martes, 8 de enero de 2019

Los templos

Hablo de los templos católicos exclusivamente. 

La Fe Católica es la fe que profeso, la vida que vivo. Nadie debería estar sorprendido, porque soy muy abierta al respecto, y en varias de mis Impresiones hay apuntes sobre el tema. 

Pues bien, pasa en casi todas las familias, en algún momento de sus vidas o toda la vida, que no todos comparten las mismas creencias, a pesar de ser un fenómeno que no debe tener más de dos siglos. Es así que en mi casa no todos estamos de acuerdo, ni siquiera dentro del mismo lado, es más bien que cada uno está por su cuenta. No obstante, a los extremos estamos mi hermanita menor y yo, siendo yo "lo más católico" y ella "lo menos", si es que me hago entender. 

Ahora mismo ella está mochileando por el sur-occidente de Colombia, y de pura casualidad dio con el Santuario de Las Lajas. Nos contó que cuando lo vio no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas, y muy emocionada nos mandó fotos del templo por dentro y por fuera, de las placas que la gente manda hacer en agradecimiento por la gracia concedida, en fin. Me alegré muchísimo porque aún ella no había sido inmune a la belleza imponente de la Basílica.


Su experiencia me hizo el día, pero me puso un poco melancólica porque hace tiempo que no voy a misa a un templo bonito. Me puse a recordar los templos más sublimes y hermosos que he visitado: El Brompton Oratory, la Catedral de Westminster, la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá aquí en Colombia, la Catedral Primada de Colombia y la Basílica menor de Nuestra Señora de Lourdes aquí mismo en Bogotá. En estos templos me sentí en el Cielo, pues viendo la magnificencia de la arquitectura, la corte de ángeles, la corte de santos y como centro de todo el espacio el Santísimo Sacramento rodeado de la mayor gloria visual posible, se hace uno idea de lo que sería la visión beatífica. 


Las cosas como son: las parroquias de barrio más modernas son austeras si no feas, y así ocurre en mi barrio. A lo hecho pecho, le debo mucho a mi parroquia y la atesoro en mi corazón, tanto que allí me casé. Pero no sobra peregrinar a un templo bello periódicamente, un templo que reboce de arte que dignifique la Casa de Dios, pues eso es lo que literalmente es el templo.

No sólo la belleza del templo me ha hecho sentir más cerca del Cielo, también está la belleza de la Liturgia, y sé que muchas personas jóvenes en estos últimos años han caído vencidos por la belleza de la Misa Tridentina, la de antes del Concilio Vaticano II, porque es más solemne, digna, y ante todo, humillante, en tanto que uno siente lo poco que es en comparación con el milagro de Jesucristo hecho pan. Así me sucede a mí. 

Sé que esto ya debe estar dicho, y por varias personas, pero hacer que la belleza no es importante en nuestra Iglesia y más aún en la evangelización, es un gravísimo error. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

La pintura del barco

Hace un mes tuve que cantar uno de esos matrimonios en los que cada aspecto se realiza con el mayor esmero. Así lo esperaban de la música de la ceremonia, y es por esto que pidieron un formato instrumental grande y pagaron muy bien. Durante un mes, tuve de invitados colegas músicos, quienes fueron de las primeras personas en conocer nuestro apartamento de recién casados.

Hay una característica que da a este espacio la sensación de ser vivido y apropiado por nosotros, y es que tenemos cuadros en todas las paredes, sobretodo en la sala-comedor. Y no es que seamos coleccionistas, es más, no pagamos ni por una sola de las pinturas: son regalos de mi hermana, mi abuelita y una tía, de distintos momentos de mi vida, pues las tres pintan y en las paredes de los apartamentos de muchos parientes se puede atestiguar y leer su proceso artístico.

En la sala sólo hay cuadros de mi abuelita. Ella es paisajista, se dedica a hacer paisajes de bosques y lagos sobre todo, y en las cuatro pinturas que adornan la sala hay dos de estos, pero también uno del mar golpeando las rocas, y esta otra escena que pondré a continuación:


Pues bien, la violinista del grupo para el matrimonio que mencioné quedó prendada de este cuadro, y más adelante, el hermano del novio también preguntó acerca de él cuando lo vio. La chica quiso comprar una escena similar, y con este propósito estuve visitando a mi abuelita y viendo lo que no tiene vendido, pero resultó que solamente hizo dos pinturas con esta temática, una la tiene un tío y la otra es la mía. El chico preguntó si sabía qué significaba el cuadro, qué estaba pensando mi abuelita cuando lo hizo. 

Hace tiempo que no pensaba en esta obra de arte, y en lo personal, la del mar contra las rocas me toca más, porque el mar tiene tonos morados, mi color favorito, y pues bueno, en este momento de mi vida el mar contra las rocas tiene más significado que la barca. Me ha llamado mucho la atención que entre una sala que parece una galería, el barco haya cautivado así a dos personas. Cuando lo recibí de adolescente, me parecía una escena triste, y que el mar estaba crispado y turbulento, pero ahora sólo me parece una escena de melancolía, de soledad resignada. 

Me gustaría mucho saber, ¿Cuáles son sus impresiones acerca de este cuadro? 

jueves, 20 de septiembre de 2018

Aridez

Recientemente he subido una de mis canciones, la única de todas las que he subido hasta ahora que no he presentado en ningún concurso; que incluso unas pocas personas de confianza conocían. Se llama Aridez, y se trata de aquellos momentos en los que, no es que uno no sienta la presencia de Dios, sino que le es incómoda, porque uno sabe que no está haciendo las cosas bien y no es capaz de responder. 



El texto viene una vez más de la Liturgia de las Horas, y como era el Himno, no tenía título. Le puse Aridez porque la situación que evoca es una forma de "desierto" espiritual. La música la compuse cuando estaba estudiando composición, y recién comenzábamos a ver la armonía cuartal. Esta fue una de las primerísimas piezas con las que exploré la armonía cuartal y el minimalismo, que son elementos característicos de mi estilo ahora. La letra que le había puesto en ese entonces era extraña y oscura, dedicada a un compañero de estudio del que estaba muy enamorada, pero que no me correspondía aún conociendo mis sentimientos. No me costó nada remplazarla porque era muy mala, y hace tiempo que no me identificaba con ella. 

Con este nuevo texto sí que me identifico. La recordé hace unos días porque precisamente había pasado todo el día dedicada a evadir mis responsabilidades y a ver televisión descaradamente, cuando sonó la alarma del Ángelus, y me sentía pésimo para orar, estaba muy untada de mundo y de molicie. Entonces quise dedicarle esta canción a mi Creador, que tan generoso y alcahueta es conmigo, para serle completamente sincera. Una vez hecho el acto de humildad y pedido el perdón que está contenido en este himno, me sentí mucho mejor para retomar la vida de piedad. 

jueves, 26 de julio de 2018

Nuevas perspectivas sobre la modestia

Hace más o menos un año escribí un artículo acerca de la modestia, de mi interpretación y cómo la fui integrando a mi vida. Comparto el link para contextualizar:


Lo estaba releyendo, y no está nada mal, sin embargo, como los seres humanos nunca dejamos de crecer, he aprendido aún más sobre la modestia y me gustaría compartir estas nuevas reflexiones.

Todo empezó porque estaba escuchando un capítulo de un podcast de apologética en inglés, que prometía abordar temas como el maquillaje y la cirugía plástica, como quien dice pensado para el público femenino. Es por esta razón que el anfitrión había buscado el apoyo de una invitada, una mujer. La decisión fue algo sensato, porque él tenía serios malentendidos y escrúpulos exagerados con respecto al maquillaje, y a mí me encanta maquillarme, no porque lo utilice para deformar por completo mi rostro o esconder algún tipo de realidad y engañar, sólo me gusta realzar mis ojos y mis labios.

Afortunadamente la chica defendió el uso moderado del maquillaje, y salvó el podcast de que yo dejara de escucharlo movida por la indignación. Aquella sabia mujer estaba inspirada, y de sus explicaciones, respaldadas en Santo Tomás de Aquino, aprendí algo que me resonó con fuerza en la cabeza y me facilitó atar un montón de cabos:


La modestia se trata de vestirse y comportarse acorde al ambiente en el que se va a encontrar uno.




A veces el asunto se reduce a vestir apropiadamente para la santa misa, que si, debe ser de forma respetuosa, seria y solemne, porque uno se va a encontrar en la casa de Dios frente a la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía... Pero hay millones de ejemplos en los que no se suele aplicar la modestia a los que no se les pone tanta atención: Si va a hacer sol, ponerse un sombrero es modesto; si hace frío, ponerse una bufanda es modesto. Si uno va a estar al aire libre no se va a ir vestido de blanco, porque el mugre se va a notar y sería inmodesto; si uno tiene que pasearse por un barrio humilde, no se va a llevar la ropa más cara y todas las alhajas para presumir su riqueza, es inmodesto. Para las entrevistas de trabajo sí que se piensa en esto, pero ¿será que sí para todo lo demás?

Adicionalmente, esa pequeña lección tiene otra cara, y es la de adaptarse al tiempo y al lugar. En esta cara fallan muchas de las almas más escrupulosas, y por eso es tan difícil para la mayoría de las mujeres ajustarse a los estándares de los ambientes más tradicionalistas. Me explico: Si vivimos en el siglo XXI, por más podrido que parezca estar, no podemos simplemente vestir como en el siglo XII, esto causa división, causa una distinción innecesaria que raya con la pretensión. Y la pretensión es de lo más inmodesto que hay porque es soberbia. Dentro del estilo de vestir de esta época hay opciones modestas, en el sentido de cubrir con pudor, como en los ejemplos que mostré en el artículo anterior; y también hay opciones para todo tipo de situaciones. 

Esto también aplica a la costumbre de que la mujer ha de cubrirse la cabeza en el templo que tienen las comunidades más tradicionales. El velo o mantilla no se ha usado desde los tiempos de Jesús, ni siquiera es algo del el siglo XIX. Las mujeres en los años 50 adoptaron la mantilla para remplazar el sombrero o tocado, que fue lo que se usó hasta esa década. En los años 50 ya no era la tendencia el sombrero, fue una decisión de moda. Es por esta misma razón que en esta década no tiene sentido exigirles a las mujeres que usen mantilla estrictamente, en vez de una boina o un gorro, que son prendas de este contexto histórico. Lo más curioso es que en las comunidades europeas no vi esa fiebre y escrúpulo de la mantilla como si la he visto aquí... 

¿Qué tal si revisamos nuestro armario? Tal vez esté lleno de ropa apropiada para misa o para hacer deporte, o para estar en la casa, pero carente de ropa para dar un paseo al sol o para una invitación a tomar onces en la tarde-noche. Concluyo lo mismo que en mi primer artículo del tema: la modestia es darle la dignidad que tiene a nuestro cuerpo. 






miércoles, 27 de junio de 2018

Fiebre de bandola

La vida de casada ha traído sus retos, pues no podría tratar de negar que, como trabajo por horas dando clases de música, la mayor parte del tiempo soy ama de casa, y distribuyo mi tiempo entre el oficio de la casa y mis proyectos personales como músico que soy de profesión. Antes de casarme me trasnochaba chateando con mi prometido y me levantaba tarde todos los días, porque las clases que doy son en la tarde. Ahora que vivimos juntos, no tenemos que trasnochar chateando, y nos vamos a dormir a la hora precisa para que él madrugue a trabajar. Me levanto entonces a preparar el desayuno y a acompañarlo mientras se alista, y me queda un día bastante más largo que de costumbre en mi vida de soltera. 

Pensé que ese tiempo extra me lo gastaría en las labores domésticas, pero lo cierto es que aún así me sigue sobrando. Ayer, en el colmo de la pereza y el despilfarro, estuve clavada más de dos horas al YouTube, viendo uno tras otro videos de 20 minutos, 40 minutos, etc., como quien antaño canaleaba frente al televisor. Almorcé y tuve que salir un momento, y cuando volví todavía faltaban dos horas para que mi esposo llegara a la casa. Me dije que ese tiempo sí tenía que ser bien aprovechado como fuera, y recordé que hace tiempo tenía pendiente leer un artículo de un musicólogo sobre el instrumento que aquí en Colombia llamamos "bandola", o "bandola andina", para diferenciarla de la "bandola llanera".



Hace más de 10 años tocaba la bandola en la Estudiantina de mi colegio, en la que no sólo era yo de las únicas dos mujeres en un grupo de alrededor de 20, sino que era la peor bandolista. Sin embargo, el instrumento me causaba una especie de fascinación romántica por su forma de laúd pequeño, y en mi cumpleaños de 16 pedí que me regalaran una. Supongo que la última vez que la toqué fue hace 10 años, porque la abandoné por completo cuando llegaron otros intereses, y la tenía arrinconada acumulando polvo.

Hace dos años, haciendo un trabajo para la maestría, encontré este artículo que mostraba a través de imágenes la evolución del instrumento hasta lo que es hoy, pero como no era relevante para mí en ese momento, lo puse en mi lista de lectura libre, porque sí me interesaba. En fin... Ayer se me presentaron las dos horas perfectas para leerme el artículo en una sentada y salir de eso después de dos años de tenerlo ahí. Y sí... Como me pasa siempre que leo algo de historia de mi país, me embargaron los sentimientos románticos de nostalgia patriótica de pensar que este pequeño instrumentito melódico me conecta con otras generaciones y reafirma en mi identidad como colombiana. 

Siempre me ha inquietado el pasado de mi familia, porque de antes de mis bisabuelos no sé nada, porque nadie sabe nada. Con la madurez me he ido adaptando a la idea de que debo descender de humildes y honestos peoncillos donnadies, no obstante y según el artículo, de algo puedo estar segura, y es de que bailaron al compás de música acompañada por bandolas. No es descabellado imaginar que varios de mis parientes tocaron el instrumento también, y hasta con gran virtuosismo, o con gran sentimiento... Si son antepasados míos es más probable que tocaran con pasión que con virtuosismo. 

Leí las últimas páginas del artículo de afán, porque me estaba muriendo por abrir el empolvado estuche de mi bandolita para contemplarla y tocarla. La negligencia era tal que no había primeras cuerdas, pero bueno, la medio afiné, intenté tocar escalas y lo logré. Llegó mi esposo, me apresuré a saludarlo y a comer con él, y volví a mi bandola. Una hora estuve dándole anoche, otra hora esta mañana que no fue más porque mis dedos no están acostumbrados y se resienten, y probablemente esta noche me engome otro rato. La situación ha cambiado mucho desde que tenía 14 años: Ya sé leer partituras, y he cogido técnica y callo por tocar tiple, un instrumento con el que me obsesioné a los 21 años. Por estas razones he podido tocar la bandola fácilmente y con cierta fluidez. 

Pero bueno... ¿Qué rayos significa esto? ¿De qué me sirve tocar bandola hoy en día, que no tengo ensamble al cual unirme como bandolista? ¿Si yo soy cantante? Si últimamente me dedico a la música sacra y a mi propio repertorio... ¿Dónde encajaré esta maravilla? Ya veremos qué me ingenio. 

jueves, 3 de mayo de 2018

Tiempo

He estado haciendo públicas cada una de las canciones que ya están registradas en el asunto de Derechos de Autor, y aprovecho este blog para presentarlas una por una. La única que me falta que, al igual que "De la vida en la arena" y "Un paso más", fue compuesta para un concurso al que no pasé tampoco, se titula "Tiempo". 


La convocatoria obligaba a que implementara algún aire de la música andina colombiana, y escogí los principios rítmicos del bambuco. Sin embargo, no pude evitar que quedara marcadamente de mi estilo, a pesar del recurso rítmico inusual. Utilicé progresiones que se repiten una y otra vez como en el pop, que es lo que acostumbro y me fluye, y en el estilo de cantar fui también fiel a mi misma, porque se habría notado si quisiera haber pretendido otra cosa. 

La letra si es algo curiosa... En esos días andaba muy filosófica y con el usual tedio del estanco financiero y profesional del que habla "Un paso más". En el caso de "Tiempo", reflexiono alrededor del hecho de que los valores y convicciones tan fuertes que tengo me han cerrado puertas en gran medida a lo largo de mi vida, y que a pesar de los golpes que me he dado hasta ahora, sigo persiguiendo un ideal que está muy arraigado y siempre presente; en contra de viento y marea. 

No es que no negocie porque no quiero, o por terquedad... No es que no lo haya considerado... Supongo que en mi pesa mucho la lealtad, y es también una cuestión de llamado. A lo que es llamado uno es en lo que uno se va a sentir más feliz. 

Espero que disfruten la canción. 

martes, 17 de abril de 2018

De la vida en la arena


"De la vida en la arena" es el primer verso de un himno que se encuentra en las Vísperas o Completas de un día que no recuerdo, y de hecho no decía quien es su autor. Yo solo sé que cuando vivía sola en otro país, lejos de todo lo que me era familiar y me daba seguridad, este himno me consoló enormemente. 

Cuando llegué a Inglaterra a estudiar la maestría me agobiaban pesadillas la mayoría de las noches, y me acostaba a dormir con miedo, como un niño pequeño. Sabía que un remedio infalible era orar, pero no sabiendo muy bien cómo hacerlo para obtener los resultados que necesitaba, me confié en el vasto tesoro milenario de la espiritualidad de la Iglesia Católica, y resolví empezar a hacer la Liturgia de las Horas: Laudes y Vísperas y a veces Completas. 

No sólo me sentí mucho mejor, trabajé mi intimidad con Dios, y las pesadillas se detuvieron, sino que quedé fascinada por el nivel de calidad poética de los himnos. Los himnos no son los mismos salmos que encuentra uno en la Biblia, son por lo general textos de doctores de la Iglesia o santos. Quien esté más enterado me corregirá. Como me encanta la poesía, me dediqué a coleccionar los himnos que más me gustaban en un cuadernito. Luego, recordando al piano composiciones que ya tenía, me di cuenta de que a esta música le iba perfecta este himno, porque la música se mece como el mar. 

Hace año y medio participé con esta canción en un concurso, en el que tampoco gané nada. Pero incluso mis contendientes me dijeron que nunca habían escuchado nada igual. Es una canción que apacigua y tranquiliza, casi como una canción de cuna para el alma, y así me funciona. Espero que la canción siembre la inquietud de revisar y rezar la Liturgia de las Horas, que pertenece a la espiritualidad de los monasterios, pero que muchos laicos de todo el mundo encontramos como nuestra forma de orar favorita. 

miércoles, 4 de abril de 2018

El reto del youtuber

Mis hermanas, que son menores que yo, se extrañan de que a mi prometido y a mí nos guste tanto YouTube. Ambos abrimos canal propio sólo para poder apoyar a nuestros youtubers favoritos, y la verdad es que siempre que nos vemos, tenemos que actualizarnos juntos en lo que las personas que seguimos han hecho. No sé explicarlo, pero preferimos ver las ocurrencias de las personas en YouTube, que seguir una serie de Netflix. 

En los canales que sigo yo hay desde historia, maquillaje, manualidades, tejido, hasta por supuesto, música: canales de personas que se dedican a hacer reflexiones y explicaciones sobre diversos aspectos de la música. 

Hace más de un mes dos de los canales de música que seguimos, hicieron una colaboración. Hablaron de porqué no es posible inventarse algo completamente nuevo en el mundo de la música, y uno de ellos, Jaime Altozano, lanzó un reto al final del video. El reto consistía en hacer una nueva pieza musical tomando elementos de otras canciones de forma muy sutil, y el ejemplo que él había puesto era simple y hasta cómico, así que decidí hacer algo así también, completamente libre de pretensiones. 



Precisamente había visto por esos días Moana, la película de Disney, y las canciones me habían fascinado, acepto que me obsesioné como si fuera una niña de 10 años. Entonces, en un arrebato de euforia loca y amor por la música, respondí al reto. Tomé elementos musicales de las canciones de Moana, y las letras del doblaje latino de otras tres películas de Disney, para acomodarlas sobre una base estilo Dido, aquella artista de cuando yo era adolescente. La composición, la grabación y el video los hice bajo tal frenesí que me tomé solo dos días para todo, y lo envié sin pensarlo a Altozano. La semana siguiente recibí la respuesta de que le había gustado lo que hice. 


Pasaron otras dos semanas y entramos en Semana Santa, en la cual tuve que cantar dos celebraciones del Triduo. Me fui a ensayo el martes, y cuando volví tenía más de 30 notificaciones de YouTube. Altozano había subido la compilación de los mejores resultados de su reto, y ahí estaba el mío. A la gente le había gustado especialmente, y sin darme cuenta, pasé de tener 4 suscriptores a tener 70 para el final de ese día. 



Es algo que no esperaba para nada. No respondí al reto buscando la fama internacional, y sin tener planeado nada, cientos de extraños me han pedido que suba más cosas. Si todas esas personas supieran lo baja que ha sido mi confianza, y que por eso nunca habría subido nada si no fuera por el estado de euforia y pasión por la música en que me encontraba... Espero vivir en ese estado desde hoy y para siempre. 

lunes, 26 de marzo de 2018

Un paso más

El año pasado compuse muy pocas canciones, es más, llevo un par de años reciclando melodías y composiciones de cuando estaba en la universidad, puliéndolas y dándoles letras más afines a mi estilo de vida ahora. Ese no es el caso con esta canción que he decidido lanzar bajo el nombre de "Un paso más". 


"Un paso más" la compuse hace poco menos de un año, y la construí comenzando por las texturas del piano y la armonía, luego escribí la letra y finalmente hice la melodía. Mis canciones casi siempre salen de jugar con el piano hasta que algo toma forma y evoluciona, o cuando dos juegos se pueden unir para hacer algo interesante, como sucedió con esta canción, en la que la estrofa es una cosa y el coro otra. Los arreglos los hice sobre el proceso de grabación.  

Para la letra es distinto. Cuando era más joven escribía bastante poesía, por supuesto mala, como expresé en esta entrada: 
Y por lo tanto, tenía cuadernos llenos de material para escoger que le cuadrara a esta nueva música. Sin embargo, hace mucho que no escribo, y lo que ya está escrito pero sin usar no me gusta. Mis más recientes canciones tienen textos no escritos por mí. 

Dado lo dinámico y desenfadado de la música recién compuesta en "Un paso más", no podía ponerle un texto grave de poesía académica, tenía que ser un texto fresco y honesto. Decidí escribir sobre lo que me había pasado recientemente: Había pasado medio año desde que mi prometido y yo habíamos vuelto de Inglaterra, y no había perspectiva de casarnos. Eso me dolía en extremo y pasaba una que otra noche llorando sola, o llorándole a él por teléfono. Además de no haber pasado a ninguna convocatoria de empleo, el clima en el coro en el que estaba ya se había corrompido por alguna pelea grave que habíamos tenido. En general estaba sintiendo que todo lo que intentaba emprender fracasaba, y ya me empezaba a creer que jamás iba a salir adelante. 

Definí en mi mente estos sentimientos para poder escribir la letra cuando se me presentara la oportunidad, y cuando se presentó, me sentía bien y tranquila. Cuánto tiempo cultivando aquella pesadumbre, para sentarme a escribir con la esperanza refrescada. Es por eso que la canción tiene un giro optimista al final, y las estrofas comienzan conmigo sorprendida de que esté de buenas ese día. 

Me gustó tanto el resultado general, que mandé esta canción a un concurso del distrito a mediados del año pasado, pero no pasé ni a las finales. Seguramente es muy simple para lo que se espera en esas ocasiones. Nunca he pretendido deslumbrar técnicamente a la gente con mi música, lo que quiero es hacer música bella, pues tal vez alguien encuentre consuelo o paz en las creaciones que Dios me inspira. Es por esto que ya era hora de compartirla con el mundo. 

Dedico esta canción a todas las personas que se sienten estancadas o ante un obstáculo y sienten que no pueden más. 

miércoles, 31 de enero de 2018

La técnica vocal del cantor litúrgico: Introducción

A continuación he reproducido el artículo que escribí para la página Philokalia.co, con el ánimo de continuar esta serie en mi blog de Impresiones.

Quien vive del canto se asemeja mucho a un deportista: Su oficio depende de su cuerpo en gran medida, por lo que el cuidado de la salud y el entrenamiento en la técnica deben estar insertados en los hábitos y en la vida cotidiana, aún cuando durante un tiempo no vaya uno a cantar en público. Sin embargo, hay un aspecto más que el canto y el deporte comparten que se parece más a un vicio que a una virtud, y es la tendencia a buscar llegar al límite. Podríamos comparar a un atleta exageradamente musculoso, con una soprano que no puede dejar de vibrar ampliamente y cuyo volumen es siempre altísimo.
Una persona cuyo trabajo es cargar cajas pesadas, muebles, o mover contenedores, es prácticamente un levantador de pesas, pues el deporte muy probablemente se derivó del oficio. De esta forma, el concierto se derivó de ocasiones en las que la música era natural e indispensable, como lo era en la Liturgia. Si quien carga muebles y mercancía pesada tiene músculos sanamente desarrollados, es porque estos han crecido según se ha necesitado, y tanto como pueden crecer de manera natural. Es probable que alguna vez se haya instruido a esta persona en las posturas adecuadas para levantar el peso y para sostenerlo, técnica que debe compartir con el deporte de levantamiento de pesas. Estas posturas se basan también en lo que es orgánico según la conformación y el funcionamiento del cuerpo.
No obstante, en el deporte, el levantador de pesas realiza la acción para entretener a un público, así como la soprano de concierto entretiene y ameniza a un público. Para divertir y asombrar puede justificarse el buscar el virtuosismo y llevar a lo “imposible” las habilidades. El cantor litúrgico en cambio está realizando un oficio, desempeñando una labor que lejos está de entretener. ¿Cuál es la forma correcta de cantar en la liturgia entonces? No puede ser la misma que para un concierto o una ópera. Tendría que ser de forma natural, pero con la técnica que permita una mayor calidad de la voz, porque la claridad del texto y de la intención de la música priman sobre la habilidad y la grandiosidad del instrumento del individuo.
Si el levantador de mercancía levanta peso para transportarlo de un lugar a otro, el cantor litúrgico canta para comunicar y realzar lo que está sucediendo en la liturgia, por lo tanto su voz tendría que ser clara, limpia y resonante, lo suficiente para asegurarse que es escuchada y el texto comprendido.
En lo que se refiere a la técnica vocal como tal:
  • La claridad se traduce en una dicción impecable y en la correcta afinación de la música,
  • la limpieza en la ausencia de vibratto, melismas o golpes de glotis innecesarios (entre otras mañas también muy comunes),
  • y la resonancia en el entrenamiento de la proyección, es decir en lograr un brillo adecuado y un sonido redondo que rebote adecuadamente en el templo.
Estas tres caracterísiticas trabajan con cualquier tipo de voz y con cualquier calidad, sea una persona dotada de un bello timbre que con frecuencia hace solos, o una persona que afina y canta en un coro. Así como un cantante profesional o experimentado ha de limpiar y buscar la modestia con su don, un cantante aficionado no puede menos que dominar los aspectos mencionados, de lo contrario estaría haciendo un trabajo mediocre.
En esta serie de artículos profundizaré más sobre las tres caracterísiticas desde mi experiencia como cantante profesional y cantora litúrgica, y ayudaré a quien quiera mejorar su técnica vocal con algunos consejos prácticos y propuestas de hábitos sencillos. Para Dios siempre lo mejor y lo más digno, incluso a la hora de cantar.

martes, 28 de noviembre de 2017

Frodo, Sam, el anillo y las rupturas

El mes pasado fue especialmente difícil para mi prometido y yo, no por algún problema entre nosotros, sino por un desencuentro y una decisión complicada de tomar respecto a un proyecto al que ambos pertenecíamos. Al final tuvimos que romper con el proyecto, porque era más mal que bien el que le estaba trayendo a nuestras almas, y todo este tiempo desde que aquello pasó, se ha sentido como si de verdad hubieramos terminado una relación de pareja.

Hemos entonces pasado por las distintas etapas del duelo: Tranquilidad de que terminó, tristeza, negación, ira, rencor, duda, resignación y finalente aceptación. Para cada etapa tuvimos que buscar medios para hacerla más llevadera: salimos con amigos, fuimos a cine los dos, comimos helado, lo cuál es decir mucho por la situación económica en la que nos encontramos. Retomamos también otros proyectos que habíamos hecho un poco de lado debido al tiempo que consumía el otro, y avanzamos muchísimo en un par de semanas buscando distraernos del dolor. 

Cuando se nos había acabado el dinero para los consuelos externos, le dije a mi prometido que había algo que siempre me ayudaba a pasar las transiciones cuando había cambios fuertes en mi vida, o procesos y momentos difíciles: ver las películas de El Señor de los Anillos. Esta saga salió cuando ambos éramos niños, y toda la vida nos ha encantado, es un gusto que compartimos. Gracias a estas películas conocimos a Tolkien como autor y como persona, y a pesar de que leímos los libros después, seguimos teniéndole especial cariño a las películas de Peter Jackson.

Hay tanto contenido, tantos personajes, tanta profundidad moral y espiritual en la fantasía y la construcción de ese mundo, que siempre le encuentro un nuevo  sentido, me identifico con alguien nuevo, siempre hay algo que descubrir, y siempre me alienta para seguir con mi vida ver como los seres más humildes de la Tierra Media destruyen el más grande mal que hay en ella. 

Esta vez vi en Frodo a mi prometido, pues desde que estoy con él, he visto que por amor a la verdad a veces sufre más de lo que recoge frutos. Sin embargo, sé que sólo él podría hacer lo que hace, que es defender la Iglesia Católica y la moral en el campo del periodismo. Sólo él puede, gracias a esa riqueza interior que es su mayor fortaleza, así sea invisible a los ojos de las gente en general, tal como le pasa al Frodo Bolsón. Curiosamente él me vio a mí en Sam, el fiel apoyo y heroico compañero de Frodo. Nunca pensé que me parecería a Sam, siempre me vi como un Pippin, torpe e ingenua, sin embargo mi prometido me explicó que a pesar de que Sam no entendía muy bien todo lo que sucedía y por lo tanto la complejidad del asunto, simplemente cumplía el compromiso que le había hecho a Gandalf al salir de La Comarca, implicase lo que implicase. Y sí, es cierto que la mayoría del tiempo no sé qué sucede ni me afana tomar posturas o construir una opinión, lo que realmente me mueve es que si acepté el llamado de Cristo, tengo que atenderlo y cumplirlo a cabalidad dentro de lo que soy, en mi medio, con mi oficio y en la vida cotidiana. 

Una vez terminamos de ver El Retorno del Rey, estábamos refrescados y animados a seguir batallando, a seguir con nuestras vidas luchando por salir adelante. Eso sí, no pudimos evitar preguntarnos cuando será que destruiremos el anillo: ¿cuándo acabará el desempleo y podremos casarnos?


El último mes

Mi querido y maltrecho Mac de segunda mano, que alegría me da estar acariciando tus suaves teclas, en comparación con las del enorme y profe...