jueves, 29 de abril de 2021

Un Abril muy loco, semana por semana

 Estoy escribiendo desde la cama, algo que no hago desde que vivía con mis papás porque aquí tengo mi propio estudio, disponible para mí cuando quiera. Lo que pasa es que tengo fiebre y escalofríos, y como está lloviendo torrencialmente no quiero perder el calor de las cobijas. Esta última semana de Abril ha sido en la que mi esposo y yo salimos positivos para Covid. No me sorprende que tuviésemos las defensas bajas, no ha sido un mes fácil, incluso desde antes de comenzar ya había caído muchísima presión en Abril. 


Todo comienza el lunes anterior a la Semana Santa, cuando voy a una entrevista de trabajo de forma rutinaria, sin entusiasmo, porque sé que no tengo la experiencia para que me contraten, y me llevo la sorpresa de que la entrevistadora me está convenciendo de que acepte, en lugar de preocuparse de si soy apta o no. La vacante es para profesora de música en un jardín infantil. Me cita el viernes para la última prueba, que sería darle clase al grupo de los más grandes y al de los más pequeños. La razón por la que no tengo experiencia en primera infancia es porque, más que no sentir interés, el campo me genera rechazo, y paso martes y miércoles pensando con esfuerzo en si ir a la última prueba, porque tengo la impresión de que me van a contratar. Finalmente decido que sí, porque sería interesante probar tener un ingreso fijo, en vez de la inestabilidad de las clases particulares, y las misas y matrimonios que salen de vez en cuando. Asistí entonces a la prueba, sacando todo de mí para mantener a esos niños involucrados, e inmediatamente después ya me estaban abriendo el usuario del Microsoft de la empresa. El lunes de Pascua sería mi primer día. 


Llegó la Semana Santa, y los primeros días me dediqué a estudiar sobre las etapas de la primera infancia, y a buscar material. Luego vino el Triduo Pascual en el que tuve la bendición de cantar, y ahí me distraje mucho, y no pensé tanto en el trabajo que iba a comenzar. 


La semana de Pascua comencé a trabajar, y cada día fue terriblemente abrumador. No conseguía la atención de los niños, debía moverme mucho y hacer mucho ejercicio, las asistentes que acompañan a los niños me pedían que hablara más duro... Y daba más o menos la misma clase entre 4 y 6 veces al día. Hoy pensar en la figura de las dos corcheas (fuera de una pieza musical, claro está) me causa mareo. El trabajo solo era en las mañanas, y cada tarde llegaba a mi casa agotada, y en un estado mental apático en el que lo único que me provocaba era ver televisión, me aplastaba en mi sofá por dos o tres horas. Hablé con algunas personas acerca de cómo me sentía y todos me animaban a seguir, entonces pensé que debía vivir semana por semana, y así el tiempo se iba a pasar rápido. 


La segunda semana perdí aún más el control de algunos grupos porque ya me habían cogido confianza los niños. La indisposición psicológica no disminuía, y estaba empezando a desesperarme. No estaba enseñando nada, solo me pedían entretener a los niños, y siempre me quedaba corta en eso a ojos de mi jefa; además, yo rara vez me enojo, pero ese era mi estado constante allá, y así era para las demás profesoras, porque a esas edades esa es la dinámica. Recordé que una amiga me había enviado un libro acerca de una teoría psicológica, y pensé que tal vez si lo leía podía encontrar cómo dejar de sentirme tan mal. Resultó que según ese libro, mi perfil se ajusta casi perfectamente al de la persona con "abandonment issues", con una herida de abandono en la niñez. Me asusté porque la mayoría de rasgos físicos y de la personalidad del perfil concordaban conmigo. Cuando llegó mi esposo esa noche le conté todo, le leí algunas partes, y él me ayudó a ver porqué a esa teoría le era imposible sostenerse, y que no era algo para tomarse muy en serio, así que quedé más tranquila. Pero algo me había dejado la lectura, y fue una especie de hastío con mi forma de ser, sobretodo con la parte de siempre querer hacer sentir bien a los demás, y de que me aterroriza caerle mal a las personas. Eso no puede estar bien. Fui a una de mis clases particulares una de esas tardes, y la mamá de la niña, que es una súper ejecutiva triunfadora del mundo, me tuvo 40 minutos comentándome que me veía estancada, que no podía ser que una persona con maestría en otro país e idioma y tantas habilidades como yo, sea feliz aquí dándole clase a niños. De primerazo pensé que sí soy feliz dictando clases particulares a niños y adolescentes, pero luego recordé que hace 7 años, cuando empecé, las clases eran un plan de contingencia mientras encontraba la forma de vivir del canto y desarrollarme en la composición. No necesariamente voy a dejar de dar clases, no obstante, ¿Qué pasó con esos sueños y planes? A veces le digo a las personas que si hubiese sabido lo gratificante que era dar clases, tal vez habría hecho el énfasis en educación musical, sin embargo no lo hice, porque lo que siempre me ha gustado ha sido la composición, así al finalizar la carrera no fuera muy buena; y por supuesto, cantar. 


La tercera semana comenzó con una celebración con amigos el Domingo, a la que asistí no con poca apatía, y en la que me excedí comiendo. Como era de esperarse, el lunes amanecí enferma, y toda esa semana sufrí de mi primer episodio de colon irritable. Dos de los días de la semana no pude asistir al trabajo. Lo peor eran los dolores que me daban, que no aliviaban los medicamentos, tal era el malestar que este Covid no se le compara. Cuando para el jueves ya estaba bien y podía pensar con claridad, tomé la decisión: Tengo que terminar lo del jardín. Lo hablé con mi esposo, y él estuvo de acuerdo, es más, me dijo que no había encontrado paz en la casa prácticamente ningún día desde que empecé a trabajar, y que por eso le parecía lo más sano. El sábado organizamos unas cajas y una biblioteca del estudio, y encontré un montón de papeles motivacionales que colgaba en mi cuarto de Inglaterra y algunas de mis "obras de arte" de cuando estaba en la universidad, los cuáles me hicieron sentir conectada de nuevo con mis ilusiones, y con mi parte más creativa y artística. Llena ya de confianza, le escribí a mi jefa que esta semana sería mi última semana. Me gustaría añadir que nunca me sentí muy bienvenida en el jardín. El personal no tenía mucho tiempo para mí, hasta el punto de que nunca firmé contrato, aunque mi jefa está segura de que sí. Sé que no, porque saqué muchos de los documentos requeridos hasta la semana pasada, y es que LITERALMENTE no recuerdo haberlo hecho.




La cuarta semana es esta, Abril termina mañana. Coincidentemente, el gobierno suspendió las clases presenciales de colegios y jardines, y no tuve que asistir. El martes mi esposo amaneció con síntomas y fuimos a que le hicieran la prueba. Lo cuidé ese día, y ayer empecé con los síntomas, que se han agravado hoy. Hace unas horas mi jefa me escribió para decirme cuánto trabaje y cuánto me van a pagar, la cosa es que, o yo entendí mal, o no están honrando el trato que me ofrecieron, pues me están pagando las clases que dicté, y no las horas que estuve ahí, que fueron el doble, porque a dos grupos se les olvidó asistir a clase. No quiero pelear, porque nunca sentí que hubiera recepción de lo que yo decía, era como si no les importara mucho mi persona. Voy a recibir mucho menos dinero del que pensé, y se supone que acepté el trabajo para mejorar mi situación financiera...


Este mes perdí a varios de mis estudiantes particulares, y en Mayo pierdo a otra más, que se va a vivir a otro país. No tengo certeza de que vaya a recuperar mi ritmo de clases pronto, pero entro a Mayo como una persona distinta. Voy a reducir mis gastos personales a lo mínimo, me lo he propuesto para que podamos ahorrar algo, y voy a dedicar mis mañanas a trabajarle a dos proyectos, uno literario y uno musical que dejé empezados hace tiempo. Pensé, ¿qué pasa si le dedico "jornadas laborales" a trabajar en mis sueños? Tengo que intentarlo, así sea por un mes. 


Los mantendré al tanto, por ahora, ¡¡bienvenido Mayo!!



miércoles, 17 de marzo de 2021

Compitiendo contra el "Autotune", la tentación del Melodyne

Estoy acostumbrada a escucharme grabada "profesionalmente" desde que estaba en la universidad, y hace mucho que pasé la fase de "¿esa es mi voz? ¡es horrible!" por la que veo pasar a mis estudiantes al escucharse en los videos que se toman. 


No obstante, el año pasado, gracias a la Cuarentena, debuté en algo que nunca había hecho: Mezclar las voces de la Schola Gregoriana de mujeres a la que pertenezco, para los videos que hicimos en un esfuerzo por permanecer activas. Como soy profesora de canto, estoy acostumbrada a que las personas no canten perfecto, y hacía mi mejor esfuerzo para balancear las voces y que todas nos escucháramos sin que se afectara la afinación y la musicalidad. Como no cuento con ningún software de corrección de tono (o no sé cómo hacerlo en el programa que tengo), jugaba con los volúmenes, filtros, etc., resaltando a las personas más afinadas y de voces más redondas. 


Hicimos muchos videos, y los pueden encontrar aquí: Schola Gregoriana MMD. Pero llegó un punto en que empecé a escuchar mal el producto final: impreciso, desafinado e inmejorable a pesar de trabajarle y trabajarle. El 2020 terminó y yo empecé a preguntarme si tal vez debería bajarme el Melodyne, y vi un video en el que el tipo habla de cómo TODAS las grabaciones profesionales pasan por algún proceso de corrección; así sea más evidente en las que tienen lo que la gente llama "el efecto autotune", es decir, la voz robótica. Con mayor razón pensé que para estar al día y a la altura, debería incluir la corrección de tono de ahora en adelante. Entramos en el 2021, y todavía no había ningún proyecto grabado que hacer. 


Recientemente me pude ver el musical Hamilton, que ya me sabía de memoria porque me la pasaba escuchando el álbum. Para mi sorpresa, me decepcioné de entrada porque el audio del video es inferior a lo que yo estaba acostumbrada a escuchar con buenos audífonos en el álbum, que debe tener la súper producción. No escuchaba las voces llenas ni plenas, ni precisas, y me hacía falta un buen tercio de los arreglos instrumentales. Me quedé pensando... 

A mí me gusta el maquillaje, y he escuchado varias experiencias de youtubers de maquillaje con defectos notables en la piel, a las que la gente ataca e insulta porque "engañan" cuando se ponen base de alta cobertura y sus pieles pasan por perfectas; también recuerdo cuando se puso de moda la polémica alrededor de Photoshop. Está muy claro que es gracias a estas herramientas que en el mundo visual se imponen unos estándares imposibles de apariencia física... Y en ese aspecto yo vivo más o menos tranquila, sin hacer mucho caso, cuidándome, sabiendo que mi esposo me ama como soy, tratando de verme digna y bonita, pero abrazando la cara y el cuerpo con que Dios me hizo. 

¿Por qué no se habla tanto de este fenómeno con las voces, en el mundo de las apariencias sonoras? Debe ser prácticamente imposible que una voz cante todas las frecuencias exactas de una canción de 4 minutos, y que además no se le salga un gallo, una carraspera, o que tenga un registro más débil que el otro. ¿Por qué tendría que ser así? Las grabaciones y las fotografías tienen muy poco tiempo en la existencia de la humanidad. Antes de ellas, la música era bella, siempre en vivo, y los intérpretes trabajaban mucho para hacerlo muy bien, sin saber si matemáticamente estaban bien... porque me da la impresión de que lo que se disfruta de la música no es la exactitud milimétrica en la afinación y el ritmo, sino el hecho de que se conecta con las emociones y transmite algo... 

Nuestra Schola está empezando y está bien si no somos absolutamente impecables ahora. Creo que si comienzo con la corrección de tono, luego me volveré completamente dependiente... Tal vez es mejor poder ver el proceso, y las mejoras que llegan con el trabajo.  

lunes, 22 de febrero de 2021

Cuaresma en el siglo XXI: Ayuno de Instagram


Llegó una vez más, como cada año, la Cuaresma, el tiempo que tenemos en la Iglesia para prepararnos para la Pasión y luego la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo,  con especial énfasis en el examen de la propia vida y la reparación. Mis propósitos para este año venían siendo los mismos del año pasado: Cumplir con la abstinencia y el ayuno los días indicados, no comprar comida entre comidas, no ver televisión, y hacer algo más de oración que de costumbre. Sí, así de floja seré, pero bueno, cada uno tiene su camino y va a su ritmo. 

Ya pasaron los primeros días de Cuaresma, y con esmero he ido llevando mis propósitos, sin embargo, anoche pasé el tiempo que pasaba normalmente frente al televisor, mirando y mirando el feed del Instagram. Había algunas fotos de tejidos, pero ayer no estaba como para admirarlos, al contrario, me puse a pensar en lo nada prolijos y principiantes que eran mis últimos tejidos publicados. Luego había fotos de conocidos, ni siquiera amigos... Curiosamente, mis amigos más cercanos no publican con frecuencia, su presencia es incluso nula en las redes. En vez de alegrarme por los triunfos y aventuras de mis conocidos, sentí envidia de la cantidad de "Likes" que recibían, en contraste conmigo. El humo negro y espeso de la turbación comenzó a embargarme, y me acosté a dormir atribulada por semejantes superficialidades y estupideces. Esta mañana me levanté con la idea de que tengo que ayunar de Instagram urgentemente. 

Recuerdo que hace 4 años hice un ejercicio similar. En esa época no tenía cuenta en Instagram, pero sí tenía Facebook, YouTube, Netflix y un montón de jueguitos como el Candy Crush. Recuerdo aún la toxicidad y el malestar que me daba el Facebook en especial, sin mencionar que perdía muchísimo tiempo en esas cosas. Está todo documentado en este blog: 

https://clemevangelina.blogspot.com/2017/04/el-experimento-introduccion.html

Aquella vez no logré despegarme del todo de estas cosas en el tiempo que me propuse, pero sí que le pude poner un orden al asunto, y desde ahí, me controlo bastante. Pero dos redes nuevas han aparecido desde entonces: Pinterest e Instagram. En Pinterest guardo ideas de tejidos, vestuario e imágenes bonitas, es decir, uso la plataforma para lo que está hecha. Acerca del Instagram, pensaba en un principio que sería bueno para vender mis tejidos y tener un portafolio profesional, y me gustaba porque sólo se comparten fotos y en general es bastante libre de política, no me imaginaba la travesía emocional la que he vivido ahí. 

Sucede que en los 3 años largos que llevo en el Instagram, solo he vendido una vez algún tejido. Luego empezó el frenesí de los likes. Empecé de un momento a otro a sentir la necesidad de competir con todo el mundo por cantidad de likes, y nunca, nunca he ganado, soy de las personas más impopulares que conozco. Sentí el dolor de la decepción, pero no un dolor nuevo, porque la situación se parecía mucho a mi vida en el colegio: las personas populares, lindas y sociables del colegio, ya adultas, obtienen muchísimos likes; y yo, que era muy nerd y poco querida, o al menos así se sentía, lo sigo siendo en cuestión de números en las redes sociales. Quise borrar mi cuenta de Instagram, pero por esas fechas me llegó un comentario de un nuevo seguidor extranjero, de que mi galería era muy estética e interesante, y decidí más bien concentrarme en construir una galería bonita, llena de dibujos, tejidos y videos míos con música, es decir, que no fuera tanto un "culto" a mi cara. 

En eso íbamos, pero el veneno vuelve, y tiene quizá mucho que ver con mi personalidad y mis propias debilidades. Soy artista, después de todo, me gusta exponerme, y trabajo mucho en lo que muestro. Se me presenta la tentación de querer ser una celebridad, así como lo son las personas a las que sigo... Pero entonces pienso... ¿ellos sí serán celebridades? y luego pienso en las verdaderas celebridades y sus vidas infernales... Y luego me acuerdo de mi vida real. 

Así tendré de lavado el cerebro que a veces se me hace más real la vida que pongo en las redes que mi propia vida. La persona que soy en las redes, ciertamente es quién quisiera ser, pero quien estoy siendo, donde verdaderamente me pongo en acción y saco lo que soy, se desenvuelve aquí afuera, con mi esposo, mi familia, mis estudiantes, mis coros. Tengo un apartamento pequeño que es la galería del verdadero uso de mis tejidos, tengo estudiantes y coros a los que sirvo con mi voz todos los días. 

No tengo ni idea de cómo están realmente los conocidos cuyas vidas envidio, ni la más remota idea, y muy poco interés, la verdad sea dicha. Y no creo que sea mala persona por no querer saber, tengo mis allegados, que si necesitan mi atención. ¿A qué estamos jugando entonces? Porque si no es una especie de competencia de a quién le está yendo mejor, será por el morbo de estar ahí para saber si todos estamos bien, y quién no está bien... En fin. En este punto ya habrá libros al respecto.

Yo sólo sé que voy a abstenerme de abrir mi Instagram durante toda la Cuaresma, y cuando terminé decidiré qué tanto lo necesito, si vale la pena conservarlo.

viernes, 15 de enero de 2021

Los tipos de voz mezcla

Siempre me ha llamado la atención que haya diferentes tipos de cuerpo, diferentes temperamentos, y por supuesto, diferentes tipos de voces. En especial lo último porque soy cantante, y muchas veces he sentido que tengo una voz poco común. A veces me parece que estoy en desventaja, porque no logro hacer cosas que la mayoría de mis colegas sí, pero luego resulta que hay cosas que me salen con especial facilidad. 

La primera clasificación que le hicieron a mi voz indicó que soy soprano, es decir que mi voz se siente cómoda y sale con facilidad en el registro agudo. No es que fuera ninguna sorpresa, porque mi voz de hablar es como de niña. Así pasé 5 años de carrera universitaria en canto jazz, y no recuerdo que me clasificaran más. 

Empecé a cantar música sacra, y me asignaron una segunda clasificación: ligera. Soy soprano ligera, es decir que mi voz es ágil y flexible, con facilidad para dar sobreagudos, sin peso y casi nada de vibratto natural. Todo muy era cierto porque siempre fingí el vibratto y los estilos musicales lentos me suenan fatal, mientras que los rápidos me favorecen. En ese momento fue que noté que tenía muchas fallas técnicas y me puse en la tarea de pulir mi voz, con ayuda de escuchar otras sopranos ligeras que me ayudaron a entender mis posibilidades y limitaciones. 

Hace poco encontré una información reveladora acerca de la voz mezcla y sus clasificaciones, pero primero una breve contextualización:

Para cantar podemos hacer que la voz vibre en el pecho, y a esto le llamamos VOZ DE PECHO. Es la voz que utilizamos normalmente para hablar, y en el canto suele tener una sonoridad grande y profunda en los graves, áspera y forzada en los agudos. Pero también podemos hacer que la voz resuene en la cabeza, y a esto le llamamos VOZ DE CABEZA. Esta es la voz que la mayoría de personas conoce como "falsete", pero no es nada falsa, y las mujeres la usamos con predominancia en el canto lírico. Funciona de medios a agudos, y su sonoridad es redonda y dulce. Podemos poner cualquiera de estas dos voces más en la NARIZ o los DIENTES, y conseguir una sonoridad más brillante, casi incisiva. 

Llamamos VOZ MEZCLA a la voz que utiliza ambos mecanismos: pecho y cabeza. Hay personas a las que le sale natural, y que no sienten ningún tipo de cambio cuando van de una voz a la otra; hay personas como yo, que tenemos que aprender a sacarla, porque tenemos muy marcada la diferencia entre ambas voces, y por eso tenemos una zona de passaggio, que consiste en unas notas en las que se marca el límite entre una y otra voz. 

Retomando, hace poco encontré que hay distintos tipos voz mezcla, según la voz que se resalte:

1. Voz mezcla hacia la cabeza,
2. Voz mezcla hacia el pecho,
3. Voz mezcla balanceada y
4. Voz mezcla nasal. 

No es que los cantantes elijan una de estas según el antojo, por lo general cada cantante tiene un mecanismo que predomina en su voz mezcla, y eso depende de cada cuerpo, nivel del formación, experiencia... Muchas cosas. 

Estos tipos se pueden distinguir claramente por las sonoridades. La voz mezcla más hacia la cabeza es una voz que se siente que sale con facilidad y es dulce; la voz mezcla hacia el pecho se siente forzada y áspera; la voz mezcla balanceada se escucha algo forzada pero estable. Finalmente, la voz mezcla nasal se oye así, nasal, excesivamente brillante. 

Este es el video que contiene la información, y hay ejemplos de cantantes: 

Venía pensando desde el año pasado que mi voz para cantar música sacra no es muy lírica que digamos... No suena como la de las cantantes profesionales que tienen grabaciones por ahí. En parte es porque aún no tengo la estabilidad que quisiera en la voz. Pero cuando vi este video y escuché la voz mezcla nasal, pensé "así sueno yo". 

¿Será posible que haya estado haciendo voz mezcla todo este tiempo en vez de voz de cabeza? Me parece que así es. 

Ahora me ha entrado la inquietud, y me urge tomar conciencia de lo que estoy haciendo, porque esto está muy loco. Que quede esta grabación de evidencia de como canto hasta ahora, y seguiré escribiendo acerca de este proceso. 



domingo, 15 de noviembre de 2020

Experiencias recientes

Hace 4 años recibí mi diploma de la maestría y me concentré en la tarea de buscar cómo ganarme la vida. No digo que me concentré en buscar un trabajo estable, porque no es así: todo el tiempo estoy en esa búsqueda, pero también he explorado formas de procurarme yo misma mis ganancias, como con mis clases particulares, haciendo conciertos por ahí, con trabajos de edición de música, o vendiendo mis tejidos. Ha habido meses en que me ha ido muy bien, otros meses lucho muchísimo por hacerme algo, y voy a muchas entrevistas tras las cuales no me vuelven a llamar.

Hay días en que me invade una tremenda zozobra porque tengo una deuda con el gobierno muy grande por la maestría, y casi que me ha sido imposible pagar las cuotas. Otros días me dedico a vivir normalmente y ni recuerdo. Pero es verdad que siempre que hago oración, u oramos con mi esposo, pedimos a Dios que nos conceda quedar libres de nuestras deudas, y yo adiciono en mi mente: que pueda asumir mis deudas y pagarlas con dinero ganado honestamente. Sé que mi mamá, mi abuelita, y otras personas también hacen esta petición. Ya desde hace 4 años...

El gobierno nos concedió una prórroga de mi deuda por la contingencia, y como tengo Octubre, Noviembre y Diciembre sin recordatorios agobiantes al respecto, he podido respirar. Tuve una entrevista hace tres semanas para trabajar en un colegio, pero desde entonces no me han contactado. Al mismo tiempo, me pidieron que cantara en un coro litúrgico pequeño, y como tengo el tiempo accedí. Es en una comunidad de Misa Tridentina, el rito extraordinario, que a mi esposo y a mí nos gusta mucho. Sabíamos que en la comunidad son muy unidos y siempre nos habíamos sentido por fuera, no en un mal sentido, simplemente no conocíamos a nadie. No obstante, les doy clases de música a niñas de algunas familias de allá, y así fuimos a dar en el coro. Llevamos tres semanas, hemos cantado cuatro misas, y yo ya siento un cambio fuertísimo en mí. 

Como sigo siendo dueña de mi tiempo, he podido conocer mejor a varias familias que me han abierto las puertas de sus casas, ya sea para que les enseñe música, o a tejer. También he podido conocer personalmente a cada miembro del coro porque ellos mismos se han ocupado de dedicarme momentos para charlar, con amabilidad y soltura. 

Desde hace un tiempo me he sentido cada vez más alejada de mi familia, excepto de mi mamá. No tengo nada en común con mis hermanas, tíos y primos en general, y  siento una ruptura desde hace mucho. Tal vez fui yo, tal vez yo me cerré, no estoy segura... Pero tampoco siento mucho interés en mí de parte de nadie. La recepción de parte de estas nuevas personas me hizo recordar lo que es la familia otra vez, la genuina generosidad, el interés gratuito en uno. La caridad se desparrama en estas familias, y no me salpica, me emparama. 

Recientemente me he sentido plena y tranquila, como si no hubiera nada más en el mundo que la Santa Misa y esta comunidad... Nada más que el deseo de despreciar lo que ofrece esta época maluca y vivir como si sólo se tuviera el Cielo en la mira, sin necesidad de girar en torno a una deuda o a ideales terrenales que nunca voy cumplir. Parece una locura que Dios en su infinita sabiduría disponga de mi tiempo libre para que visite familias fieles y virtuosas, ofreciéndole mi voz gratis en la Santa Misa; cuando lo que le he pedido es un trabajo formal, al que dedicar todo el día para ganar lo correspondiente a lo que debo, en el que no me quede tiempo de pensar en cosas santas. Bueno... Cuando uno lo dice es muy lógico.

domingo, 11 de octubre de 2020

Proyecto final del curso de Introducción al Storytelling

 Una de las cosas que hice durante el encierro fue un curso de Introducción al Storytelling, orientado al marketing. Me llamó la atención porque me gusta mucho escribir. 

El curso giró en torno a 5 relatos para darse a conocer mejor y dar a entender lo que uno hace como profesional o marca. Pero había un sexto relato: el que se saca en caso de emergencia, el que se usa cuando uno ve que no se está haciendo entender y toca devolverse y emplear la empatía para recuperar la atención de la audiencia: el relato "sé lo que estás pensando". 

Mi proyecto final del curso fue un relato "Sé lo que estás pensando" de mí para mí, porque hay momentos en la vida en que uno no sabe muy bien para dónde va, y toca dar dos pasos atrás, tratar de comprenderse y retomar. 


Aquí lo comparto: 

Te veo que vacilas, y sé lo que estás pensando: ya pronto cumplirás 30 y esta no es la vida que imaginaste. Pudiste estudiar música porque tus padres vieron que eras buena estudiante y que tu disciplina y sentido de la responsabilidad te sacarían adelante, y entraste joven a la universidad, con un sueño en el bolsillo que no compartiste con nadie. La voluntad no alcanzó para mantener la mirada fija en el objetivo, y cuando llegaron los obstáculos, simplemente cambiaste el rumbo: No tenías el carisma para ser cantante, y te fuiste a composición; no tenías la audacia para ser compositora, hiciste una maestría en musicología; pero quedaste tan hastiada que no le has dado la oportunidad a la musicología.

Pude ver que tus propios relatos no te convencieron. No sabes muy bien lo que quieres, lo leí a la perfección porque soy tú. Dadas las circunstancias, deberíamos empezar de cero. ¿Qué tal si sacas de tu bolsillo ese sueño con el que entraste a estudiar música y vemos como lo podrías retomar?

La música sí es tu vocación, mira todo lo que has hecho, a pesar de no perseverar. ¿Qué tal si probaras perseverar más tiempo en cada cosa? 

viernes, 4 de septiembre de 2020

"Wondering"

La canción más antigua que tengo publicada en YouTube es "Wondering", compuesta en el 2012. Las otras canciones han llegado a sus versiones definitivas entre 2015 y 2019.

Esta canción está directamente relacionada con la historia de mi tiple, que cuento más en detalle aquí: https://impresionesceballina.blogspot.com/2020/07/mi-historia-con-el-tiple.  La base armónica fue de esas cosas que resultaron de molestar con el tiple, apenas tuve uno en mis manos, y la letra... Bueno, se trata de una historia interesante. 

Cuando era adolescente era muy enamoradiza, sobretodo porque la cosa nunca pasaba de ser platónica, pero cuando empecé a tener novios, puedo decir viéndolo en retrospectiva, que rara vez me enamoré. Mi primer novio fue un gran amor, algo maravilloso que siempre atesoraré; y mi esposo es el amor de mi vida, tanto que quise pasar el resto de mi vida con él. Pero aparte de ellos dos, que fueron el primero y el definitivo, hubo un amor entre esas personas que están en el medio. 

En el grupo con el que estudiaba en la universidad, hubo alguien que resaltaba mucho para mí por su inteligencia y una dignidad especial que daba la impresión de que no era exactamente joven, un aire atemporal que también tiene mi esposo y que me atrae muchísimo. De forma muy natural comenzamos a ser amigos, y lo que al principio fue simpatía de colegas, fue derivando en una relación muy profunda porque nos parecíamos. Él era varios años mayor que yo, y no compartíamos casi gustos ni intereses, de hecho éramos bastante opuestos en eso; pero nos correspondíamos en inteligencia, por lo que la comunicación era muy rica y libre, y en ese interés de querer ir más allá siempre del presente, de las apariencias, de la materia. 

Yo lo admiraba muchísimo, todo en él me parecía fascinante e irreprochable, y me enamoré... Pero me enamoré MAL... No hacía sino pensar en él, y en lo felices que sabía que seríamos juntos, y soñaba y suspiraba, y la idea estar juntos ya me hacía sentir plena, realizada, mejor persona. Cuando no podía más estallé y confesé mis sentimientos, pero no fui correspondida. Él no quería lo mismo que yo.

Eso me dolió, aunque no fue un dolor muy grave porque sabía que él iba a ceder en algún momento, y por eso escribí esta canción, "wondering", planteando acciones muy poéticas que pudieran hacer que me hiciera caso. En la letra se nota la intensidad de lo que sentía.


Ni me acuerdo si se la mostré alguna vez. 

Un tiempo después, seguíamos la amistad, que yo sentía ahora más que nunca completamente honesta, y finalmente él quiso darme la oportunidad. Después de dos años o más de amistad, fuimos novios por dos meses: el primer mes fue genial, el segundo mes una tortura. Él me terminó, y ahí sí me dolió muchísimo. Casi no lo supero... Otros vinieron pero yo no podía olvidarme de él. Conservamos una relación cordial pero no volvimos a ser amigos, y eso es lo que más extrañé: la amistad. Siempre ha sido difícil encontrar personas con las que sienta ese tipo de correspondencia. 

Dos años después conocí a mi actual esposo, y en él hay mucho de este otro muchacho, sin embargo, hace un tiempo vi que aquél perdió la cualidad atemporal, y se volvió más como su edad y época dicta.  No obstante, mi esposo es de mi edad, crecimos en el mismo barrio, compartimos muchos gustos y experiencias, y sobretodo compartimos la misma Fe e inquietud espiritual. Nos reflejamos el uno al otro con una nitidez casi perfecta que pone en evidencia lo incompatibles que era con el otro, y perdoné y olvidé por fin. Todo fue para bien, todo para mejor. 

Es interesante como las experiencias no tan buenas y los fracasos dejan canciones bonitas que le permiten a uno volver pero sin rencor, recordando sólo lo bonito. 



viernes, 7 de agosto de 2020

Música para escuchar, para estudiar e interpretar

 Entre mis aventuras de cuarentena en Bogotá están: primero, aquello de tener que aguantar músicos en la calle que te obligan a escucharlos desde tu casa, no importa si estás dictando clase de música o ensayando tu propio repertorio, ellos irrumpen con sus parlantes a todo volumen y hay que sufrirlos, ya sea porque la calidad de la interpretación es mala, ya sea porque simplemente el género no es del gusto de uno. Segundo, discusiones que he tenido acerca del valor de la música hecha por aficionados pero con amor.

Los dos temas me han traído de vuelta a algo que venía pensando hace tiempo: que debo distinguir entre la música que me gusta escuchar, la que me gusta para tocar, y la que me gusta para estudiar y mejorar mi técnica, pues me salen facetas diferentes como músico: la de "consumidora", la de "artista" y la de "estudiante". 

Voy a empezar con la polémica de la música hecha por aficionados. Ellos argumentan que es mucho lo que les aporta la música aprendiendo a interpretarla, lo cual entiendo a la perfección porque soy profe. Es hermoso ver cómo los estudiantes, o las personas que no saben y hacen música como pueden (ej: coros de parroquia), le ponen todo el compromiso y la pasión, y van creciendo con el tiempo en su técnica e interpretación. Yo misma me encuentro ahí en mis estudios de instrumentos que no son la voz, y me encanta saber que por fin puedo tocar Bach en el piano, así no sea una interpretación de concierto, es algo que me hace sentir realizada, y que crezco en la técnica de teclado y en virtudes como la disciplina; Es mi faceta de "estudiante". Pero eso no significa que vaya a poner las grabaciones de mis estudiantes o del coro de la parroquia en la casa para entretenerme o relajarme, porque todo el tiempo voy a estar preocupada de que no lo hacen perfecto y no voy a disfrutar la música como tal. Tampoco quisiera poner los trabajos para teclado de Bach, me gustan para tocarlos, pero no para escucharlos, y esto sí es cuestión de gustos.

Debo decir que no pondría para relajarme mis propias canciones, o mis covers. Es más, hace años que no oigo las canciones de las que tengo covers, porque las escuché demasiado para sacarlas, adicional a que en algún momento mi versión comenzó a distar mucho de la original. Cuando toco mis propias versiones vuelco mis emociones y todo mi interior en ellas y las canto como si las hubiese escrito. Cuando necesito de esas canciones, y de mis propias canciones, necesito cantarlas yo misma, no escucharlas, porque debo sacar eso que siento para sublimarlo y liberarlo, porque una emoción que me hace sacar o componer una canción es demasiado fuerte para contentarse con escuchar, o no existe canción que la exprese. Al menos así me pasa a mí. Aquí soy yo como "artista". 

Entonces para escuchar, me gusta cierta música, que puede o no ser compatible con lo que estudio o interpreto, pero que tiene que ser bien interpretada o producida, la calidad debe permitirme disfrutarla como lo que es, sin tener que fijarme en asuntos técnicos. Y puede que además, haya música que me gusta especialmente en vivo, en espectáculo, como son las papayeras, por ejemplo, y la música sinfónica, que prefiero mil veces en concierto que en grabación, porque esos tambores y gaitas, y esas cuerdas y vientos me atraviesan con la plenitud de su sonido de una forma sobrecogedora, lo cual sólo es posible si uno está al lado. Aquí soy yo como "consumidora". Supongo que entre los músicos lo que hacemos es que bebemos de otros en una especie de círculo solidario: alguien hace la música que tú amas escuchar, y otra persona ama escuchar la música que tú haces. 

Hay músicas en la que sí convergen varios de los mundos: Me encanta escuchar y estudiar a Dowland; me encanta estudiar, interpretar y escuchar lo vocal de Bach; me encanta escuchar y sacar pop hecho por hombres, me encanta estudiar e interpretar el canto gregoriano, y me encanta escuchar y estudiar los corales de la música sacra cecilianista. 

Me gustaría saber si a mis colegas músicos les pasa algo similar... O si sólo soy yo. 

lunes, 13 de julio de 2020

Mi historia con el tiple

Hace dos años escribí acerca de mi bandola: impresionesceballina.blogspot.com/fiebre-de-bandola

Así que recapitulando: Cuando estaba en el colegio era bandolista en la estudiantina de música colombiana. Tocaba la bandola andina, el instrumento melódico al que acompañaban el tiple, la guitarra y hacia el final el contrabajo. Ese era el formato instrumental de nuestra estudiantina. 

Mis papás quisieron que aprendiera guitarra desde muy pequeña, pero no le encontré el gusto porque me salían unas ampollas terribles, y progresaba muy lento como para sentirme motivada. Sin embargo aprendí lo básico, y sé cómo funciona el instrumento. Como mis dedos son de yema pequeña la bandola me pareció más fácil, pues las cuerdas eran más suaves y las distancias menores, y por su carácter melódico no requería de aquella pesadilla técnica llamada cejilla, que me hacía doler la mano. El tiple se me hacía similar a la guitarra, entonces no quise ni intentarlo. 

Años después, ya en mitad de carrera, me hice muy frecuente en la casa del grupo apostólico al que pertenecí muchos años de mi vida. El sacerdote que nos dirigía era muy viejito en ese entonces, y además era invidente, pero para mí era como mi abuelito, lo quería muchísimo. Me hice muy amiga de la empleada doméstica de la casa y del chofer, y me encantaba ver la televisión con ellos y contarles mis problemas. El padre tocaba el tiple, con él se acompañaba y cantaba muy bien las canciones de misa, cumbias, bambucos y rancheras. Un día, sabiendo que yo andaba por ahí desocupada, me pidió que afinara su tiple, a pesar de que le dije que no tenía ni idea de cómo, pero él me dictó las notas de afán y se fue. Afiné lo mejor que pude el tiple y me puse a experimentar con él porque no había afán de entregarlo. 

La sonoridad era especial, como la de una guitarra de doce cuerdas pero mejor, con todo ese derroche de armónicos, y el mástil no era tan ancho como el de una guitarra, en general era más pequeño y manejable. Desde ese momento me obsesioné con tener un tiple, así que con un dinero que había ganado cantando villancicos en Navidad, me compré uno, el más barato que encontré, porque era sólo para aprender. 

Aprendí las nociones básicas y compuse muchas canciones con él, pero la fiebre se pasó pronto, porque se diluyó entre otras ocupaciones, y me di cuenta de que no era muy buena, no es que me saliera muy natural. Lo abandoné, lo dejé llenarse de polvo y me fui a Inglaterra a hacer la maestría sin él. Es más, no lo extrañé mucho tampoco. 

Cuando me casé lo desempolvé y lo abrí, al tiempo que lo hice con la bandola. Repasé las nociones básicas con ayuda de algún video de YouTube y volví a intentar tocarlo. Lo llevé a un almacén de guitarras para un cambio de cuerdas, y el tipo lo miró con desaprobación y me dijo que no era un tiple NADA fino. Pero bueno, ya un poco más madura, y con el tiempo disponible, he podido sacarle lo necesario para acompañarme. Porque en el piano toco muchas piezas de piano solo, y no siempre canto, pero siempre que toco tiple canto, y lo prefiero cuando me siento melancólica o romántica. Su tamaño se ajusta al tamaño de mi cuerpo de forma que en vez de cubrirme como una guitarra, se hace parte de mí, y lo puedo tocar sentada en el sofá o en mi cama, no como el piano, que está fijo en un lugar. 

Más adelante, si el dinero me sobra, me gustaría tener un tiple más fino, y aprender la técnica con más seriedad. 

El Curita dueño del tiple que afiné aquel día falleció hace unos años, y su muerte es lo que más me ha golpeado en la vida, porque no he perdido a ningún familiar aún, y él era como familia para mí. Cuando estoy tocando canciones en el tiple pensadas para entretener a las personas cuando se ofrezca, me acuerdo de él y del genuino cariño con que cuidaba de mi alma y a la vez me celebraba mis peculiaridades y motivaba a ser única... Me da tristeza, pero también siento que su presencia se perpetuó en mí a través del tiple, y así nunca lo olvidaré. 

lunes, 8 de junio de 2020

"Nuevo hoy"

Es fácil sentir la monotonía en estos días de aislamiento. Seguramente se ha vuelto recurrente el comentar con otras personas que uno ya no recuerda cómo era la vida antes de esto, y más aquí en Bogotá, donde las personas somos tan adaptables y aguantadoras. 

Hay detalles en mi vida que son relativamente recientes, con los que me pasa algo similar. Por ejemplo el tejer: aprendí a tejer hace apenas seis años, y ahora es una actividad crucial de todos los días. Tampoco concibo mi vida sin cantar misas, sin sentir esa familiaridad con el canto gregoriano; o no recuerdo la vida sin escribir blog.

Nunca me ha parecido del todo sano hablar de un "antes y después" tajante, porque he conocido personas que asumen que el "después" es estático, y no se preocupan por seguir creciendo, o incluso se tropiezan con que la voluntad cambia, y hay circunstancias que nos despojan del control. Sin embargo, yo siento que hubo un momento en el que asumí con convicción los cambios que se habían estado produciendo en mí poco a poco, y a partir del cual cambié mucho como persona. De ese momento hablo en mi canción "Nuevo Hoy".


En la canción hablo del momento de mi conversión, de cuando decidí abrazar mi Fe Católica, y asumirla sin tibiezas ni matices. Mi historia no es como aquellas que son virales porque son cambios de vida extraordinarios, de un extremo al otro, no. Nunca me alejé de mi fe, pero sí me avergonzaba y me daba muchas licencias, quería encajar, como cualquier persona: hacer lo que todos, querer lo que todos, tener las mismas inclinaciones y gustos, pensar como todos. 

No obstante era muy infeliz, porque no me salía natural y tenía que hacer mucho esfuerzo, era agotador. Tan agotador fue que padecí una enfermedad que reflejaba muy bien esa lucha: una dermatitis que no me respetó ni un centímetro, como si me quisiera arrancar la piel y dejar de ser yo.  La enfermedad no me iba a matar, a lo más grave a lo que llegó fue a infección, pero verme así, afeada, me afectó mucho, e iba rumbo a una depresión. 

Busqué consuelo en la Iglesia, y Dios me lo concedió de forma tan puntual y tan abundante, que no pude seguir pretendiendo que me importaba más lo que pensaran los demás, quería ser completamente honesta con mi fe, como debía ser. Dios no sólo me sanó, sino que al poco tiempo conocí a mi esposo, de fe como yo, y ya llevamos dos años de casados.  

Cada vez que escucho esta canción me alegro muchísimo, porque he sido muy afortunada. 



viernes, 15 de mayo de 2020

Querer cantar, saber cantar, aprender a cantar

Mi trabajo principal es dar clases particulares a domicilio, especialmente de canto, y como en todos los demás oficios he tenido que ingeniármelas para continuar durante la cuarentena de forma virtual. 

Viendo las limitaciones de la distancia me dediqué a buscar recursos extra en YouTube para enviar a mis estudiantes, y también para ayudar a los colegas que hacen videos, pero no encontré nada que me convenciera. Entre esto y los problemas que no había visto antes y que se revelaron en las clases virtuales, hice algunas reflexiones acerca de lo que es querer, saber y aprender a cantar. 

Con mis estudiantes más jóvenes, que son niños aún, sucede que buscan las clases porque sus padres quieren que canten o ellos mismos quieren cantar. Es algo sencillo para mí porque lo que tengo que hacer es comenzar a despertarles la voz y ejercitarles el oído para que aprendan a afinar, es decir, a dar las notas con facilidad y precisión. Los niños no conocen mucho, así que son abiertos a lo que uno les muestra, y absorben con una rapidez enorme; adquieren el oído, sacan la voz y van mostrando intuición del lenguaje musical en corto tiempo.  

No obstante, con adolescentes y adultos sucede algo distinto: ellos creen saber cantar, y vienen a tomar clase porque quieren hacer algo muy específico. De esta necesidad se deriva el fenómeno de coaching vocal que encontré en YouTube, donde la gran mayoría de videos de técnica vocal son enseñando efectos específicos como la "voz de silbido", la voz nasal, el "vocal fry", etc., que se resumen en "te enseñamos a cantar como ese cantante famoso". Para colmo, todo eso me suena muy familiar y recuerdo que así fue estudiar canto jazz en la universidad: "no sé muy bien cómo, pero esto te tiene que sonar lo más parecido a Ella Fitzgerald posible", siendo la voz natural de uno aguda y sin vibratto.  Muchas de estas mañas lastiman el cuerpo y no garantizan que la voz suene bella, fluida, clara y fuerte, y mi convicción al enseñar es ayudar a las personas a encontrar su propia voz y a cantar con técnica para asegurar la salud y duración de estaLos estudiantes que llegan con estas pretensiones ya presentan voces con buena resonancia, o buen timbre, pero sorprende el hecho de que muchos de ellos tienen graves problemas de afinación, y una muy mínima disposición para corregirse. 

Lucho un poco y de forma muy suave con este tipo de estudiante, que además quiere ver resultados inmediatos, pero a sus espaldas comento si de verdad querrá aprender a cantar... 

Como me gusta mucho el dibujo, siempre lo utilizo de analogía. Quien quiere aprender a dibujar se mete a clases para saber cómo abordar el objeto, el espacio, el cuerpo, lo que sea, y al principio tendrá que aprender a dibujarlo de forma realista. Después de saber hacerlo, el dibujante puede caricaturizar o deconstruir a placer. Pero la técnica es crucial, no sólo por la parte estética, sino porque un dibujo que se entiende comunica más fácil: o es o no un árbol, así sea gordito, siniestro, o tenga cara, por poner un ejemplo. Así es con el canto: Durante siglos la gente ha ido mirando cómo se debe cantar para escucharse claramente sin lastimarse la garganta ni ningún otro órgano, y todo ese conocimiento ha llegado a estos días.  

Afortunadamente tomé algo de técnica vocal clásica antes de la universidad, y me he dedicado a desempolvar eso junto con absorber como una esponja lo nuevo que aprendo cantando música antigua y sacra. A la vez que les enseño a los demás, también me enseño a mí misma, y como tuve que volver a empezar desde cero con mi voz, estoy consciente de que me falta mucho. Insisto en que se aprenda a cantar a la par que se aprende el lenguaje de la música, con muchísimo énfasis en el desarrollo del oído y la afinación, porque mi parte favorita de ser cantante es la música. 

Suena obvio, y sin embargo invitaría a los cantantes o personas que quieren ser cantantes a que revisen sus prioridades. Tengo estudiantes para los que es más importante expresarse ellos, que la calidad musical de lo que hacen. 


El último mes

Mi querido y maltrecho Mac de segunda mano, que alegría me da estar acariciando tus suaves teclas, en comparación con las del enorme y profe...