un nuevo significado. Recién descubierta esta feminidad comencé a investigar material de los años 1940 y 50 sobre la belleza femenina, y aprendí cosas valiosísimas que hoy en día no tomamos con la suficiente seriedad, tales como el cuidado del rostro. Yo no me cuidaba mucho el rostro, no me lo limpiaba por la noches ni usaba protección solar, pero ahora, mi rostro es lo que más pesa en mi apariencia, a la par con el cabello, y por eso he adquirido rutinas, cuidados especiales y formas de maquillaje para mantener ambas cosas luminosas y claras. ¿Por qué luminosas y no bellas? Porque descubrí que lo que quería proyectar era la claridad y la luz que siento dentro de mí ahora.

El meollo del asunto está en eso, en proyectar quien es uno por dentro realmente, y la modestia permite deshacerse de la carga de ser un objeto sexual, es decir de ser esclavo de causar una admiración que termina siendo deseo. No debiéramos adoptar la modestia por los hombres, aunque a ellos les ayuda mucho a darnos el verdadero lugar que tenemos; sino por nosotras mismas, para que nos percibamos como realmente somos, y cultivemos el interior para reflejarlo en el exterior. Después de que los principios de la modestia se hacen parte de uno, uno puede jugar con ellos para mostrar con la ropa las cualidades y los rasgos más característicos de uno por dentro.

En mi página de Facebook estaré poniendo durante toda la semana fotos de estilos modestos pero muy diferentes entre sí. Por ahora, les comparto este que se acerca al mío:






sábado, 3 de junio de 2017

El "Capsule Wardrobe"

Desde que comenzó la fiebre del YouTube yo he estado ahí haciendo ricos a los videobloggers. Fui de esas personas que se suscribió a los canales y siguió cada video de los más grandes youtubers como Yuya, HolaSoyGermán y Michelle Phan hasta que "maduré" y no encontré más afinidad con los contenidos, o ellos cambiaron de alguna manera y me dejaron de gustar. Hoy en día sigo varios canales, pero ya más de acuerdo con mi profesión y mi edad: Canales de música, cocina y opinión, aunque también sigo suscrita a un par de canales de maquillaje y tonterías.  

Hace un mes encontré el canal de una chica francesa que es diseñadora de modas y me ha encantado. La adultez ya ha tocado a mi puerta y ha entrado de a pocos, y he descubierto últimamente que, más que estar a la moda, o más que estar cómoda, quiero verme bien y proyectar mi nivel de educación y mi forma de ser a través a de la ropa. Esta chica que les digo, Justine Leconte, tiene videos acerca de cómo vestirse para el tipo de cuerpo, cómo encontrar los colores que le quedan bien a uno, cómo saber si una prenda es de buena calidad o no, y videos acerca de hacer conciencia de las dinámicas del mundo de la moda y de la ropa. He sido muy feliz aprendiendo de sus conocimientos explicados tan amenamente pero con tanta autoridad. Aquí adjunto su perfil de YouTube:


Un video que me gustó muchísimo fue acerca de la tendencia que hay hoy en día del "Capsule Wardrobe" o Armario Cápsula. Se trata de reducir la cantidad de ropa que uno tiene a aproximadamente 36 piezas por temporada, pero sólo contando Verano e Invierno. Dentro de estas piezas no se cuenta la ropa interior, ni las piyamas, ni la ropa de ejercicio, y uno puede o no contar sus zapatos. La idea me fascinó porque yo tengo mucha ropa porque no me gusta mucho repetir pintas, y tiendo a comprar más y más, pero es un vicio del que me quiero curar. Lo genial del Capsule Wardrobe es que uno sólo se queda con la ropa que le encanta, y aprende a comprar ropa que sea duradera y que sepa uno que entra dentro de su estilo y le combina con lo que ya tiene. Justine pone en la descripción del video un link a un blog en el que la chica se diseñó una guía paso a paso para uno procurarse su Capsule Wardrobe. Aquí va el link al video:


Lo más genial de hacer este ejercicio es que uno se da cuenta de cosas de las que no es consciente. Por ejemplo, yo pensaba que mis colores favoritos eran el morado y el rosado, pero la ropa que más uso es blanca, azul oscura y con estampados en rojo. Me di cuenta de que nunca voy a usar algo que se me vea ajustado, simplemente prefiero lo holgado, y también de que, a pesar de que soy una chica que usa mucho faldas y vestidos, debo tener siempre un blue jean en mi closet, porque recurriré a él bastante. La idea no es sólo ecológica o minimalista, lo ayuda a uno a conocerse en su estilo personal. Yo descubrí que me encantan las flores, soy inevitablemente lírica en mis gustos, pero también tengo un fuerte estilo rústico, como campestre. Tiene sentido, porque me encanta el campo, sobretodo el campo ganadero. 

Como aquí en Colombia no tenemos estaciones, pero si tenemos el frío altiplano cundiboyacense, y las calientes tierras bajas y las playas tropicales, dividí mi armario en ropa para tierra caliente y ropa para tierra fría, lo cual convino porque pronto viajaré lugares más calientes que Bogotá. Con 50 piezas que conservé, mi closet quedó a la mitad de lo que estaba antes. No sólo saqué ropa vieja, como hace uno siempre, sino que saqué ropa casi nueva que simplemente nunca uso, que es de lo más valioso del ejercicio. Entregué esa ropa a una caridad, y me quedó la satisfacción de que di lo mejor, no lo peor que tenía. 

Invito a mujeres y hombres a que hagan este ejercicio, no porque quieren ser ecológicos, sino también para conocerse a sí mismos y definirse mejor a través de como se ven. Puede que lo que realmente importe es quien uno es por dentro, pero no sobra reflejar esas cualidades en la apariencia, además de que vestirse bien muestra y hasta aumenta la diginidad que todos tenemos como seres humanos. 

Les dejo una foto en la que uso uno de mis "Uniforms". 


sábado, 20 de mayo de 2017

Más sobre el canto: La postura

Cumpliré 26 en poco más de un mes y ya puedo afirmar que la vida da muchas vueltas, pero siempre te trae a donde deberías estar, a quien deberías ser. Es lo que concluía ayer cuando pensaba en lo que me está sucediendo a mí profesionalmente y como persona. 

Como desde niña era muy afinada y tenía muy buen oído, empecé a estudiar técnica vocal a los 14 años, un poco temprano para este instrumento. Comencé estudiando la técnica del canto lírico, y luego por diversas razones personales y por culpa de las malas pedagogías (por no decir profesores), me pasé al canto popular y luego abandoné por completo mi formación vocal. Sobre mi proceso formativo hay más información aquí: 


Hace poco comencé un proyecto con un guitarrista en el que montamos canciones españolas de diversos periodos y estilos. Junto con Philokalia, las dos cosas me están exigiendo una dedicación al canto de tiempo completo, y habiendo sido consciente de mis limitaciones, me he propuesto trabajar mucho para mejorar. El primer paso ha sido leerme un libro entero sobre voz cantada que fuera un poco más básico y digerible que el libro del que hablo en la entrada mencionada arriba. Encontré un libro muy bueno escrito por una cantante, que me hizo reflexionar bastante sobre mi cuerpo. 

Adicionalmente, mi compañero guitarrista me ha ido planteando inquietudes sobre la puesta en escena que exige nuestro repertorio. Muy hábilmente, se ha dado cuenta de lo poco que he trabajado mi lenguaje corporal, y me pasó un video acerca de este tema. Tuve que hacer aún más reflexiones sobre mi cuerpo a nivel externo, así como con el libro las hice a nivel interno. 


Mi lenguaje corporal es pésimo desde el hecho de que no tengo una buena postura en la cotidianidad... Tiendo a jorobarme o a inclinar mi cuerpo hacia adelante, todo inconscientemente, aunque muy acorde con mi personalidad tímida y las luchas que he tenido con el tema de la autoestima. La tesis de aquel video es que se puede cambiar la forma en la que uno maneja ciertas situaciones y se percibe a sí mismo adoptando ciertas posturas, para que el exterior vaya poco a poco transformando el interior. Decidí intentarlo, y con la ayuda de otro tutorial de YouTube supe cuál es la postura básica de la danza flamenca, es decir la forma de pararse y disponerse. 

La he estado practicando al estar de pie, al caminar y al cantar, y acepto que me hace sentir cómoda y cantar más fácilmente, hasta me destapa la nariz cuando tengo rinitis. El problema es que cuando me miro al espejo no me gusta lo que veo: El pecho se hace tan prominente que las piernas y la cabeza se ven pequeñas, porque yo tengo el tórax y el busto amplios. A mí me encanta el universo de Tintín, el de los cómics belgas... Y cuando veo mi reflejo me siento como aquella cantante Bianca Castafiore, así:


Pero pensé ayer... ¿Cuál es el problema? Ese es un cuerpo de cantante. Tengo un tórax amplio que me da más resonancia, tengo ventaja, es maravilloso. Además el personaje de Diva no me disgusta para nada... 

Me cuesta creer que llegó el momento en el que al verme como la cantante que soy,  finalmente empezaré a creérmelo por dentro. Siempre he querido cantar, y es eso a lo que me estoy dedicando ahora. No importa todo lo que pasó en mi proceso formativo, no importa cuántas opiniones me hicieran sentir que no sirvo para esto, o cuántas lo harán, porque de seguro sucederá. Estoy trabando mi cuerpo por dentro y por fuera, y estudiando técnica de nuevo; todo debido a que amo la música y sé que puedo dominar el lenguaje para expresar y transportar a las personas a otras épocas, lugares y estados emocionales. Y lo puedo hacer bien y bellamente ejecutado.

A estudiar y a sanar porque hay mucho por delante. Espero compartir muy pronto más de lo que estoy cantando.

domingo, 16 de abril de 2017

Canción del Día Feliz - Jaime Torres Bodet

Para que dé su fruto el día
y la mañana dé provecho
¡Hay que llenarnos de alegría
y henchirnos de música el pecho!

Para llenar la troj del día
con el grano de un trigo blando,
despertemos con alegría
y vivamos como jugando:
¡Hay una flor en la alegría
que sólo se corta cantando!...

Para que Dios nos haga el día
suave y ameno como un don,
hay que verlo con alegría:
todo en el ánima del día
es un pretexto a la canción,
invitación a la alegría...
Todo en el día es como un don. 

Como el trigal de la alquería,
hecho de aroma y de color,
se extiende, en torno el alma mía, 
la dulce claridad del día,
del día blanco del amor...

Y nada rompe esa alegría:
diáfano o gris, nublado o no,
hay en la flor de cada día
como una esencia de armonía,
un argumento de alegría
y un tono de amable canción!
Todo en el ánima del día
es una ronda de ilusión...

domingo, 9 de abril de 2017

Cuando encontré paz en ser la alternativa

Desde que me dedico a cantar música sacra, hay un tema que me persigue, una crisis que viene y va, acerca de mi sueño de ser cantautora. Entre más me sumerjo en el asunto de la música sacra, entre más profundizo en mis convicciones, más descabellado parece este sueño, más lejos se ve. 

El sueño se aleja porque inevitablemente tenía esencia de mundanidad: Quería el éxito y la fama, todo alrededor de mi talento. Comencé a construir la ilusión cuando tenía 12 años, que fue cuando sentí la necesidad de componer y escribí mis primeras canciones. Esta fue la razón secreta por la que entrara a hacer la carrera de música, porque sabía desde lo profundo de mi interior que nací para cantar y escribir canciones. Sin embargo la musa desapareció gran parte de la carrera. Si bien no había comenzado mi proyecto porque mi creatividad estaba bloqueada, también era por falta de confianza en mí: No me sentía con la belleza, el carisma y el "sex appeal" suficiente para lograrlo. 

Estaba desprevenida cuando llegaron los proyectos de música sacra y empecé a desempeñarme en ese mundo bastante bien sin darme cuenta, allí se me empezaba a abrir un futuro de oportunidades para desarrollar mis habilidades musicales. De repente, empecé a escribir muchas canciones al mismo tiempo que me dedicaba a cantar misas. Por fin tenía algo con lo cuál comenzar el proyecto, y alegremente trabajé grabando las pistas, transcribiendo, registrando y hasta participé en un concurso. Y llegamos al día de hoy, pero el proyecto no despega porque no hay nadie que lo pueda hacer despegar. Las personas que conozco que podrían hacerlo simplemente no lo quieren hacer. Entro en una crisis cuando de repente se me ocurre que tal vez yo tampoco quiero hacer esto ya.

No obstante, las canciones siguen saliendo de mí. 

Hoy vi un video en el que un chico brillante muy acertadamente nos muestra cómo la cultura pop funciona para el detrimento de la civilización occidental, y cómo se favorecen la vulgaridad y el narcicisimo entre otros vicios. Me encantó todo lo que dijo, que es cierto hasta la última palabra: y también me confirmó algo que apenas reflexioné hace unos días. Algo con respecto a mi vocación.

He aquí el link al video: https://www.youtube.com/watch?v=lyLUIXWnrC0

Él decía que la cultura pop aplasta la originalidad, la autenticidad, y cierra las opciones para que la gran multitud sólo tenga acceso a un grupo muy reducido de artistas que hacen básicamente lo mismo siempre. Por eso yo nunca tendré el éxito que añoraba de adolescente. Pero me quito un peso de encima: No tengo por qué ajustarme a los estándares de la música de ahora, porque lo que tengo, que es original, que nunca he podido definirlo ni encajarlo en ningún género, es valiosísimo y es la alternativa. 

Lo que sale de mi alma gracias al talento que Dios me dio, es tan particular, apartado y despreciado, como todo lo bueno y bello que la cultura pop quiere ahogar. Como la música sacra que yo amo, como la Iglesia y la familia por las que mis amigos y yo luchamos. Mucho valdrán mis canciones para quien las quiera escuchar, cansado del ruido insoportable de esta cultura podrida, buscando una alternativa. 

Soy la alternativa. 

lunes, 27 de marzo de 2017

Concierto de Lanzamiento, Tomás Luis de Victoria y algunas reflexiones

Durante lo poco que llevamos de este año 2017 he tenido el honor y la dicha de construir con unos amigos un proyecto de música sacra: Philokalia Cantorum. Somos un coro pequeño cuyos integrantes, además de compartir cierto talento para cantar, compartimos también aspiraciones espirituales y el amor a Dios y a la santa Iglesia Católica.

El sábado pasado hicimos un Concierto de Lanzamiento con la intención de darnos a conocer. Preparamos repertorio sacro que abarcaba desde Canto Gregoriano hasta un par de piezas de compositores del siglo XX. De un punto al otro recorrimos casi todos los periodos de la historia de la música occidental.  El concierto fue un éxito a pesar de que llovió torrencialmente la mayoría del tiempo, y más que la recompensa que podíamos recibir del público, nos reconfortó una profunda satisfacción espiritual. En mi caso era como una embriaguez de belleza, de intenciones de santidad y perfeccionamiento maximizadas en la música y ofrecidas en ella, y se me inflamó el corazón de esperanza y piedad. Han pasado tres días y la sensación se ha diluido un poco, pero la retengo como puedo. 


Del repertorio que cantamos, mi pieza favorita fue el Improperie Popule Meus, musicalizado por Tomás Luis de Victoria, que haría parte del rito de la Adoración de la Cruz. Esta pieza se me hace absolutamente hermosa y sobrecogedora, aún más tomando en cuenta lo bien que refleja el texto. La música traspasó los límites del periodo en que fue escrita, y la he sentido muy actual, cercana a mi realidad, imposible de no vivir y sentir. Invito a los lectores a que la escuchen y profundicen en el texto y el lugar que tiene en la liturgia.

El Popule Meus es la única pieza de Tomás Luis de Victoria que tenemos ensamblada. La propuso mi prometido, uno de los tenores del coro, porque Victoria es su compositor favorito. Por esto mismo, él ha compartido en la página de Philokalia un documental acerca del compositor, y yo acabo de vérmelo entero. Lo empecé sin mucha convicción o entusiasmo, pero como se supone que también soy compositora, me inquieta la vida de cualquier otro compositor; y vaya que no me esperaba la vida de este.

¿Cuántas veces, antes de mi fuerte conversión, me convencí de que los músicos no podían ser buenos y santos? Y con toda razón, porque nací en el siglo XX y crecí en el XXI, cuando la música de mayor difusión apela a lo más bajo del ser humano.  Como he añorado un modelo como Victoria, cuya música refleja su sincera búsqueda y la honestidad de su caminar. Tomás Luis de Victoria compartió la sed espiritual y el fervor con los que nosotros fundamos Philokalia.

Se me ocurre que el misterio característico de su música, que en el documental no saben decifrar muy bien, es su honestidad y sinceridad. Como si a través del vidrio transparente que es la música viéramos claramente las interpretaciones y los sentimientos que despertaban los textos sagrados en el piadoso Tomás Luis; interpretaciones inspiradas, y sentimientos piadosos que son los mismos a lo largo de la historia en quienes vivimos esta fe, porque los textos son siempre los mismos, al igual que los dogmas, la Iglesia siempre es la misma. 

El tiempo no es barrera cuando a través de la fe y de la música, el corazón de Victoria y el de mi prometido se unieron profundamente y la obra del primero elevó al segundo, y contribuyó a la salvación de su alma. Victoria hizo lo mismo en mí y en muchos otros oyentes, todo por la gracia que refleja su música, obtenida a partir de sus sinceros y honestos esfuerzos de conocer a Dios y perseverar en la fe. Hasta hoy hice la conexión de que, cuando hace un par de años yo estaba decepcionada por las pretensiones y la insistencia en la fealdad de la música contemporánea, fue una pieza de Victoria la que le devolvió el encanto, y volví a amarla.

¿Por qué en la Iglesia se buscará últimamente ajustarse a la época y evangelizar contaminando los lenguajes con mundanidad? El tiempo podrá mover al mundo, pero la Iglesia no cede ni cambia, y encontramos consuelo, respuestas, y a Dios mismo en esa Iglesia que no se inmuta.

El último mes

Mi querido y maltrecho Mac de segunda mano, que alegría me da estar acariciando tus suaves teclas, en comparación con las del enorme y profe...