lunes, 13 de julio de 2020

Mi historia con el tiple

Hace dos años escribí acerca de mi bandola: impresionesceballina.blogspot.com/fiebre-de-bandola

Así que recapitulando: Cuando estaba en el colegio era bandolista en la estudiantina de música colombiana. Tocaba la bandola andina, el instrumento melódico al que acompañaban el tiple, la guitarra y hacia el final el contrabajo. Ese era el formato instrumental de nuestra estudiantina. 

Mis papás quisieron que aprendiera guitarra desde muy pequeña, pero no le encontré el gusto porque me salían unas ampollas terribles, y progresaba muy lento como para sentirme motivada. Sin embargo aprendí lo básico, y sé cómo funciona el instrumento. Como mis dedos son de yema pequeña la bandola me pareció más fácil, pues las cuerdas eran más suaves y las distancias menores, y por su carácter melódico no requería de aquella pesadilla técnica llamada cejilla, que me hacía doler la mano. El tiple se me hacía similar a la guitarra, entonces no quise ni intentarlo. 

Años después, ya en mitad de carrera, me hice muy frecuente en la casa del grupo apostólico al que pertenecí muchos años de mi vida. El sacerdote que nos dirigía era muy viejito en ese entonces, y además era invidente, pero para mí era como mi abuelito, lo quería muchísimo. Me hice muy amiga de la empleada doméstica de la casa y del chofer, y me encantaba ver la televisión con ellos y contarles mis problemas. El padre tocaba el tiple, con él se acompañaba y cantaba muy bien las canciones de misa, cumbias, bambucos y rancheras. Un día, sabiendo que yo andaba por ahí desocupada, me pidió que afinara su tiple, a pesar de que le dije que no tenía ni idea de cómo, pero él me dictó las notas de afán y se fue. Afiné lo mejor que pude el tiple y me puse a experimentar con él porque no había afán de entregarlo. 

La sonoridad era especial, como la de una guitarra de doce cuerdas pero mejor, con todo ese derroche de armónicos, y el mástil no era tan ancho como el de una guitarra, en general era más pequeño y manejable. Desde ese momento me obsesioné con tener un tiple, así que con un dinero que había ganado cantando villancicos en Navidad, me compré uno, el más barato que encontré, porque era sólo para aprender. 

Aprendí las nociones básicas y compuse muchas canciones con él, pero la fiebre se pasó pronto, porque se diluyó entre otras ocupaciones, y me di cuenta de que no era muy buena, no es que me saliera muy natural. Lo abandoné, lo dejé llenarse de polvo y me fui a Inglaterra a hacer la maestría sin él. Es más, no lo extrañé mucho tampoco. 

Cuando me casé lo desempolvé y lo abrí, al tiempo que lo hice con la bandola. Repasé las nociones básicas con ayuda de algún video de YouTube y volví a intentar tocarlo. Lo llevé a un almacén de guitarras para un cambio de cuerdas, y el tipo lo miró con desaprobación y me dijo que no era un tiple NADA fino. Pero bueno, ya un poco más madura, y con el tiempo disponible, he podido sacarle lo necesario para acompañarme. Porque en el piano toco muchas piezas de piano solo, y no siempre canto, pero siempre que toco tiple canto, y lo prefiero cuando me siento melancólica o romántica. Su tamaño se ajusta al tamaño de mi cuerpo de forma que en vez de cubrirme como una guitarra, se hace parte de mí, y lo puedo tocar sentada en el sofá o en mi cama, no como el piano, que está fijo en un lugar. 

Más adelante, si el dinero me sobra, me gustaría tener un tiple más fino, y aprender la técnica con más seriedad. 

El Curita dueño del tiple que afiné aquel día falleció hace unos años, y su muerte es lo que más me ha golpeado en la vida, porque no he perdido a ningún familiar aún, y él era como familia para mí. Cuando estoy tocando canciones en el tiple pensadas para entretener a las personas cuando se ofrezca, me acuerdo de él y del genuino cariño con que cuidaba de mi alma y a la vez me celebraba mis peculiaridades y motivaba a ser única... Me da tristeza, pero también siento que su presencia se perpetuó en mí a través del tiple, y así nunca lo olvidaré. 

lunes, 8 de junio de 2020

"Nuevo hoy"

Es fácil sentir la monotonía en estos días de aislamiento. Seguramente se ha vuelto recurrente el comentar con otras personas que uno ya no recuerda cómo era la vida antes de esto, y más aquí en Bogotá, donde las personas somos tan adaptables y aguantadoras. 

Hay detalles en mi vida que son relativamente recientes, con los que me pasa algo similar. Por ejemplo el tejer: aprendí a tejer hace apenas seis años, y ahora es una actividad crucial de todos los días. Tampoco concibo mi vida sin cantar misas, sin sentir esa familiaridad con el canto gregoriano; o no recuerdo la vida sin escribir blog.

Nunca me ha parecido del todo sano hablar de un "antes y después" tajante, porque he conocido personas que asumen que el "después" es estático, y no se preocupan por seguir creciendo, o incluso se tropiezan con que la voluntad cambia, y hay circunstancias que nos despojan del control. Sin embargo, yo siento que hubo un momento en el que asumí con convicción los cambios que se habían estado produciendo en mí poco a poco, y a partir del cual cambié mucho como persona. De ese momento hablo en mi canción "Nuevo Hoy".


En la canción hablo del momento de mi conversión, de cuando decidí abrazar mi Fe Católica, y asumirla sin tibiezas ni matices. Mi historia no es como aquellas que son virales porque son cambios de vida extraordinarios, de un extremo al otro, no. Nunca me alejé de mi fe, pero sí me avergonzaba y me daba muchas licencias, quería encajar, como cualquier persona: hacer lo que todos, querer lo que todos, tener las mismas inclinaciones y gustos, pensar como todos. 

No obstante era muy infeliz, porque no me salía natural y tenía que hacer mucho esfuerzo, era agotador. Tan agotador fue que padecí una enfermedad que reflejaba muy bien esa lucha: una dermatitis que no me respetó ni un centímetro, como si me quisiera arrancar la piel y dejar de ser yo.  La enfermedad no me iba a matar, a lo más grave a lo que llegó fue a infección, pero verme así, afeada, me afectó mucho, e iba rumbo a una depresión. 

Busqué consuelo en la Iglesia, y Dios me lo concedió de forma tan puntual y tan abundante, que no pude seguir pretendiendo que me importaba más lo que pensaran los demás, quería ser completamente honesta con mi fe, como debía ser. Dios no sólo me sanó, sino que al poco tiempo conocí a mi esposo, de fe como yo, y ya llevamos dos años de casados.  

Cada vez que escucho esta canción me alegro muchísimo, porque he sido muy afortunada. 



viernes, 15 de mayo de 2020

Querer cantar, saber cantar, aprender a cantar

Mi trabajo principal es dar clases particulares a domicilio, especialmente de canto, y como en todos los demás oficios he tenido que ingeniármelas para continuar durante la cuarentena de forma virtual. 

Viendo las limitaciones de la distancia me dediqué a buscar recursos extra en YouTube para enviar a mis estudiantes, y también para ayudar a los colegas que hacen videos, pero no encontré nada que me convenciera. Entre esto y los problemas que no había visto antes y que se revelaron en las clases virtuales, hice algunas reflexiones acerca de lo que es querer, saber y aprender a cantar. 

Con mis estudiantes más jóvenes, que son niños aún, sucede que buscan las clases porque sus padres quieren que canten o ellos mismos quieren cantar. Es algo sencillo para mí porque lo que tengo que hacer es comenzar a despertarles la voz y ejercitarles el oído para que aprendan a afinar, es decir, a dar las notas con facilidad y precisión. Los niños no conocen mucho, así que son abiertos a lo que uno les muestra, y absorben con una rapidez enorme; adquieren el oído, sacan la voz y van mostrando intuición del lenguaje musical en corto tiempo.  

No obstante, con adolescentes y adultos sucede algo distinto: ellos creen saber cantar, y vienen a tomar clase porque quieren hacer algo muy específico. De esta necesidad se deriva el fenómeno de coaching vocal que encontré en YouTube, donde la gran mayoría de videos de técnica vocal son enseñando efectos específicos como la "voz de silbido", la voz nasal, el "vocal fry", etc., que se resumen en "te enseñamos a cantar como ese cantante famoso". Para colmo, todo eso me suena muy familiar y recuerdo que así fue estudiar canto jazz en la universidad: "no sé muy bien cómo, pero esto te tiene que sonar lo más parecido a Ella Fitzgerald posible", siendo la voz natural de uno aguda y sin vibratto.  Muchas de estas mañas lastiman el cuerpo y no garantizan que la voz suene bella, fluida, clara y fuerte, y mi convicción al enseñar es ayudar a las personas a encontrar su propia voz y a cantar con técnica para asegurar la salud y duración de estaLos estudiantes que llegan con estas pretensiones ya presentan voces con buena resonancia, o buen timbre, pero sorprende el hecho de que muchos de ellos tienen graves problemas de afinación, y una muy mínima disposición para corregirse. 

Lucho un poco y de forma muy suave con este tipo de estudiante, que además quiere ver resultados inmediatos, pero a sus espaldas comento si de verdad querrá aprender a cantar... 

Como me gusta mucho el dibujo, siempre lo utilizo de analogía. Quien quiere aprender a dibujar se mete a clases para saber cómo abordar el objeto, el espacio, el cuerpo, lo que sea, y al principio tendrá que aprender a dibujarlo de forma realista. Después de saber hacerlo, el dibujante puede caricaturizar o deconstruir a placer. Pero la técnica es crucial, no sólo por la parte estética, sino porque un dibujo que se entiende comunica más fácil: o es o no un árbol, así sea gordito, siniestro, o tenga cara, por poner un ejemplo. Así es con el canto: Durante siglos la gente ha ido mirando cómo se debe cantar para escucharse claramente sin lastimarse la garganta ni ningún otro órgano, y todo ese conocimiento ha llegado a estos días.  

Afortunadamente tomé algo de técnica vocal clásica antes de la universidad, y me he dedicado a desempolvar eso junto con absorber como una esponja lo nuevo que aprendo cantando música antigua y sacra. A la vez que les enseño a los demás, también me enseño a mí misma, y como tuve que volver a empezar desde cero con mi voz, estoy consciente de que me falta mucho. Insisto en que se aprenda a cantar a la par que se aprende el lenguaje de la música, con muchísimo énfasis en el desarrollo del oído y la afinación, porque mi parte favorita de ser cantante es la música. 

Suena obvio, y sin embargo invitaría a los cantantes o personas que quieren ser cantantes a que revisen sus prioridades. Tengo estudiantes para los que es más importante expresarse ellos, que la calidad musical de lo que hacen. 


sábado, 18 de abril de 2020

Historias de la vida beauty en cuarentena

Ya cumplimos un mes de encierro, y hay mucho de qué hablar desde muchísimos puntos de vista. Sin embargo, no tengo ganas de ponerme ni grave ni polémica, es más, he tratado de no estar al tanto de lo que pasa sino apenas lo justo y necesario, pues como digo en este blog, soy muy "impresionable" y no deseo amargarme más de lo necesario por la situación. 

Por eso quiero hablar de "la vida beauty", como llama mi youtuber de maquillaje favorita Ratolina a esto de cuidarnos y jugar con la apariencia que a muchas mujeres nos fascina. 

Como desde niña sufro de una piel delicada, propensa a las alergias y las manchas, toda la vida he usado muchos productos solo para el cuidado básico, y al ser una persona creativa, me encanta el maquillaje. Soy colorida en el vestir y no iba a combinar una cara lavada con mis pintas, es por esto que apenas comenzó YouTube, lo primero que hice fue seguir canales de maquillaje. He cambiado con el paso de los años, y sólo me he quedado con uno, el de Ratolina, una chica española de mi edad que tiene muy buen gusto, y una "personalidad arrolladora" que hace especialmente amenos sus videos. 

Cuando confirmaron que iba a hacerse oficial el aislamiento, vi necesario ponerme hábitos y metas claras, y en esto entró la vida beauty. La primera semana decidí ponerme falda lo más posible, porque tengo varias y me gusta mucho estar de falda, pero no es muy práctico para el estilo de vida que llevo. Y la otra decisión que tomé fue usar todos los labiales que tengo, y poner en el último lugar los que uso siempre. No miento cuando digo que tengo más de 20 labiales, es mi producto de maquillaje favorito, sin el cual no puedo vivir. Puedo salir sin nada en lo ojos o en la piel, pero sin color en los labios no puedo, y como mi gama usual para vestir consiste básicamente en algún derivado del rojo+jean+color neutro, tengo labiales rojos, vinotintos, rosados, morados, naranjas; y de cada color cremosos, mates, metalizados, glosses, brillantes y opacos. El ejercicio resultó genial porque por fin entendí que los colores muy brillantes tipo neón se me ven terribles, pero encontré cómo mezclar los labiales que no me quedan tan bien con otros para hacerlos aceptables y gastarlos. 

Luego empezaron las videollamadas, e inmediatamente vi que sería bueno ponerse alguito en la piel para mitigar el brillo. Usualmente uso base, polvos y rubor, pero mi piel es mixta, y con el paso de las horas se me pone muy brillante la frente. Desde hace años no consideraba usar polvos sin base debajo, pero pensé que iba a ser lo adecuado para la cámara en casa. Me puse entonces mis polvos y el rubor o "colorete", como llaman en España, y Oh sorpresa que los polvos me brindaron la suficiente cobertura y no brillé en todo el día. Tengo que intentarlo en la vida por fuera, porque parece una opción muy práctica para diario a la que no le habría dado el chance de otra forma. 

La linda Ratolina puso este video y seguí el tutorial para maquillarme los ojos:





Pues resultó que este estilo me favoreció como ningún otro, y lo he intentado con lápices de muchos colores: café, malva, azul oscuro y aguamarina, combinado con el lápiz negro en la línea de las pestañas, y funciona muy bien. Quién creyera, una técnica tan simple. 

Más historias pequeñas: La semana pasada encontré las medias blancas de malla de mi matrimonio, las cuales sólo había usado una vez, en el Gran Día, y me las puse. Me sentí muy femenina todo el día, y le hizo mucho bien a mi estado de ánimo. Para salir a hacer unas compras decidí aprovechar para gastar la base de maquillaje, así que me la apliqué como siempre, pero esta vez parecía el cacique de la leyenda del Dorado, ¡¡cubriéndome de oro para lanzarme a la laguna!! Me he palidecido por no salir, y ya soy menos trigueña que antes. 

Estas son anécdotas que algunas personas encontrarán superficiales, pero que ha contribuido a hacer este encierro llevadero y divertido. Añado además que a mi esposo le ha encantado verme bonita y arreglada, y tampoco sobra hacer más fácil la relación entre los dos. Yo pensaba que arreglándome me daba dignidad y me animaba a seguir con mis proyectos, trabajo y relaciones, pero la verdad es que también le he dado importancia a mi matrimonio, porque se ha hecho importante que a los dos nos atraiga el otro y nos sea placentero vernos. 


miércoles, 4 de marzo de 2020

Canciones determinantes: Clocks

En 1997 salieron "Karma Police" y la "Bitter sweet symphony", y en el 99 salió "Porcelain" de Moby. Yo era una pequeña niña, y podría afirmar que no noté la existencia de estas canciones en el momento. Más adelante, alrededor de los 10 años (en el 2001), me empecé a percatar de ellas y me encantaban cuando las escuchaba en la radio, había algo en ellas misterioso y profundo que cautivaba mi cerebro de niña introvertida. 

Estaba acostumbrada a que la música era el pop que ponían mis compañeras para hacer coreografías, o el Joan Manuel Serrat y el Paul Simon que escuchaban mis papás en la casa; pero en ninguno de esos estilos me veía identificada, no era así como me sentía exactamente, en cambio podía verme cantando las canciones que mencioné a media voz sobre una cama de "sonidos cósmicos", y aunque no entendía la letra, ni me molesté nunca en hacerlo, suponía que debía decir algo muy real y significativo para mí. 

En el 2002 mi situación en el colegio se hizo realmente difícil: crecí mucho de repente y me hice mujer de un momento a otro, con tan solo 11 años. La melancolía natural que siempre me ha caracterizado se hizo un hecho tangible y definitivo, y también me enamoré, lo más natural en ese mar de hormonas. La vida era realmente "bitter sweet", y aún faltaba mucho por vivir, había una perspectiva enorme de emociones y situaciones que me esperaban en la nueva etapa que comenzaba. 

En ese contexto escuché "Clocks" de Coldplay. 

Los "sonidos cósmicos" estaban ahí, pero el tempo era más enérgico, el beat más claro, y la voz no era apenas emitida con pereza, sino realmente cantada, la melodía era cantable y pegajosa. Así era exactamente como me sentía: el misterio y la profundidad eran algo en lo que iba a entrar, y ya iba a poder entender e iba a poder crear y cantar por mí misma. 

"Clocks" cambió el sabor de la época, y por siempre representará para mí el lado más luminoso de crecer. Si el crecimiento y los cambios en mi interior se sentían como una nebulosa inabarcable, con esta canción tomaron forma y dirección. No sé decir si Coldplay determinó mi estilo, o si encajó en mi estilo, pues siempre me incliné por ese tipo de sonoridades. ¿qué determinará que uno tenga ciertos gustos? Supongo que los gustos son algo que no se puede explicar, y en ellos se manifiesta la casi infinita diversidad de seres humanos que hay.

En fin... Todo salió bien, Laura de 11 años, aunque casi 20 años después sigues siendo joven, y sigues creciendo, explorando y luchando. 






viernes, 21 de febrero de 2020

La libreta

Una de mis hermanas me hizo una libreta con una tela que bordé, y quedó pequeña, pero con muchas páginas de papel cuadriculado. Tengo muchas libretas y cuadernos: Mi agenda, un par de cuadernos pentagramados cuyo propósito es obvio, un diario, una libreta en espera de ser el siguiente diario, un cuaderno en el que llevo registro de mis clases, un cuaderno en el que tomo apuntes de conferencias no musicales, y una pequeña libreta en la que anoto oraciones y apuntes de charlas sobre temas espirituales. Aparentemente no tenía nada por cubrir, pero quería estrenar el coqueto regalo de mi hermana, así que decidí usarla como libreta de bolsillo.

La libreta de bolsillo... Un recurso olvidado de hace muchos años. Me remonté a mis años del colegio de solo pensarlo. 

En general, pasar de primaria a bachillerato no es una cosa fácil. Yo no fui una excepción, y la segunda parte del colegio fue algo trabajoso e incómodo: la pubertad no favoreció mi apariencia; descubrí que el estudio me gustaba, lo cual no era común ni aceptado por los demás; y me encontré con un mar interior de creatividad vasto y difícil de controlar. Aquí entró la primera libreta, probablemente alguna de publicidad de una marca que mi mamá me regalara. En la libreta podía esconderme y pretender que tenía ocupación cuando me veía condenada a la soledad (porque a esas edades la soledad es un cruel castigo), y en ella anotaba pensamientos, reflexiones, citas que me gustaran, letras de mis canciones favoritas, hacía dibujos, tomaba apuntes cuando era necesario, pero sobretodo escribí muchos intentos de poesía. Las libretas se acababan y una sucedía a otra, y así hasta usar varias por año. Aún guardo algunas y a pesar de la vergüenza que me dan, admiro lo creativa que era, casi como una fuente que brota sin señal de llegar a su fin. 

Cuando salí del colegio la soledad terminó. Los amigos, los novios y la carrera ocuparon mi mente y mi corazón. Sé que hay uno que otro dibujo y poema en los cuadernos de la carrera, pero perdí la costumbre de la libreta de bolsillo. 

De vuelta al presente, comencé a usar la libreta que me regaló mi hermana este año, y de entrada anoté unas cuantas listas: libros que me quiero leer, cosas que quiero tejer, piezas musicales que quiero sacar. Luego anoté unas instrucciones de tejido que necesitaba tener a la mano, luego unas direcciones, hice un doodle, tomé unos apuntes... Y un día esperando un bus, me salió un poema sin buscarlo, después de años en los que no me pasaba eso. 

Qué feliz me hace mi linda libretita, siempre a la mano para recibirme. Soy una persona muy ordenada, y todo lo que facilite el orden de mi espacio me encanta, pero también soy así con mi mente, me gustan los sistemas y las teorías porque mi mente es muy inquieta y atiborrada y anda de aquí para allá con muchas cosas diferentes a la vez. Se podría decir que este caos natural añora y atesora el orden, y por eso la libreta volvió a entrar de maravilla: Tengo muchos intereses, y diversos campos de acción con sus respectivos propósitos que son cosa sólo mía: mi música, mis escritos, el trabajo, el tejido y numerosas lecturas y podcasts sobre mis diversos intereses. La libreta me permite aterrizar una cosa a la vez y aclararla. 

Estoy segura de que el celular no podría ayudarme con eso... Sólo digo. 




miércoles, 22 de enero de 2020

La amistad en la vida adulta

Últimamente ando muy aficionada a los videos en los que analizan películas y personajes del cine o de series de televisión, desde un punto de vista más psicológico dentro de la historia, que desde los aspectos técnicos de la producción. Y hay un tema que se repite bastante debido a la gran cantidad de comedias de cine y televisión que lo abordan: la amistad, sobretodo cuando uno ya es adulto. 

Me puse a revisar el tema a la luz de algunas de las reflexiones de esos videos, ya que llevo por lo menos 4 años de vida adulta oficial. Y llegué a lugares interesantes que a continuación compartiré: 


1. Es más difícil hacer amigos en la vida adulta.

Cuando uno es niño, es sencillo acercarse a otro niño e incluirse en su juego, porque no hay prejuicios ni reglas que lo prevengan a uno. Ahora no es sencillo hacer una conversación con cualquier extraño, y aunque se pueda hacer, es algo que no significará nada, más allá de ese momento. Si en algo trasciende un encuentro así, no será para amistad, sino probablemente por un interés romántico.

Además, por experiencia propia viví que luego aparecen intereses que lo pueden alejar a uno de su amigo de la infancia en la adolescencia, y ahí es cuando uno simplemente salta a buscar personas con los mismos intereses.  


2. Es más difícil "escoger" a los amigos en la vida adulta.

Encontrar personas con intereses similares no es difícil, porque entre decenas de estudiantes que tienen los colegios, habrá alguien que comparte los mismos valores o gustos, y esto también sucede en la Universidad. Si no te sientes cómodo con la gente de tu carrera, es probable que haya un electiva o actividad extra curricular en la que te ajustes. 

Sin embargo, cuando uno crece, los ambientes son cada vez más pequeños, y a pesar de que en la vida profesional podría uno compartir la pasión por la carrera, las personas son más complejas, tienen más aspectos, y encontrar completa afinidad con alguien es algo casi imposible. 


3. Es por eso que la mayoría de amistades no duran toda la vida. 

Llega un momento en el que uno cambia de intereses, preferencias, y sobretodo forma de pensar. Ya uno no comprende a sus amigos, y ellos no lo comprenden a uno, y poco a poco la distancia va creciendo, y ambas partes ceden a ella. 


4. Las amistades forjadas en la vida adulta son más profundas. 

Como no hay mucho de dónde escoger cuando uno es adulto, la amistad se va dando entre las personas con las que uno está obligado a estar la mayoría del tiempo, es decir la gente del trabajo y la familia. Aunque en un principio no hay nada en común, el pasar tiempo juntos implica un conocimiento profundo del otro, afrontar y solucionar problemas o compartir triunfos va uniendo a las personas. 

Aquí es cuando me doy cuenta de mi propia madre, con quien sostuve vergonzosas peleas en la adolescencia, es una gran amiga ahora, y que el director de mi coro, el músico alemán idealizado e inalcanzable, es también un gran amigo, que sabe mucho de mí, y yo sé mucho de él. Por supuesto debo agregar que la relación que tengo con mi esposo es la más profunda de las amistades, y que con él cuento para consuelo, apoyo, y consejo. 


5. La amistad es necesaria en la vida adulta.

Es que salir a la vida profesional y vivir solo no es nada fácil, es abrumador. Adicional al hecho de que todas las acciones y supervivencia son completa responsabilidad de uno mismo, está que por lo menos en esta ciudad capital en la que vivo, la gente es competitiva y egoísta, y rara vez alguien te tenderá una mano, a menos que sea completamente indispensable. Las relaciones son superficiales, cordiales, y hay envidia, ambición, rivalidades, y todo lo que se ve en las telenovelas y CSI. La mayoría de las personas se protege, y en las relaciones evita verse vulnerable, o sufre en secreto. 

Es indispensable tener a alguien con quien uno pueda abrirse completamente, desahogarse, verse desde fuera y ver las situaciones desde otra perspectiva. Por eso las personas que uno no consideraba antes adquieren un valor inmenso cuando el mundo se pone complejo, como mi mamá, que ya ha vivido muchas de las cosas que ahora vivo, o como el colega que ha pasado más penurias económicas que yo, cosas así. 

Siempre he sido una persona de poquísimos amigos, incluso desde niña. Nunca he podido llamar a más de 3 o 4 personas a la vez "amigos". La palabra tiene mucho peso para mí, y no la uso a la ligera. Es por eso que en mi experiencia, las personas a las que ahora llamo amigos, de orígenes y profesiones muy diferentes, tienen una sola cosa en común: el propósito de vivir una vida honesta y generosa, ese es el ideal que compartimos todos. Después de todo, en la vida adulta el adagio sería: 

"El que encuentra una verdadera buena persona encuentra un tesoro". 

Y uno no debería dejarla ir nunca. 






martes, 22 de octubre de 2019

El Canto Gregoriano

Supe que el canto gregoriano existía porque a mi papá le regalaron un CD con covers "al estilo gregoriano" de canciones populares de rock. Estos "covers" no eran más que las canciones cantadas por un grupo de hombres de una manera plana, sin articulación ni vibratto y al unísono. Luego lo estudié en la universidad en uno de los módulos de Historia de la Música, y no sólo no entendí nada, sino que no le puse interés dado que para completar, la literatura en la que se basó el profesor estaba en inglés. 

Quién iba a pensar que unos años después el Canto Gregoriano iba a ser un pilar importante en el ejercicio mi carrera. 



Cuando conocí la música sacra (el cuento más repetido de este blog), de entrada venía ahí el gregoriano, y una vez entendí a grandes rasgos la notación, tuve que apurarme a cantarlo porque era necesario y el director no se podía detener a explicarle uno nada. Se trataba de un coro grande de aficionados así que cantábamos despacio y más o menos con métrica las melodías gregorianas. En Inglaterra, en el coro de la parroquia, lo experimenté de la misma forma. 

Luego volví al país y entré a un coro de cámara que unos amigos habían formado. Hacíamos música antigua, es decir cantos medievales, polifonía del Renacimiento y Canto Gregoriano. De todo el repertorio, lo que menos me gustaba, sin disgustarme, era el Canto Gregoriano, y como un compañero lo conocía mejor que yo, él ponía el criterio de interpretación. No obstante, ese criterio que se nos antojaba un poco aleatorio, no nos convencía a varios de los integrantes, y por eso tratamos de estudiarlo. En el curso de este estudio entendí mejor algunas cosas, pero se me escapaba la esencia de la interpretación, nunca nos quedó claro cuál era la forma correcta de cantarlo. Ese desacuerdo junto con otros problemas socavó mi relación con el coro, y terminé saliendo de ahí. Durante un año no canté nada del repertorio Gregoriano porque le había agarrado una especie de rencor. 

A principios de este año, mi concuñada me pidió que acompañara al coro gregoriano de mujeres que contrató para cantar su matrimonio, y lo hice para complacerla. No del todo convencida y sin verdadera pasión entré al coro oficialmente después. Hace poco escribí aquí acerca de cómo debo restringir mi voz cantando con ellas. También en la Capella Cathedralis, la otra agrupación a la que pertenezco, hicimos la otra vez el Te Deum gregoriano. 

Lo que no vi venir es que con la pertenencia al coro de mujeres, venían las clases teóricas que la directora, oficialmente formada en este asunto, dicta mensualmente. Con dos clases ha bastado para que se me despierte una auténtica pasión, claro, porque las clases no intentan abarcarlo todo como nuestro estudio con el otro coro, sino que toman elementos separadamente. Y es que el Canto Gregoriano es vastísimo y complejo, y las cosas no son blancas o negras, como alguna vez creí. 

Adicional a la fascinación por la historia y la teoría, ya le he cogido práctica a la interpretación de tanto cantarlo, ya entiendo la música, entiendo sus movimientos y dinámicas mucho mejor, y ahora lo escucho mientras lo canto y lo paladeo, lo disfruto. El efecto, siendo el Canto Gregoriano la música sacra más perfecta, es como de limpieza: Cuando practico sola o ensayo con el coro, siento que los cantos me lavan, son como agua cristalina que fluye y se lleva malos sentimientos.

Ahora quiero utilizar más los Cantos Gregorianos cuando tengo que cantar sola o con mi esposo, y ya no les temo, ni me causan aprehensión, nada. Quiero aprender más para hacerlo muy bien. Ha sido un viaje curioso. 



miércoles, 14 de agosto de 2019

Porqué creo

Como uno podría deducir del nombre de este blog, soy altamente impresionable. Desde siempre he sido muy sensible, y por eso me encanta el arte y elegí la música como profesión. Una pieza musical, una imagen o una idea son capaces de dejar en mi marcas profundas, para bien o para mal. 

Comencemos con las impresiones negativas, las que me ha motivado a escribir hoy. Debido a que no encuentro nada más que ver en la televisión, últimamente le cogí afición a "CSI", en las distintas ciudades en que funciona el show. Pues bien, me vi capítulo tras capítulo un par de días, hasta que llegué a lo inevitable: una imagen tan horrible y retorcida que imprimió huella profunda en mi mente. El estómago se me revolvió, y después mi mente comenzó a rondar el "¿cómo es posible que alguien sea capaz de hacer algo así?" durante todo el día, lo cual me ensombreció y me puso de mal humor. Me he propuesto dejar la televisión por un tiempo, lo que me ha llevado a ver videos en YouTube de los temas que me gustan a mí: música, danza, manualidades e historia. Dentro de esa última categoría, me llamó la atención un video sobre la mitología sumeria, y lo he visto... Para saber que es misteriosa y malvada, con la existencia de posibles aliens que piden sacrificios humanos (según este video), y asuntos afines a este. 

Otra vez tengo revuelto el sensible estómago de retrato literario de señorita del siglo XIX. Pues sí, no me avergüenzo, porque más que frágil, lo que tengo es que soy muy idealista. 

Fui criada en la Iglesia Católica desde niña, como millones de personas hispanoamericanas, porque nuestra cultura es arraigadamente católica. Mi parroquia de la infancia se llamaba Santa Teresita del Niño Jesús, y además de las estatuas de Cristo, la Virgen, los Santos y los cuadros de escenas religiosas, crecí viendo la fotos que existen de esta santa, colgadas para ornamentar el templo. Es como si todo lo bueno que puede ser el ser humano fuera evidente en esta foto: 





A medida que fui creciendo en edad, me fue evidente que emular la bondad de esa foto era difícil, pero también me era difícil comportarme mal. Lo hacía, porque soy un ser humano como todos, pero nunca me supo bien. Mi conciencia siempre me dijo que no debía conformarme, y esto fue tanto en el estudio y en mi arte, como en mi crecimiento personal. Y entre más honesta ha sido mi búsqueda, más vuelvo siempre a la Iglesia. 

Ahora las impresiones positivas, y la explicación del título de esta entrada. Hay dos escenas de películas musicales que siempre me llevan al llanto de la fascinación: la canción en el Central Park de la película "Encantada", y "Put on your Sunday clothes" de "Hello Dolly!" con Barbra Streisand, y sí, porque son alegres y optimistas, alguien dirá que cursis, pero también porque me conmueve que tanta gente se pueda organizar y trabajar para dar un resultado tan hermoso. Otra impresión muy fuerte que me quedó fue ver el Brompton Oratory en Londres, pues todo era impecable técnicamente e imponente, y cada capilla exquisita, sin escatimar en detalles. Estas impresiones tienen en común una gran magnitud, son cosas grandes; mientras que las impresiones malas son a lo mucho, complicidad de 5 personas, que afecta y resuena en otras pocas. 

Me es fácil creer en un Dios que es Padre y la pura Bondad a la vez que es todopoderoso, porque veo con claridad que el Bien y la Belleza siempre superan exponencialmente al Mal y la Fealdad, así nuestra naturaleza esté rota, y tengamos esa innegable inclinación al mal. Esa inclinación la cura Jesucristo con sus enseñanzas, su sacrificio y la gracia que derraman los sacramentos. Cuando leo las vidas de los santos, o medito sobre la vida de la Virgen María, no veo el absurdo por ninguna parte, se me hace tan posible como normal porque he visto como el mundo está envuelto en una lucha entre el bien y el mal que no es equitativa, desde sus dinámicas físicas y biológicas hasta en la humanidad que lo puebla. 

Bueno, esto puede ser cursi para algunos, y no ser suficiente para otros. Desde luego, estas son mis impresiones, algo muy personal. 

martes, 23 de julio de 2019

Mi historia vocal: las visiones sobre mi voz

Hace un par de años me di cuenta de que tenía algunas fallas técnicas en el uso de mi voz para cantar, a raíz de una entrevista que tuve. Esa experiencia me movió a escribir esta entrada:  https://impresionesceballina.blogspot.com/2017/02/cantar 

Pero también me movió a buscar un libro sobre técnica vocal más digerible que el que cito ahí. Aprendí mucho, no lo puedo negar, pero me molestó que la autora, una cantante de ópera española, afirmara que las personas con rinitis o asma crónicas no podían dedicarse al canto. Claro, porque yo sufro de rinitis crónica. "Muy tarde" pensé. Ya estoy graduada y hasta con maestría. 

Sé que mi voz es distinta, es rara, tiene un brillo excesivo debido a la nasalidad, y se me descontrola el vibratto con facilidad. Es debido a estos defectos que cuando estudiaba técnica vocal de adolescente, la profesora me recomendó que no me presentara a canto lírico, sino a canto jazz, porque no tenía voz para el repertorio clásico. Efectivamente, pasé a canto jazz, y en general me fue muy bien, todos los géneros de difusión radial que me pusieron a cantar los logré interpretar, nunca hubo grandes correcciones. 



Luego me he dedicado estos 5 años a la música sacra. El director del primer coro en el que estuve no me molestó mayor cosa, y dejó que me fuera adaptando al estilo a mi propio ritmo. Fui aprendiendo lo que necesitaba, y este es el punto en el que ya me sé defender cantando con voz de cabeza y limpia de mañas. Pensé que eso era todo, no obstante, ingresé a un coro de canto gregoriano, género en el que tengo alguna experiencia, y la directora manifestó que hay algo en mi forma de cantar raro, que hace evidente la falta de formación que tengo como cantante lírica. No lo vi venir y no lo comprendí, no sé exactamente qué le dio la pista a ella. Lo comenté con una estudiante y a ella le pareció obvio: son el uso de la voz de pecho en los graves y el brillo. 

Conozco personas a las que no les gusta la música "pop", pero conozco a muchas más personas que no soportan la música clásica con voz, porque no entienden el texto y todas las voces les suenan igual. ¡Cierto! Había olvidado que en el jazz y en el pop sí puedo ser yo misma, porque mi voz singular no se adaptaría a una ópera a menos que pasara por un doloroso proceso de supresión de las características más mías y desarrollo forzoso de características que no tengo; sin mencionar que me tocaría tratarme con rigor las alergias. 

Lo bueno es que desde que empecé a escuchar Música Antigua, me di cuenta que ese es un espacio de la academia vocal en el que le dan más lugar a los rasgos distintivos de las voces. Tal vez como solista podría funcionar en este repertorio. El problema es que entré a un coro, en el que voy a sonar al unísono con otras personas. No mezclaré mucho a menos que aprenda a negarme a mí misma. Ya lo empecé a vivir y va a ser restrictivo, porque me toca mantener la boca en posición de pitillo para oscurecer mi color. 

Veré si es posible adaptarme. 

lunes, 27 de mayo de 2019

Las nuevas generaciones

Supongo que esta será la primera de muchas entradas acerca de mis estudiantes. Doy clases de música a niños y jóvenes, y trabajo de forma individual o en grupos pequeños, lo que me permite tener un conocimiento más profundo de cada uno. Mi corta edad de adulto joven también propicia que los niños me tengan confianza, y procuro ser cercana a su mundo actualizándome en dibujos animados y en referencias de la cultura pop, todo porque me gusta poder hablarles en su idioma una que otra vez. 

Recientemente empecé a preparar a una chica de 17 años que ha elegido la música como profesión. Como las clases con ella son individuales, hemos construido una amistad bonita, y ya nos conocemos bastante bien.





Veo en ella muchas cosas de mí cuando tenía su edad, siendo yo 10 años mayor que ella. Una de las cosas que tenemos en común es el gusto por la lectura. Alguna vez hablamos de nuestros gustos literarios, y desde entonces nos mantenemos al tanto de nuestras lecturas. Hace un tiempo ella  empezó a leer "Satanás", de Mario Mendoza, una novela que jamás me ha llamado la atención, tanto así que no protesté alguna vez que una amiga me la resumió, así confirmé que nunca la iba a leer. Incluso en otra ocasión vi escenas de la película que le hicieron, y quedé muy perturbada. En fin, no quise llegarle a mi alumna con prejuicios morales y aburrirla con advertencias o sermones, le dije que ese autor y ese género no me gustaban para nada, pero que me fuera contando qué le parecía. Le aconsejé que lo terminara como quien asume el compromiso de terminar lo que empieza. 

Un día llegó a clase realmente alterada porque no se sentía capaz de terminar el libro, la trama se había vuelto demasiado cruda y malvada. La escuché desahogarse, un desahogo que incluyó escenas de la novela asquerosamente violentas y llenas de maldad, y luego le aconsejé que no lo terminara, y traté de convencerla de que no es de débiles escuchar a la conciencia y alejarse de algo que le está haciendo daño al cuerpo, la mente o el alma. 

No sé qué tan bien me haya salido el discurso... La verdad es que  después de escucharla me había dado dolor de cabeza, me había impresionado demasiado lo morboso y malintencionado de la novela. Todo el viaje vuelta a mi casa yo me sentía asqueada, luego el asco se convirtió en indignación, y luego en un ardiente celo, coraje de que haya material al alcance de "mis niños" pensado para quitarles la inocencia y la ilusión por la vida, casi que diseñado para causarles desesperanza, porque el argumento en "Satanás" es que el hombre es malvado, y esa maldad es la que siempre triunfa, sin importar nada. Llegué al apartamento a buscar en internet algún artículo que analizara y advirtiera los peligros de aquella novela, pero no encontré nada, al contrario, muchas alabanzas. 

Han pasado unas semanas, ella terminó el libro porque ese día solo le faltaban 4 páginas, y corroboró que acaba mal. Ahora está leyendo un libro que le presté. A mí se me pasó el asco, el tiempo borró las imágenes que me hice, y la vida diaria me distrajo. Sin embargo una cosa me ha quedado, y es el acto de mi alumna, que tuvo el valor de pedir consejo al respecto. 

A veces los mayores piensan que las nuevas generaciones son una masa que no piensa por sí misma, que acoge sin reflexión lo que los medios le ofrecen. He visto que pasa ahora, pero también lo viví referente a mi propia generación. Sé que pasa desde el siglo XX, cuando a través de los medios de comunicación una cultura pop se impuso, y se puso en un pedestal el mercado adolescente. Estoy en desacuerdo con ese juicio porque todos los días veo lo complejos y profundos que pueden ser los niños, y cómo hay una ley natural inscrita en sus corazones, solo hay que escucharlos para saber que ellos buscan la solidez, la guía, la Verdad. 








El último mes

Mi querido y maltrecho Mac de segunda mano, que alegría me da estar acariciando tus suaves teclas, en comparación con las del enorme y profe...